Cruz de Alba Fuentelún 2020: Una parcela que decidió correr mientras el mundo se detenía

En 2020, mientras el mundo entero echaba el freno de mano por razones que todos recordamos, en Padilla de Duero ocurría exactamente lo contrario. “Las verónicas estaban en flor veinte días antes de lo esperado, los primeros espárragos silvestres aparecieron a mediados de marzo”, recuerda Sergio Ávila, enólogo de Cruz de Alba, con el tono de a quien en 2020 le tocó aprender que a la naturaleza nunca le importaron los diarios ni los reportes de Fernando Simón. En la parcela Fuentelún, cinco hectáreas de Tempranillo plantadas a finales de los años ochenta y cultivadas bajo principios biodinámicos, la primavera llegó sin avisar, la brotación se adelantó, y el reloj biológico del viñedo impuso su propio ritmo al margen de cualquier emergencia global.

Esa paradoja —el mundo paralizado, el viñedo desbocado— resume bien la filosofía que Cruz de Alba ha depositado en Fuentelún: la convicción de que el vino solo puede ser auténtico si el viñedo está vivo, en equilibrio, y el enólogo sabe cuándo escuchar y cuándo intervenir.

Fuentelún: Una parcela con identidad propia

Fuentelún es uno de los vinos parcelarios de Cruz de Alba, bodega del grupo Zamora Company –propietario de Ramón Bilbao– adscrita a la D. O. Ribera del Duero. La finca de la que procede se asienta a 700 metros de altitud sobre suelos arenosos con aportaciones de limo y arcilla, pobres en materia orgánica y orientación norte-sur. Las cepas de Tempranillo, con formación en vaso reconducida a espaldera, rondan los cuarenta años de edad, ofrecen un rendimiento bajo y una fruta de notable concentración.

El cultivo biodinámico —que es una de las claves de Cruz de Alba— busca regenerar la vida del suelo, potenciar la biodiversidad y conseguir que el vino exprese con fidelidad el terruño de la parcela. En 2020, los preparados biodinámicos fueron clave para mantener el viñedo sano frente a la presión de las enfermedades fúngicas en un año de brotación temprana y desarrollo vegetativo desbordante: la exuberancia de las cubiertas vegetales era, según el propio Ávila, un indicador fiel de la intensa actividad microbiana en el subsuelo y un anticipo de la estructura y complejidad que llegarían con la vendimia.

Tras la incertidumbre de aquel año singular, y con la paciencia de quien espera el momento óptimo de maduración, la vendimia comenzó el 6 de octubre. En bodega, la fermentación se llevó a cabo a 24,5 °C durante aproximadamente una semana. Completada la maloláctica, el vino descansó veinte meses en barricas de roble francés en tres estadios de uso: un tercio de barrica nueva, otro tercio con un año de uso y el tercio restante con dos años, buscando una integración progresiva de la madera.

Cruz de Alba Fuentelún 2020: Una parcela que decidió correr mientras el mundo se detenía. Cápsula
Cruz de Alba Fuentelún 2020: Una parcela que decidió correr mientras el mundo se detenía. Cápsula

Así es Cruz de Alba Fuentelún 2020

En copa, Fuentelún 2020 presenta un color rojo picota de capa media, limpio y brillante. Su nariz resulta especialmente agradable, con fruta negra madura, notas balsámicas y una madera perfectamente integrada. En boca sorprende su frescura: es una expresión claramente fresca de la Ribera del Duero, con poca sensación de extracción y taninos domados. Buena acidez, buena longitud, buena intensidad y un equilibrio bien resuelto, con matices de regaliz, un punto balsámico persistente y un sutil toque lácteo en el posgusto definen un vino agradable y fácil de beber.

No estamos ante un vino que pretenda imponerse ni deslumbrar. Fuentelún 2020 es un vino aparentemente honesto, bien elaborado, sin defectos y sin notables artificios; uno de esos vinos que transmiten coherencia entre la filosofía del productor, el trabajo en el viñedo y lo que finalmente llega a la copa, dejando de lado esa Ribera del Duero tradicional y extractiva para elegir una interpretación más fiel con el paisaje; una elección no siempre fácil para los elaboradores que saca un buen partido de esa parcela que no quiso esperar mientras el mundo se detenía.

