Riojas de Pueblo. Cata de vinos de viñedos centenarios

De entre las 15 catas temáticas propuestas por el evento Riojas de Pueblo, no podíamos dejar de elegir esta selección de vinos, blancos y tintos, elaborados con uvas de viñedos viejísimos de diferentes zonas de Rioja. En la mayoría de los casos hablamos además de coupages de múltiples variedades o, lo que es lo mismo, “coupages de viña”, fieles reflejos de la realidad de los viñedos viejos familiares, en los que se mezclaban plantas de todo tipo por tradición, para minimizar los riesgos si una enfermedad afectaba a una determinada variedad, para evitar que todas las uvas maduraran en una corta ventana temporal dificultando la vendimia e, incluso, atendiendo a las diferentes características de una misma parcela, que puede tener zonas más fértiles, zonas de mayor o menor insolación, diferentes suelos, altitudes, humedad…

Así que nos ponemos cómodos y nos preparamos para disfrutar, con el mayor respeto, del fruto de unas viñas plantadas, en muchos casos, por los abuelos o los bisabuelos de los actuales elaboradores; vinos dispuestos a reflejar la esencia de un puñado de productores de la asociación de Bodegas Familiares de Rioja.

Pretium Blanco 2018

Lo malo de este vino es que, una vez probado, a ver quién es el guapo que se pone a la cola en la cata. Berta Valgañón nos ha dejado los ojos como platos y la carne de gallina con su coupage de Viura (50 %), Calagraño (35 %) y Malvasía de Rioja (15 %), procedente de dos parcelas de cultivo ecológico, plantadas en 1901 y 1920. Fermentado en barrica de roble francés de 500 litros, y criado nuevamente en barrica durante 11 meses, su nariz nos sitúa a ras de suelo, con un marcado aroma a fósforo que nos hace salivar pensando en lo que vamos a encontrarnos. Y, como de costumbre, el fósforo no nos decepciona, y en la boca sentimos una acidez perfecta, tanto vertical (puntiaguda e inmediata) como horizontal (larga y amable), una acidez que poco a poco va despejándose y dejando aflorar una segunda capa gustativa compleja, intensa y larga. Es, sencillamente, uno de los mejores vinos blancos que hemos probado en los últimos meses.

Viña Ane Centenaria 2021

Este coupage de Tempranillo Blanco (43 %), Viura (25 %), Malvasía (8 %), Chardonnay (5 %), Sauvignon Blanc (4 %), Turruntés (4 %), Garnacha Blanca (4 %), Maturana Blanca (4 %) y Verdejo (3 %) es el primer vino que probamos de la bodega Monge-Garbarti (también conocida como Viña Ane), pero estamos seguros de que no será el último. De entrada, nos recibe con aromas minerales a la vez que florales, no muy intensos, pero suficientemente evocadores. En boca es un vino redondo, muy auténtico, de posgusto muy largo, que pone claramente de manifiesto la calidad de las uvas de un viñedo cuyas cepas más viejas se plantaron hace 122 años.

Noralba Blanco Ecológico Fermentado en Barrica 2018

Castillo de Mendoza nos trae un monovarietal de Viura de aromas minerales y, sorprendentemente, también florales, con una nota ahumada en un segundo plano. Buena acidez, notas anisadas y quizás cierta falta de longitud y de complejidad le hacen no encontrarse al nivel de los dos anteriores y algo por debajo de lo que esperaríamos de un vino ecológico fermentado en barricas nuevas (de roble francés y húngaro) a partir del mosto de unas uvas vendimiadas de cepas plantadas antes de que empezara la I Guerra Mundial. Es, en realidad, un vino más que correcto que se ha visto rodeado de adversarios de mucho nivel.

Pretium Viñedos Centenarios Tinto 2018

Sin llegar al nivel superlativo de su hermano blanco, Pretium Tinto nos ha dejado un buen sabor de boca. Se trata de un varietal de Tempranillo (90 %), con un ligero aporte de Garnacha (5 %), y de otras variedades (5 %) como Graciano, Mazuelo, Garnacha Tintorera y algunas uvas sin identificar, todas ellas procedentes de una parcela plantada en 1901. La nariz nos entrega tostados, monte bajo, fruta roja y negra en su punto óptimo de madurez… Y su boca te abraza, una boca nuevamente frutal, muy coqueta, con un posgusto a café y azúcar quemado; sencillamente: para no parar de beber.

La Pacha 2020

Teodoro Ruiz Monge nos trae otro gran vino. En este caso, las uvas (Tempranillo, Garnacha, Viura, Mazuelo, Turrunés y Malvasía) proceden de una parcela prefiloxérica de San Vicente de la Sonsierra donde las variedades tintas (mayoritarias) conviven con las blancas. Fiel a la tradición riojana, no solamente se elaboran juntas, sino que se someten a una maceración carbónica, y el vino pasa posteriormente a un bocoy en el que hará la maloláctica para pasar finalmente a criarse en madera durante ocho meses. En su nariz hallamos una sugerente mezcla de flores y fruta madura, casi compotada, mientras que en su boca nos sorprenden una buena acidez, una buena estructura y un trago largo en un vino que es a la vez muy fresco. Y en este antagonismo, en este juego de las contradicciones reside buena parte de la magia de un estupendo vino rebosante de personalidad al que quizás un par de años más en la botella le vendrían estupendamente para acabar de pulir un tanino ligeramente verde.

Barranco del Prado 2019

Avanzamos en la cata de viñedos centenarios con un vino del que ya hemos hablado con anterioridad (aquí). Elaborado por Javier Arizcuren en pleno casco urbano de Logroño con las uvas procedentes de Quel, este Barranco es un varietal de Garnacha (97 %) con un aporte de Tinta Velasco (2 %) y Calagraño (1 %). Procede de una viña prefiloxérica plantada a pie franco y a casi 800 metros de altitud que nos ofrece un vino de carácter marcadamente varietal, con la madera en un segundo plano; un vino que en boca destaca por su buena acidez y su posgusto largo, inacabable, amable, con claras notas lácteas.

El Sueño de Amado 2017

Siempre somos cautos con los 2017 de Rioja, pero no parece que una añada difícil haya afectado a la calidad de este vino de la bodega alfareña Ilurce. Se trata de un monovarietal de Garnacha procedente de una parcela plantada en 1916 e injertada en 1918 por Amador Escudero Pérez, abuelo de los actuales elaboradores, en la sierra de Yerga, en riguroso secano y en proceso de certificación ecológica. Con estos mimbres se ha tejido un buen vino, que nos ha sorprendido por su fruta madura (guindas), poco frecuente en una zona tan fresca, donde las sobre-maduraciones son casi imposibles.

Y con este vino de tierras riojabajeñas cerramos una cata que comenzó justo en el otro extremo de Rioja, en Cuzcurrita de Río Tirón, una cata que nos ha recordado que el viñedo viejo es mucho más que un conjunto de plantas de poca producción y fruta de mayor concentración o mayor calidad. El viñedo viejo va mucho más allá; nos habla del trabajo manual, del amor a la tierra, del respeto a los antepasados, de la historia, de la filoxera, de las variedades olvidadas, de las costumbres de los viticultores que con sus decisiones y con su trabajo pusieron los cimientos de lo que hoy es Rioja, un legado depositado en todos los elaboradores de esta gran región vitivinícola, y muy especialmente en los miembros de estas Bodegas Familiares de Rioja.

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