Olas de calor y sequía adelantaron hasta 25 días la vendimia de Ontañón Familia en Rioja, Ribera del Duero y Rueda, con uvas de sanidad muy alta, según su informe.
La vendimia de 2026 ha obligado a Rubén Pérez Cuevas —director técnico de Ontañón Familia— a no dejar de tener puesto un ojo en la uva y otro en el termómetro durante mucho tiempo. El informe de campaña del grupo familiar abarca sus tres zonas de producción, la D. O. Ca. Rioja, la D. O. Ribera del Duero y la D. O. Rueda, y dibuja un patrón común: un arranque de ciclo muy húmedo, un cambio brusco hacia una sequía prolongada y varias olas de calor que aceleraron la evolución del viñedo. Según la comparativa con 2025 que recoge el documento, la recolección se adelantó entre 5 y 25 días, en función de la zona y del viñedo.
La compañía subraya además una paradoja. Con apenas lluvias en la fase final del ciclo, el peligro de las enfermedades fúngicas se redujo, y la uva llegó a las bodegas en muy buen estado sanitario, de modo que el reto de la campaña no consistió en proteger y sanar el viñedo, sino en frenar una maduración que corría más de la cuenta.
Rioja busca en la montaña el tiempo que le roba el calor
El ciclo riojano empezó con abundante hidratación. El invierno y la primera parte del año aportaron mucha agua y obligaron a extremar la vigilancia para que no se repitieran los problemas de mildiu de la campaña anterior, una amenaza que, según la bodega, pudo contenerse gracias al trabajo en el campo. Posteriormente, cambió el escenario: cuatro olas de calor adelantaron el ciclo unos quince días, y la vendimia de las uvas blancas de Ontañón arrancó el 25 de agosto en Rioja Oriental, en las zonas de Alfaro y Ausejo.
A mayor altitud, el reloj corrió a otro ritmo. En la sierra de Yerga, en la vertiente queleña del río Cidacos, los contrastes térmicos entre el día y la noche ralentizaron la maduración y permitieron dejar la uva más tiempo en la cepa. El mejor ejemplo es La Pasada, un enclave de la zona más alta de la sierra, entre 750 y 800 metros, del que procede el Tempranillo de montaña de la casa. Su vendimia, del 21 al 24 de septiembre, figura según la bodega entre las más tardías de la D. O. Ca. Rioja, y aun así se adelantó entre 22 y 25 días respecto a 2025, cuando la uva se recogió el 16 de octubre.
La otra pieza destacada es El Arca, viñedo singular de Queirón del que nace el vino homónimo Queirón El Arca, el buque insignia del grupo. Se vendimió el 11 de septiembre, 22 días antes que el año anterior (3 de octubre). Ontañón Familia atribuye el buen comportamiento de estas cepas centenarias a la profundidad de sus raíces, que les permitió regular el estrés térmico. La Garnacha de este viñedo alcanzó una madurez elevada, y su fruta roja habitual evolucionó hacia registros de cereza.
En bodega, la ausencia de lluvias favoreció una elevada presencia de levaduras naturales en la pruina y los hollejos, lo que según el informe mejoró la marcha de las fermentaciones. Los descubes fueron más largos, y la extracción más cuidadosa, con el objetivo de lograr cuerpo, estructura y potencial de guarda. La bodega describe tintos de intensidad aromática, mucha fruta y carga polifenólica, y destaca también la calidad de la uva blanca (Viura, Tempranillo Blanco, Maturana y Garnacha Blanca).

Ribera del Duero muestra fruta negra y un ojo puesto en la crianza
La Ribera del Duero vivió un invierno muy lluvioso, con entre 350 y 400 milímetros acumulados hasta abril, y el equipo de viticultura tuvo que aplicar tratamientos para frenar el mildiu que había condicionado 2025. A finales de mayo llegó un auténtico desafío: cuatro olas de calor, con temperaturas que superaron los 37 y los 38 grados, e incluso los 40 en algunas zonas de la denominación, y una sequía casi total desde el 1 de mayo. La vendimia de Rippa Dorii —la bodega de Ontañón Familia en Ribera del Duero y Rueda— en Fuentecén y la cuenca del río Riaza se prolongó del 14 de septiembre al 1 de octubre, quince días antes que en 2025. El informe recuerda que algunas bodegas de la denominación llegaron a vendimiar en agosto, una situación que describe como anómala.
