Arrayan Mizancho, siete añadas de un vino de una variedad recordada

Bodegas Arrayán presenta oficialmente su blanco Arrayán Mizancho 2025 con una cata vertical que repasa todas las cosechas elaboradas, de 2018 a 2025.

Bodegas Arrayán lleva ocho años elaborando un blanco con una uva que, hasta 2022, no tenía autorizado su cultivo en Castilla-La Mancha. El proyecto ha avanzado con discreción, entre etiquetas experimentales y tiradas mínimas. Ahora, Arrayán, da el paso de presentarlo con la entidad que, en palabras de Mariana Entrecanales, hija de los fundadores de la bodega, no le habían dado hasta ahora a “una variedad y un vino tan singular”. Para demostrarlo, la bodega abrió todas las añadas que han elaborado de este blanco tan especial.

De un libro de 1914 a una viña de Toledo

La Mizancho es una cepa blanca de maduración tardía, común en los viñedos manchegos antes de la filoxera. Tras la plaga, quedó relegada a un papel secundario y estuvo a punto de desaparecer. Su rastro más claro está en el Estudio ampelográfico práctico de los viñedos españoles, publicado en 1914 por Nicolás García de los Salmones, ingeniero agrónomo y figura clave en la lucha contra la filoxera en España. En sus páginas aparece con tres nombres para una misma uva (Mizancho, Misanchez y Blanco Maizancho), pero se catalogó sin guardar material vegetal. Mariana añade un posible motivo del olvido: a principios del siglo XX a muchos blancos se les llamaba Albillo, sin más.

El hilo se retoma en 2014, cuando la enóloga Maite Sánchez acude al IVICAM, el Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha. El instituto trabaja desde 2004 en la recuperación de variedades autóctonas, y Maite buscaba entre ellas algunas que ayudaran a sus vinos a hablar mejor del territorio. Las prospecciones del instituto habían localizado Mizancho en varias provincias, con la mayor concentración en Villatobas (Toledo), y aun así apenas unas 20 cepas. Que el nombre llegara hasta hoy es, para Mariana, “como un golpe de suerte”. El análisis genético del IVICAM, con una coincidencia de marcadores del 99 %, confirmó además que no se trata de una sinonimia, sino de una variedad única.

La bodega prefiere hablar de una variedad recordada antes que olvidada. Sin esos viticultores que sabían que las cepas diferentes del límite de una parcela eran Mizancho, probablemente esta variedad nunca habría llegado a sus manos.

Cata vertical de Arrayán Mizancho. Mariana Entrecanales.
Mariana Entrecanales, Deputy Co-CEO de Arrayán.
Cata vertical de Arrayán Mizancho. Maite Sánchez.
Maite Sánchez, Enologa de Arrayán.

Con la historia a favor —“tenemos algo entre manos que puede valer la pena”, resume Mariana— faltaba comprobar la base técnica y, por último, la evolución en botella. Esa tercera prueba es la que justifica la cata, para ver si el vino “es capaz de evolucionar o no”. 

Arrayán recogió el material en 2014, procedente de Villatobas, y lo injertó en 2015 en Finca La Verdosa, en Santa Cruz del Retamar, en el norte de Toledo, sobre Merlot plantado en 1999. Allí convive con otras variedades rescatadas, como Bruñal, Moravia Agria, Garnacha Peluda y Garnacha Gris. Entre 2017 y 2020, el proyecto se completó con un estudio con Pilar Baeza, doctora de la Universidad Politécnica de Madrid, que midió con datos técnicos el potencial enológico de estas variedades y su adaptación al cambio climático.  La primera cosecha llegó en 2018, y la autorización del cultivo en 2022; hasta ese momento era considerada una variedad experimental. Con aquella añada, cuenta Maite, “vimos que también en bodega podía funcionar”. 

Optimista ante la sequía

El comportamiento en campo explica buena parte del interés. Maite Sánchez define la Mizancho como una variedad anisohídrica, y lo traduce con una imagen: es una variedad “optimista” que, aunque falte agua, no cierra los estomas y sigue trabajando, así que necesita menos riego para crecer. Su ciclo largo hace que la maduración final llegue con temperaturas más suaves. El vigor es medio, con un pámpano mediano como el de la Garnacha, y la baya, de tamaño medio, resiste bien la deshidratación. Su bajo rendimiento en azúcar, que pudo contribuir a su abandono en el pasado, se ve hoy como una virtud, en un contexto en el que se buscan mostos equilibrados y vinos de graduación moderada. 

En bodega, según la enóloga, sus aromas no se parecen a los de ninguna otra variedad. En boca aporta polifenoles y extractos secos que le dan volumen, y de ahí su capacidad de guarda tanto en barrica como en botella.

La viña donde crece el Mizancho es una parcela de 0,46 hectáreas, con diez líneas de cepas plantadas a 510 metros de altitud sobre suelos arenosos y cultivadas en ecológico. El ciclo largo de la Mizancho hace que sea la última variedad en vendimiarse de la bodega.

