«Como si te pidieran que demolieras tu casa»: Los viticultores franceses se despiden con dolor de su viñedo

El mayor plan de arranque de viñedo de la historia reciente de Francia ha desatado una oleada de dolor, rabia y desolación entre quienes han dedicado su vida a cultivar la tierra. Prensa regional, medios especializados y redes sociales confluyen en un mismo relato: el de una herida que los datos económicos no logran cicatrizar. Estas son sus voces.

Éric Etienne es viticultor en Gironda. Cuando France Bleu Gironde le preguntó por el arranque de su viñedo, no recurrió a cifras ni a análisis de mercado. Recurrió a una imagen: «Es como si mañana te pidieran que destruyeras tu casa familiar. Creo que el día en que llegue la excavadora va a ser un momento bastante doloroso». Pocas frases resumen mejor lo que está ocurriendo en el campo francés. Casi 28.000 hectáreas de viñedo desaparecerán antes de que acabe 2026, amparadas por un plan gubernamental que reparte 130 millones de euros entre quienes aceptan clavar la pala en sus propias raíces. La economía tiene sus razones. El corazón, otras.

La prensa: patrimonio, paisaje y saber hacer

La prensa regional francesa ha sido el primer altavoz del duelo. David Drilles, elegido local del departamento de Pyrénées-Orientales, declaró a L’Indépendant que «es una parte del patrimonio de nuestro departamento la que va a desaparecer. Es un saber hacer que desaparece, es una hermosa parte de nuestro paisaje que desaparece; se está perdiendo un cortafuegos que protege a nuestros pueblos de los incendios, gracias al papel que desempeñan los viñedos como tales». La frase condensa tres pérdidas distintas que el plan de arranque trata como una sola transacción administrativa: cultura, conocimiento y territorio.

Jérôme Despey, dirigente agrícola con presencia habitual en La Revue du Vin de France y Le Figaro, puso el foco en quienes van más allá del arranque parcial: «Son aquellos que arrancan la totalidad de su explotación y abandonan la actividad lo que supone un desgarro». Un desgarro, no una decisión empresarial; la elección de esa palabra, en boca de alguien acostumbrado al lenguaje técnico del sector, no es accidental.

El dato que subyace a todos estos testimonios es tan frío como contundente: el 37 % de los expedientes presentados corresponde a arranques totales con cese de actividad: bodegas que cierran, familias que abandonan; una generación que no tendrá a quién traspasar lo que construyó.

Las redes sociales: entre la rabia y la resignación

En X, el debate adquiere una temperatura muy distinta a la de la prensa escrita. La cuenta @ResistPaysans, vinculada al movimiento campesino Résistance Paysanne, publicó en noviembre de 2025 un vídeo de viñas arrancadas que superó las 19.000 visualizaciones: «¡La viña sangra! Detrás de los falsos eslóganes de los elegidos de la República, el Estado obliga a los viticultores a arrancar sus viñas. La rabia crece. El fruto enraizado de una tierra a preservar está siendo empujado hacia su desaparición». La publicación acumuló más de 900 «me gusta» y fue retuiteada más de 500 veces.

La resonancia del arranque francés llegó también a voces que lo conectan con episodios dolorosos en nuestro país. La cuenta @AnneCoustou, ligada a Les Patriotes du Lot, un partido de derecha nacionalista francés, escribió: «En España se arrancan olivos centenarios, en Francia se arrancan viñas y lavandas, para satisfacer a la UE que quiere reemplazar todos los cultivos autóctonos por paneles fotovoltaicos y aerogeneradores». La carga política de la cuenta conviene tenerla presente, pero la referencia resuena: los lectores españoles saben bien de qué trata el arranque de olivos centenarios, y el paralelismo entre ambas pérdidas patrimoniales no necesita exageración para ser perturbador.

Myriam Aniotzbehere (@MyriamJerome) ofrece quizá la lectura más lúcida de lo que está en juego más allá del viñedo: «Esta crisis, presente en el viñedo desde hace cincuenta años, se asimila para muchos a un vasto plan de despidos silenciosos. Con unas implicaciones sociales, familiares y patrimoniales muy pesadas, esta crisis ya está redibujando los paisajes de Gironda, donde 18.000 hectáreas de viñas han sido arrancadas». Y el usuario @NICONic04377284 añade un detalle que muchos desconocen: «Francia arranca hectáreas y hectáreas de viñas. Según el tipo de indemnización elegida por el propietario, la tierra debe permanecer obligatoriamente desnuda durante años». La herida, pues, no solo es inmediata; también es duradera.

No faltan voces que entienden la lógica del plan, aunque entenderlo no equivale a celebrarlo. Jean-Denis Rozenfeld (@JeanRozenf12490) lo expresa con claridad descarnada: «El consumo baja en todas partes, en Francia como en la exportación. Se arrancan las viñas en Burdeos como en otros sitios; los jóvenes ya no beben alcohol». Tiene razón en el diagnóstico. Tiene razón en que la crisis es estructural y no coyuntural. Que el arranque sea comprensible no lo convierte en una buena noticia: es la factura de décadas de respuestas tardías a señales que el sector lleva años lanzando. Es, en definitiva, la historia de un fracaso.

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