Ocho países y más de veinte regiones de Europa Central se dan cita en VieVinum 2026, la gran feria vienesa del vino, para presentar conjuntamente sus mejores expresiones de la Blaufränkisch bajo el nombre de United Nations. Esta iniciativa convierte a la Blaufränkisch en símbolo de reencuentro entre pueblos que el siglo XX separó y el vino del siglo XXI vuelve a unir.
Si has probado un vino elaborado con ella, probablemente la recuerdes, porque la Blaufränkisch —conocida también como Lemberger en Alemania, Kékfrankos en Hungría, Frankovka en República Checa y Eslovaquia, o Modra Frankinja en Eslovenia— no es precisamente una variedad anodina. Con su acidez vibrante, su capacidad para traducir el terruño en la copa y su carácter polifacético, la Blaufränkisch, lleva décadas escribiendo una de las historias más apasionantes del viejo continente. Pero su capítulo más reciente acaba de comenzar: del 16 al 18 de mayo de 2026, la Hofburg de Viena acogerá una cata sin precedentes en el marco de VieVinum, la principal feria de vinos de Europa Central. Bajo el sugerente nombre de United Nations of Blaufränkisch, productores procedentes de Austria, Hungría, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia y Rumanía presentarán sus vinos más ambiciosos al mundo.
Una variedad que sobrevivió a la Historia
La geografía del cultivo de la Blaufränkisch traza casi con exactitud los antiguos contornos del Imperio Austrohúngaro. Desde los viñedos de Leithaberg, en Austria, hasta los de Istria, en Croacia, pasando por las orillas del lago Balaton, en Hungría, esta variedad creció durante siglos bajo un mismo paraguas político y cultural.
El telón de acero la fragmentó en denominaciones distintas, nombres diferentes y tradiciones separadas. Hoy, la iniciativa United Nations devuelve esa unidad perdida desde el corazón del Habsburgo: la propia Hofburg, escenario de una historia que la viticultura centroeuropea no ha olvidado.
La diversidad de nombres con que se conoce la variedad en cada país no hace sino reflejar la riqueza de un patrimonio compartido que, lejos de dispersarse, ha sabido convertir esa pluralidad en uno de sus mayores activos identitarios.
De nicho a referencia mundial
El ascenso de la Blaufränkisch en el escalafón internacional del vino no ha sido casual, y desde Nos Vamos de Vinos siempre hemos defendido sus cualidades. Su perfil sensorial —aromas complejos, acidez fresca y notable precisión en la expresión del suelo— la ha convertido en favorita de algunos de los sumilleres más influyentes del mundo. El Master Sommelier austríaco Alex Koblinger, con experiencia en Estados Unidos, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos, la sitúa entre las variedades europeas más emocionantes del momento, destacando su evolución en términos de precisión, expresión de origen y diversidad estilística, así como su versatilidad para acompañar la alta cocina.

A ello se suma el respaldo de la crítica especializada. Julia Harding MW, desde JancisRobinson.com, ha señalado que la mayoría de sus ejemplares se elaboran para reflejar el lugar de origen antes que perseguir un carácter varietal predefinido, algo que la crítica internacional valora cada vez más en un panorama vinícola saturado de vinos de corte técnico.
El espaldarazo definitivo llegó en 2022, cuando Jancis Robinson y otros referentes mundiales del sector se reunieron en Lech am Arlberg para debatir sobre el estatus y el futuro de la variedad. La conclusión fue clara, en palabras de Dorli Muhr, impulsora del proyecto United Nations: la Blaufränkisch puede considerarse a la altura de la Pinot Noir, la Syrah y la Cabernet Sauvignon entre las grandes variedades tintas del mundo, aunque los expertos coincidieron en que su grandeza solo aflora con rendimientos bajos y tras varios años de envejecimiento en botella.
Una apuesta de futuro ante el cambio climático
Más allá del prestigio crítico, la Blaufränkisch cuenta con un argumento adicional que la sitúa en una posición privilegiada de cara a las próximas décadas: su adaptabilidad frente al cambio climático. Variedad de maduración tardía, soporta con solvencia tanto el incremento de temperaturas como los periodos prolongados de sequía, y mantiene su acidez característica incluso en vendimias marcadas por las olas de calor. En un sector que busca urgentemente referencias varietales capaces de sobrevivir a la nueva realidad climática, la Blaufränkisch se presenta como una respuesta seria y con historia.
Un perfecto ejemplo es el formidable vino Acinipo, un monovarietal de Blaufränkisch elaborado por F. Schatz en Ronda (Málaga), tras haber plantado él mismo las cepas con material genético procedente de su Austria natal.
VieVinum 2026 ofrece la oportunidad de comprobarlo en persona: desde bodegas de renombre internacional hasta pequeños productores artesanales, desde los límites septentrionales de la viticultura europea hasta el Mediterráneo croata, la cita de mayo en Viena promete ser la mayor concentración de Blaufränkisch que el mundo del vino haya visto jamás.