La sanidad volvió a ser el punto fuerte. Las altas temperaturas limitaron los hongos, y la presión fitosanitaria resultó muy baja, mientras que la bodega recurrió a confusión sexual mediante feromonas para luchar contra la polilla, lo que redujo todavía más los tratamientos químicos. También llegaron a bodega uvas de los viñedos sorianos de Soto de San Esteban, que el informe identifica como de tercer año y en los que, según la bodega, la altitud y la oscilación térmica aportan frescura, acidez natural y una maduración más lenta.
Los primeros vinos de Rippa Dorii presentan, según Ontañón Familia, una capa media-alta con algo menos de color que en campañas anteriores, a causa de un ciclo más corto, pero con viveza cromática y la acidez fijada gracias a la oscilación térmica. La bodega destaca que aromáticamente domina la fruta negra, con zarzamora y endrina, y en boca se perciben volumen y densidad. La casa ve en la sólida base tánica y en la sanidad de la uva un argumento para una evolución favorable durante la crianza.
El viñedo que da origen a Geografías Rippa Dorii Salomón se vendimió el 24 y el 25 de septiembre, unos catorce días antes que en 2025. Está a poca distancia del cauce del Riaza y cuenta con cepas de más de cuarenta años; la bodega atribuye a su profundo sistema radicular la resistencia al calor y a la escasez de agua. En la elaboración, sustituyó los remontados por bazuqueos manuales para extraer más compuestos fenólicos y ganar concentración de color y firmeza, y la fermentación terminó con el descube del 9 de octubre. Ontañón Familia habla de un vino de capa muy alta y de gran intensidad aromática.
Rueda amortigua la sequía con riego de precisión y vigila la acidez
Rueda comenzó el año con entre 300 y 400 milímetros de lluvia hasta abril y siguió con sequía y olas de calor que elevaron la temperatura media entre 2 y 2,5 °C por encima de lo normal. Según el informe, el riego de precisión marcó la diferencia con las otras dos zonas, porque redujo el estrés hídrico: a mediados de octubre todavía había numerosos viñedos con verdor, frondosidad y actividad vegetativa.
El Sauvignon Blanc se recogió del 18 al 21 de agosto, y el Verdejo, del 21 de agosto al 17 de septiembre, con un adelanto que la bodega cifra entre diez y quince días respecto a un año normal. Frente a 2025, el inicio se adelantó entre cinco y ocho días y el cierre, quince. La uva llegó con buena calidad, pero con un grado alcohólico elevado y una acidez más baja, de modo que el trabajo en bodega se centró en la acidez y el pH. Las levaduras del propio viñedo, otra vez abundantes, facilitaron unas fermentaciones limpias. En nariz, según la bodega, las frutas maduras, como el pomelo y el melón, se imponen a los registros florales, junto a los matices vegetales propios del Verdejo, y en boca aparecen vinos con cuerpo y estructura.
En la finca de Los Curas, de la que procede Rippa Dorii Los Curas, la vendimia se llevó a cabo el 10 y el 11 de septiembre, después de un manejo del rendimiento pensado para frenar la maduración fenólica y mantener los racimos más tiempo en la cepa. Las primeras impresiones de la casa apuntan a una buena estructura en boca, un color muy vivo y fruta madura.
En su balance final, Ontañón Familia resume la campaña como «una vendimia de conocimiento, vigilancia y capacidad de adaptación». Atribuye la respuesta del viñedo a la altitud en Rioja, a la frescura del páramo de Fuentecén y la cuenca del Riaza en Ribera del Duero, así como a la viticultura racional y el riego de precisión en Rueda. «Cultivamos el tiempo», reza el lema con el que cierra el informe. En 2026, a juzgar por las fechas, el tiempo se adelantó y la tarea consistió en no dejarse adelantar por él.