VinoAlcoholProducciónPrecio
Cruz de Alba Fuentelún 202014,35 %9.613 botellas de 75 cl32,75 euros
Otros datos: pH: 3,57. Acidez total: 5,31 g/l. Azúcar residual: 1,8 g/l. Ingredientes: uva, sulfuroso y goma arábiga.

Las claves de Cruz de Alba Fuentelún 2020

  • Parcela singular: Cinco hectáreas de Tempranillo de 40 años en Padilla de Duero (Valladolid), a 700 metros de altitud, con suelos arenosos pobres en materia orgánica.
  • Viticultura biodinámica: Cultivo ecológico certificado en viñedo, con uso de preparados biodinámicos.
  • Añada 2020: Un año de vendimia temprana y exigente, marcado por la brotación adelantada y la intensa actividad del viñedo mientras el mundo se detenía por la pandemia.
  • Crianza: 20 meses en barricas de roble francés de tres usos distintos.
  • Nariz: Fruta negra madura, balsámico, madera muy bien integrada.
  • Boca: Fresca, equilibrada, tanino domado, regaliz, balsámico persistente y sutil toque lácteo en el posgusto.
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Cruz de Alba Fuentelún 2020: A plot that decided to sprint while the world ground to a halt

In 2020, while the world was pulling on the emergency brake for reasons we all remember, something rather different was unfolding in Padilla de Duero. “The speedwell was in flower twenty days earlier than expected; the first wild asparagus appeared in mid-March,” recalls Sergio Ávila, winemaker at Cruz de Alba, with the tone of a man who learnt in 2020 that nature has never paid the slightest attention to calendars, dashboards or daily government briefings. At the Fuentelún vineyard — five hectares of Tempranillo planted in the late 1980s and farmed along biodynamic lines — spring arrived unannounced, budbreak came early, and the vineyard’s biological clock set its own pace, indifferent to any global emergency.

That paradox — the world standing still, the vineyard racing ahead — neatly captures the philosophy Cruz de Alba has invested in Fuentelún: the conviction that wine can only be authentic if the vineyard is alive and in balance, and the winemaker knows when to listen and when to step in.

Fuentelún: A site with a character of its own

Fuentelún is one of Cruz de Alba’s single-vineyard wines. The estate belongs to the Zamora Company group — owner of Ramón Bilbao — and holds a D. O. Ribera del Duero designation. The site sits at 700 metres altitude on sandy soils with contributions of silt and clay, low in organic matter and oriented north–south. The Tempranillo vines, originally trained as gobelet and subsequently retrained to trellis, are around forty years old, yield modestly, and produce fruit of notable concentration.

Biodynamic farming — one of the cornerstones of Cruz de Alba’s approach — aims to restore soil life, enhance biodiversity, and allow the wine to express its terroir faithfully. In 2020, biodynamic preparations proved critical in keeping the vineyard healthy against fungal disease pressure in a year of early budbreak and vigorous vegetative growth: the exuberant cover crops were, in Ávila’s own words, a reliable indicator of intense microbial activity below ground, and a foretaste of the structure and complexity that harvest would eventually deliver.

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After the uncertainty of that singular year, and with the patience required to wait for optimal ripeness, harvest began on 6th October. In the winery, fermentation was carried out at 24.5°C for approximately one week. Once malolactic conversion was complete, the wine rested for twenty months in French oak barrels across three stages of use: one third new, one third one year old, and one third two years old — a deliberate progression designed to integrate the oak gradually.

Cruz de Alba Fuentelún 2020: In the glass

In the glass, Fuentelún 2020 shows a medium-depth morello-cherry red, clean and bright. The nose is particularly appealing: ripe dark fruit, balsamic notes, and oak that has been thoroughly absorbed. On the palate, what catches you off guard is the freshness — this is a decidedly cool-fruited expression of Ribera del Duero, with little sense of extraction and tannins that have been well and truly tamed. Good acidity, length and intensity, all in well-judged balance; liquorice, a persistent balsamic thread and a subtle lactic note on the finish complete a wine that is both pleasurable and genuinely easy to drink.

This is not a wine that sets out to impose itself or dazzle. Fuentelún 2020 is an honest, well-made effort — free of flaws and free of artifice; one of those wines that conveys coherence between the producer’s philosophy, the work done in the vineyard, and what ultimately reaches the glass. It turns its back on the traditional extraction-heavy idiom of Ribera del Duero in favour of a more faithful reading of the landscape — a choice that does not come easily to producers in this appellation, and one that makes excellent use of a site that had no intention of waiting while the world stood still.

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