La fusión de Vinícola de Tomelloso, San José y Virgen de las Viñas dará lugar a la cooperativa vitivinícola de primer grado más grande del mundo, con una capacidad de procesamiento cercana a los 300 millones de kilos de uva, más de 3.000 socios vitícolas y una superficie de viñedo que superará las 23.000 hectáreas en el corazón de Castilla-La Mancha.
Tomelloso, municipio de Ciudad Real que ya figuraba entre los grandes referentes vitivinícolas del planeta, acaba de dar un salto histórico. La presentación oficial de la integración de sus tres principales cooperativas —anunciada recientemente en la propia localidad con la presencia del consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha, Julián Martínez Lizán— marca un antes y un después en la estructura del cooperativismo vinícola español y mundial. La nueva entidad, que mantendrá operativos los centros de las tres organizaciones para preservar su identidad y su historia, nace con vocación de permanencia y con músculo suficiente para competir en los mercados internacionales en unas condiciones que hasta ahora resultaban inalcanzables para cualquiera de ellas por separado.
La operación se sustenta sobre una base económica sólida. Virgen de las Viñas, la mayor de las tres y la cooperativa vitivinícola con mayor volumen de negocio de Castilla-La Mancha, cerró su último ejercicio con una facturación de 95,6 millones de euros, de los cuales en torno al 60 % procedía de ventas al exterior, tanto en granel como en embotellado. En la campaña de 2025, la cooperativa recibió más de 213 millones de kilos de uva —un 13 % menos que el año anterior, debido a las altas temperaturas registradas en agosto— y abonó directamente a sus socios más de 75 millones de euros por la cosecha. La incorporación de Vinícola de Tomelloso y de SAT San José añadirá aproximadamente 2.000 hectáreas al viñedo gestionado y unos 30 millones de kilos adicionales de capacidad de entrada de uva, lo que sitúa el potencial conjunto en el umbral de los 300 millones de kilos.
NAce la cooperativa vitivinícola más grande del mundo
Las cifras de la nueva cooperativa resultan difíciles de relativizar sin recurrir a la escala nacional. Solo Virgen de las Viñas, antes de la fusión, ya representaba el 8,4 % de todo el vino producido en Castilla-La Mancha, el 11,5 % del mosto regional y el 5,2 % de la producción española conjunta de vino y mosto. Con la integración, esos porcentajes crecerán de forma significativa en una campaña, la de 2025-2026, en la que España ha vuelto a encadenar una producción por debajo de su media histórica —en torno a 31-31,5 millones de hectolitros, lo que ha relegado al país al tercer puesto europeo tras Italia y Francia— y en la que Castilla-La Mancha ha aportado, no obstante, cerca de 18,5 millones de hectolitros, más de la mitad de todo el vino nacional.
La región, que ya comercializa más de la mitad del vino español en los mercados internacionales y registró un aumento del precio medio de venta del 3,4 % en 2025, refuerza con esta operación su posición de liderazgo exportador. El consejero Martínez Lizán recordó, durante el acto de presentación, que el Gobierno autonómico destinó 72,6 millones de euros el pasado año a la reestructuración del viñedo y que el apoyo público al sector en la última década acumula 813 millones de euros.
Un modelo para el sector y una apuesta de futuro
Más allá del volumen, la fusión responde a una lógica estratégica que el sector cooperativo español viene debatiendo desde hace años: solo las entidades con masa crítica suficiente pueden negociar en condiciones de igualdad con grandes distribuidores internacionales, optimizar costes fijos y acometer proyectos de valor añadido que vayan más allá de la venta de granel. La nueva cooperativa ya tiene identificadas líneas de desarrollo en enoturismo y en gamas premium, y no se descarta que en el futuro se incorporen otras entidades del entorno, lo que abriría una nueva fase de crecimiento.
Con todo ello, la cooperativa resultante de esta triple unión no solo será la más grande del mundo en su categoría: aspira también a ser un modelo de gestión para un cooperativismo vitivinícola que, en plena tormenta climática y comercial, busca con urgencia respuestas a su propia escala.
