Patrick Stewart, fallecido el pasado miércoles, 28 de octubre de 2026, a los 86 años, dio vida al capitán Picard y a un viñedo familiar que tiene un homónimo real en Burdeos.
Patrick Stewart murió el miércoles en Los Ángeles, a los 86 años, tras «un breve y conmovedor proceso» marcado por el alzhéimer y la demencia con cuerpos de Lewy, según informó su portavoz, Kelly Bush Novak. Con él se marcha un actor de formación clásica que pasó 14 años en la Royal Shakespeare Company, que llevó a Macbeth hasta Broadway y que, por una de esas ironías que la profesión reparte sin consultar a nadie, acabó siendo conocido en medio planeta por mandar una nave espacial del siglo XXIV.
Como el capitán Jean-Luc Picard, protagonizó durante siete temporadas y 178 episodios Star Trek: The Next Generation, que dio lugar a cuatro películas y popularizó la frase Make it so. Como el profesor Charles Xavier, encabezó el reparto mayor de X-Men. La reina Isabel II lo nombró caballero en junio de 2010, de modo que el hombre que creció en una casa sin baño de Mirfield, en Yorkshire, terminó siendo Sir Patrick.
Un capitán que se retiró entre cepas
En Nos Vamos de Vinos, el motivo para detenernos en esta noticia tiene profundas raíces, y es que el personaje más célebre de Patrick Stewart, el capitán Jean-Luc Picard, ha sido uno de los mayores embajadores del vino en la pantalla. Los Picard de la ficción cultivan viñas en La Barre, en una Francia que el guion sitúa en Borgoña, y las botellas con su apellido asoman en varias películas y series de la franquicia. Cuando Star Trek: Picard llegó en 2020, el almirante retirado volvió a la finca familiar para pasar allí su jubilación.
Las escenas del viñedo no se rodaron en suelo francés, sino en una bodega de California (EE. UU.), que hizo las veces de Borgoña de una manera bastante discutible. Quien conozca el paisaje de la Côte d’Or sabrá apreciar la licencia, aunque los productores siempre podrán poner la excusa de que estamos en el año dos mil trescientos “y pico”, y como sigamos a este paso con el calentamiento global, a lo mejor el escenario tiene bastante más sentido de lo que parece.
Un homónimo real en el Médoc
Lo más curioso es que la coincidencia nominal no la inventó ningún guionista. Château Picard existía ya como propiedad en el corazón de Saint-Estèphe, en el Médoc, clasificado Cru Bourgeois desde 1932, y desde 1997 pertenece a la casa de négoce bordelesa Mähler-Besse. Esa casa, de origen neerlandés, tiene además una participación mayoritaria en Château Palmer.
La finca suma ocho hectáreas de viñedo, con cepas de 30 años de media, sobre suelos arcillosos repletos de fósiles calcáreos de criaturas marinas. Su ensamblaje se compone de un 85 % de Cabernet Sauvignon, una proporción superior a la habitual en la denominación, y de un 15 % de Merlot. Château Picard realiza una crianza de 14 meses en roble, con un 30 % de barricas nuevas.
El cruce entre ficción y realidad se volvió oficial en 2019, cuando la producción de Star Trek: Picard, la bodega y la empresa estadounidense Wines That Rock anunciaron una edición limitada con la etiqueta de la familia de Jean-Luc, basada en la añada 2016. El fenómeno venía de lejos: dos botellas vacías de atrezo de Château Picard se subastaron en 2006, durante un evento por los 40 años de la franquicia, por 6.600 dólares, frente a una estimación previa de entre 500 y 700.
Stewart aseguró en sus memorias que interpretó a Picard como si el comandante fuera un personaje de Enrique IV, una obra sobre hombres valientes. Esa mezcla de solemnidad shakespeariana y curiosidad por el mundo explica por qué un viñedo imaginario encaja tan bien en su legado. Quien quiera despedir al capitán con formalidad y una copa en la mano encontrará en Saint-Estèphe una botella que lleva su apellido.




