Ni arrancar ni producir: el viñedo que “hiberna” para sobrevivir a la crisis del vino en EE. UU.

Frente al desplome de la demanda, viticultores estadounidenses optan por dejar “hibernando” sus viñedos en lugar de arrancarlos.

Reconocer una ralentización de la producción nunca resulta sencillo, y menos aún en un contexto de mercado tan convulso como el que atraviesa actualmente el sector del vino en to el mundo en general y en Estados Unidos en particular. Así lo expone la periodista Amy Beth Wright en un extenso reportaje publicado en SevenFifty Daily, la revista digital especializada en la industria de bebidas alcohólicas, en el que recoge los testimonios de varios profesionales de la viticultura estadounidense sobre una práctica que gana terreno: el llamado “vineyard idling”, literalmente: “viñedo al ralentí” o, más propiamente: hibernación del viñedo.

Según explica Wright, esta técnica —también conocida como mothballing o descanso vitícola— consiste en pausar la producción durante un periodo de entre uno y tres años, sin llegar a arrancar las cepas, con la expectativa de retomar la actividad cuando el mercado se ajuste.

¿Cuándo tiene sentido poner a hibernar un viñedo?

De acuerdo con el reportaje, un estudio de 2025 sobre diecinueve viñedos del norte del valle de Willamette, en Oregón, determinó que la hibernación permitió a los productores ahorrar de media un 38 % por acre en costes de gestión —que incluyen el manejo de la canopia y el suelo, la poda, el deshojado y la vendimia—, llegando algunas explotaciones a reducir a la mitad dichos costes. Esta fórmula resulta adecuada siempre que se confíe en volver a producir en un plazo de uno a, como mucho, tres años..

El horizonte temporal resulta determinante: si el propietario no tiene claro que quiera mantener el viñedo dentro de cinco años, la recomendación suele inclinarse hacia el arranque antes que hacia la hibernación. También conviene considerar el estado sanitario de la parcela, ya que la hibernación es más recomendable en viñas completamente sanas y mucho menos en aquellas que arrastren problemas y que vayan a necesitar cuidados extraordinarios.

La práctica es especialmente rentable en grandes explotaciones que necesiten ajustar la producción y pongan a hibernar sólo una parte de su viñedo. No obstante, en este caso algunos productores optan por un modelo más tradicional: replantar o injertar injertar parte del viñedo con una variedad más atractiva para los actuales consumidores, algo que está ocurriendo también en muchas regiones españolas, como El Bierzo, donde la Mencía está retrocediendo frente al Godello.

Mantener las cepas vivas sin arruinarse

El reportaje detalla que preparar adecuadamente las vides resulta esencial para que sobrevivan al periodo de inactividad y puedan volver a producir uva de calidad. En climas cálidos, con plantas jóvenes y sistemas de conducción orientedos al rendimiento más que a la longevidad y el equilibrio de la planta, forzar demasiado la reducción de riego puede provocar daños a medio o largo plazo por estrés hídrico. El control de la competencia con otras plantas resulta igualmente crítico, ya que recuperar una viña en mal estado puede llevar varios años de trabajo.

Y, como siempre, una de las claves de la gestión del viñedo se encuentra en la poda. Una poda severa reduce la necesidad de manejo de canopia, riego y aporte de nutrientes, mientras que una poda más ligera puede generar gastos añadidos cuando el viñedo vuelva a producir. No obstante, un reciente estudio señala que al cabo de más de un año sin actividad, las vides pueden llegar a sufrir carencias de nitrógeno, por lo que conviene mantener cierto régimen de fertilización, así como un control mínimo de plagas y enfermedades fúngicas para evitar que los brotes de mildiu o de araña roja se extienda a las viñas que sí se encuentran en plena producción.

El reportaje apunta además a un efecto colectivo: si unos productores ponen a hibernar sus viñedos y otros vecinos no lo hacen, se contiene la caída del precio de la uva, algo que acaba beneficiando al colectivo de vitiicultores. Además, también son destacables los beneficios agronómicos del descanso del suelo.

Varios productores perciben ya mejoras graduales en el mercado desde 2024 y se muestran moderadamente optimistas ante una futura corrección. Probablemente no es la solución ideal, pero no cabe duda de que siempre es deseable al arranque de viñedo.

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