Bodega Eduardo Peña nació en 2005 en el Lugar de Barral, en Castrelo de Miño, en el corazón de la D.O. Ribeiro. La bodega define su filosofía en la búsqueda de la máxima expresión varietal con la mínima intervención, trabajando exclusivamente con uva propia. Sus instalaciones se construyeron aprovechando el desnivel del terreno: semienterradas en el monte, mantienen una temperatura estable de entre 14 y 15 ºC todo el año gracias a la ventilación natural de una chimenea vertical, sin necesidad de medios mecánicos. Las diez hectáreas de viñedo caen en suave pendiente orientada a poniente, a 250 metros de altitud, sobre suelos de arena, pizarra y piedra, hasta el embalse de Castrelo de Miño. En ese viñedo, conducido en espaldera, conviven las variedades blancas con las que la bodega ha construido su reputación —Treixadura, Albariño, Godello, Lado y Loureira— y las tres variedades tintas autóctonas que dan forma a su único tinto: Caíño, Sousón y Brancellao.

El Ribeiro tinto y sus variedades autóctonas
Galicia es mundialmente conocida por sus blancos. El Albariño de Rías Baixas, el Godello de Valdeorras, la Treixadura del Ribeiro: variedades que han conquistado mercados y dado a la comunidad una proyección internacional difícil de discutir. Pero Galicia tiene también una larga tradición de tintos, y esa tradición está viviendo un renacimiento silencioso gracias a la recuperación de variedades autóctonas que el tiempo y las modas fueron arrinconando. No son tintos de mucho músculo; son vinos frescos, jugosos, de acidez vibrante y graduación contenida, con ese carácter atlántico que lo impregna todo: frutos rojos, hierbas, mineralidad, balsámicos.
Ribeiro, que hoy asociamos casi por completo a sus blancos, fue durante siglos una denominación de tintos, y guarda en su viñedo la memoria de variedades que merecen toda la atención, como el Caíño, el Sousón y el Brancellao; estas tres variedades autóctonas fueron quedando relegadas al olvido, pero hoy, las tres, son las protagonistas del único vino tinto que elabora Eduardo Peña.
Cómo es Sara Peña 2024
Sara Peña 2024 es un vino elaborado con Caíño, Sousón y Brancellao a partes iguales, un reparto que refleja la voluntad de la bodega de tratar las tres variedades con el mismo protagonismo. La elaboración sigue la misma filosofía que rige el resto de los vinos de la casa. Las uvas tienen una maceración y fermentación tradicional en acero inoxidable, tras la cual el vino pasa por barricas de 300 litros de roble francés de grano fino y tostado muy suave, un contacto deliberadamente corto con la madera, lo justo para redondear el vino sin enmascarar la fruta ni el carácter atlántico de las variedades.
Sara Peña 2024 se presenta en copa con un color rojo picota de capa media alta. La nariz muestra fruta roja crujiente, especias y notas de hierbas silvestres. En boca tiene una acidez alta en un trago frutal y directo, con ligeras notas balsámicas, intenso y de longitud media, ligeramente estructurado. Es una buena forma de acercarse al Ribeiro tinto y a tres variedades autóctonas que, aunque el tiempo las fue relegando al olvido, poco a poco van encontrando su sitio en el mercado.

| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Sara Peña 2024 | 13,5 % | – | 20-25 euros |
Las claves de Sara Peña 2024:
- Origen: D.O. Ribeiro, en Castrelo de Miño, sobre viñedos propios de la bodega.
- Variedades: Caíño, Sousón y Brancellao a partes iguales.
- Viñedo: 10 hectáreas en suave pendiente, a 250 metros, sobre arena, pizarra y piedra.
- Elaboración: Maceración y fermentación tradicional en acero inoxidable, seguida de un breve paso por barricas de 300 litros de roble francés
- Perfil sensorial: Fruta roja crujiente, especias y hierbas silvestres. Acidez alta, trago frutal y directo, notas balsámicas.
- Identidad: El único tinto de Eduardo Peña, elaborado con tres variedades autóctonas del Ribeiro.


