Weingut Diwald: La bodega austriaca pionera en viticultura ecológica celebra medio siglo de un afortunado “accidente”

En 1976, Hans y Paula Diwald entraron por error en una sala del Foro de Alpbach y salieron de ella convertidos en futuros pioneros de la viticultura ecológica austriaca. Cincuenta años después, su hijo Martin y su esposa Ulli dirigen una bodega de 23 hectáreas en la región del Wagram que cultiva en biodinámico, reivindica la selección masal frente a los clones comerciales y produce algunos de los Rieslings más admirados de Austria.

Todo comenzó con una equivocación. A principios de la década de los setenta, Hans y Paula Diwald asistían al Foro de Alpbach —un encuentro centrado en los grandes debates de la democracia europea— cuando, por azar, se sentaron en la sala que no era. La conferencia que escucharon no tenía nada que ver con política: trataba sobre agricultura ecológica en el Alto Adigio. Aquella tarde cambió el rumbo de su explotación agropecuaria mixta en Großriedenthal, en el corazón de la región vitivinícola del Wagram, al noroeste de Viena.

En 1976, cuando nadie en el sector les tomaba en serio, comenzaron la conversión ecológica de sus viñedos. La prueba más antigua de aquel gesto audaz sobrevive en su propia bodega: una botella de Grüner Veltliner Ried Goldberg de 1976 cuya etiqueta ya incluía las palabras “viticultura ecológica”, once años antes de que el término tuviera definición legal en Austria. El propio Martin Diwald resume con afecto el legado de sus padres: “El bio no era un argumento de venta, sino todo lo contrario. Fue un experimento audaz, pero el tiempo les dio la razón. Gracias, mamá y papá, por ser tan cabezones”.

Del escándalo del vino a la biodinámica

La historia no tardó en darles la razón de una manera inesperada. El escándalo del vino austriaco de mediados de los años ochenta —cuando se detectó la adulteración de vinos con dietilenglicol— sacudió la confianza de los consumidores en las grandes bodegas convencionales y catapultó la credibilidad de los productores ecológicos. Lo que había sido una rareza pasó a convertirse en una garantía.

Desde entonces, la trayectoria de Weingut Diwald no ha dejado de avanzar. En 2006, Martin tomó las riendas de la bodega y desterró de su bodega las levaduras comerciales. Su filosofía es clara: “Nunca quise ser elaborador, sino viticultor. No se trata de imponer un estilo al vino en la bodega, sino de dar expresión a la naturaleza con las mejores uvas posibles”. En 2019, la bodega ingresó en el selecto grupo Österreichische Traditionsweingüter (ÖTW), y en 2023 dio un paso más al certificarse con respekt-BIODYN, el organismo internacional de viticultura biodinámica. En ese mismo año, la selección masal —frente a los clones industriales— se consolidó como uno de los pilares del trabajo en el viñedo, con el objetivo de preservar una genética antigua y singular que imprime carácter inequívoco a sus vinos.

La apuesta varietal de Weingut Diwald resulta llamativa incluso para quien conoce bien el Wagram. Mientras la región construyó históricamente su reputación sobre la variedad Grüner Veltliner —y en menor medida sobre el Roter Veltliner—, Martin y Ulli Diwald decidieron prescindir de este último e incorporar la Riesling como segunda variedad de referencia. La decisión ha resultado visionaria: la crítica Petra Bader considera que su Riesling Ried Eisenhut 1ÖTW ha establecido el estándar de referencia para el Riesling del Wagram. El viñedo Eisenhut, cuya peculiar forma de sombrero permite trabajar simultáneamente exposiciones al sur, al norte y en meseta, ofrece una acidez vibrante y una frescura mentolada que difícilmente se encuentran en otras parcelas de la región. Junto al Eisenhut, el viñedo Goldberg —ambos clasificados como Erste Lagen por la ÖTW— completa el núcleo de las referencias más ambiciosas de la bodega, a las que se suman variedades minoritarias como la Frühroter Veltliner y una Furmint procedente del propio Eisenhut que podría ser la más septentrional de toda Austria.

Con 23 hectáreas y sin planes de ampliación, Weingut Diwald define su horizonte con una frase que lo dice todo: “No habrá crecimiento en el futuro, salvo en calidad”. Y nosotros, como incondicionales defensores de la viticultura ecológica, no podemos más que aplaudir esa afirmación.

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