Para su elaboración, las uvas pasan por una cámara de frío, se pisan en depósitos abiertos con el raspón, y el mosto macera dos días con las pieles antes de prensarse. La fermentación, con levaduras autóctonas, tiene lugar en barricas usadas de 300 y 500 litros, donde el vino también tiene una crianza de ocho meses. 

Siete añadas en la copa

La cata fue un viaje hacia atrás. Empezó por la añada actual y fue retrocediendo hasta la primera cosecha, con un hueco en el camino: la 2024 no se elaboró, porque la fermentación espontánea no terminó. En las siete que sí llegaron a la copa se repite un patrón en nariz, con cítricos anisados, fruta y notas herbales, que hace de hilo entre cosechas muy distintas. Y una idea que conviene tener presente desde la primera copa: todos estos vinos tienen todavía recorrido.

Mizancho 2025 abrió la sesión como el más joven de la serie. Es aromático y de buena acidez, y destaca por una nota salina más marcada que en el resto de las añadas, con un perfil mineral. Tiene menos volumen que las cosechas más viejas, así que algo más de tiempo en botella le ayudará a crecer y a mostrar todo su potencial.

Cata vertical de Arrayán Mizancho. Botellas.
Cata vertical de Arrayán Mizancho. Etiquetas traseras.

Los dos siguientes, 2023 y 2022, vienen de años cálidos, y es ahí donde mejor se entiende lo que prometía la variedad frente a la sequía. El Bufón Mizancho 2023 deja algo de fruta de hueso y un ligero toque de hidrocarburo en nariz, y en boca destaca su volumen, directo y equilibrado, con un fondo salino. Mizancho 2022, de una cosecha complicada, tiene más peso en boca. A la nariz de siempre suma tofe y especias dulces, y su color es de los más intensos de la mesa, junto al de 2019.

La sorpresa llegó con Mizancho 2021, la prueba más arriesgada de la serie, ya que se elaboró sin sulfuroso añadido. Era todavía una elaboración experimental. Aparecen aromas de manzana y, aunque lo reconocemos como un vino natural, no presenta defectos y ha evolucionado muy bien con el tiempo.

A partir de ahí, la cata se convirtió en un ejercicio sobre el paso del tiempo. Mizancho 2020 está vivo y con un volumen destacado, y a sus seis años muestra un salto evolutivo en color y matices, pero mantiene una buena acidez. Mizancho 2019 proviene de una añada fresca y más concentrada que la anterior, muy intensa, con acidez y una nota salina, y la evolución le ha sentado especialmente bien. Fue nuestra añada favorita. Mizancho 2018 cerró el recorrido como la primera cosecha, fruto de un año fresco y lluvioso. Empieza a mostrar notas de evolución, pero conserva la acidez y un muy buen volumen.

Mariana planteó la cata como la tercera prueba de la Mizancho. Con la historia y la base técnica ya superadas, faltaba comprobar si el vino era capaz de evolucionar. La respuesta la encontramos en la copa. De las cosechas frescas y lluviosas, como 2018 o 2019, a las cálidas y complicadas, como 2022 o 2023, todas conservan acidez y volumen y tienen vida por delante.

Cata vertical de Arrayán Mizancho. Copas.

Una variedad recordada

Que hoy se puedan catar siete añadas de Mizancho es el resultado de una cadena bastante improbable. Primero, un ingeniero agrónomo que en 1914 anotó el nombre de la uva en su estudio. Después, unos viticultores que, en el límite de sus parcelas, mantuvieron unas pocas cepas diferentes sin olvidar su nombre. Más tarde, el IVICAM las localizó, y el equipo de Arrayán las injertó, las estudió y las vinificó. A ese golpe de suerte, como lo llama Mariana, le debemos un vino al que, a juzgar por lo catado, tiene mucha historia por escribir. La bodega prefiere hablar de una variedad recordada antes que olvidada, y nosotros deseamos que su recuerdo no se desvanezca.

VinoAlcoholProducciónPrecio (75 cl)
Arrayán Mizancho 202512,5 %760 botellas de 75 cl.32 euros

Las claves de Arrayán Mizancho

  • Origen: Bodegas Arrayán recupera esta variedad blanca autóctona, documentada en 1914 y conservada por algunos viticultores de Villatobas (Toledo).
  • Variedad: Mizancho, una uva de maduración tardía.
  • Viñedo: Parcela tiene 0,46 hectáreas a 510 metros de altitud, suelos arenosos. Cultivada en ecológico, en Finca La Verdosa,Toledo.
  • Adaptación al clima: Su comportamiento anisohídrico le permite resistir bien la sequía. Su ciclo largo retrasa la maduración.
  • Elaboración: Las uvas se pisan con raspón y maceran dos días con las pieles. La fermentación , con levaduras autóctonas, se realiza en barricas usadas de 300 y 500 litros.
  • Crianza: Ocho meses en barrica de 300 y 500 litros.
  • Perfil sensorial: Aromas de cítricos anisados, fruta y notas herbales. En boca destacan la acidez, el volumen y los matices salinos y minerales.
  • Evolución: Siete añadas elaboradas entre 2018 y 2025, con la excepción de 2024. La cata vertical confirma su capacidad de evolución y que incluso las cosechas más antiguas conservan acidez y recorrido en botella.
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