Cuarenta años después de que Marimar Torres plantara las primeras cepas de Chardonnay en el condado de Sonoma, la bodega familiar que lleva su nombre celebra una trayectoria que arrancó en 1986 con un viñedo y se ha transformado en un proyecto de 30 hectáreas dedicado en exclusiva a la uva propia. Parte de aquellas primeras vides siguen en producción hoy, cuatro décadas después, algo poco habitual en Russian River.
La elección del lugar no fue rápida ni sencilla. Torres llegó a California con la voluntad de encontrar la finca idónea y tardó más de un año en decidirse. Tenía sobre la mesa dos opciones: una propiedad en Napa Valley y otra de mayor tamaño en Russian River Valley. Se decantó por el condado de Sonoma, atraída por su clima fresco, la influencia de la niebla atlántica y su idoneidad —según los expertos que consultó— para variedades de raíz borgoñona.
“Después de un año y medio buscando, encontré la propiedad perfecta: fresca y muy adecuada para variedades borgoñonas”, recuerda Marimar Torres. “Mi hermano me preguntó si había viñedos alrededor; le dije que no, pero que el lugar era precioso. Con el tiempo, he visto que tuve mucha suerte”.
De un único viñedo de Chardonnay a cinco variedades en dos propiedades
Dos años después de adquirir la finca —bautizada viñedo Don Miguel en homenaje a su padre— Torres incorporó Pinot Noir con una alta densidad de plantación al estilo europeo, un planteamiento excepcional en la California de entonces. Con el tiempo, el proyecto se amplió a una segunda propiedad en West Sonoma Coast, donde hoy se cultivan también Albariño, Godello y Tempranillo, además de Chardonnay y Pinot Noir. Todos los vinos de la bodega proceden exclusivamente de viñedo propio.
Certificación sostenible y relevo generacional
Tanto la bodega como los viñedos cuentan con certificados de sostenibilidad desde 2017, y la propiedad se abastece de energía solar. La bodega ha acumulado a lo largo de su historia numerosos reconocimientos. El aniversario coincide con el inicio de una nueva etapa. Cristina Torres asume la dirección general de la bodega, representando a la siguiente generación de una familia que Marimar Torres incorporó al mundo del vino californiano como cuarta generación de la saga vitivinícola española Torres.
