La Denominación de Origen Ribera del Duero presentó ayer en Roa los resultados de un informe encargado a PwC que cuantifica el peso económico del vino y del enoturismo en el territorio. Los datos son llamativos: la actividad vinculada a la DO genera más de 1.330 millones de euros de PIB en España, cerca de 21.000 empleos y una recaudación fiscal en torno a los 460 millones de euros. Dentro de ese conjunto, el enoturismo asociado a la Ruta del Vino Ribera del Duero aporta por sí solo 79 millones de euros de PIB y más de 1.350 puestos de trabajo.
El informe sirvió de punto de partida para una mesa redonda moderada por Beatriz Solano en la que participaron Jordi Esteve Bargués, socio responsable de Economics y Strategy en PwC; Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador; Miguel Ángel Gayubo, presidente del Consorcio de la Ruta del Vino Ribera del Duero; y Fernando Rodríguez de Rivera, director general de Bodegas Prado Rey. El debate giró en torno a tres ejes: el papel del enoturismo como palanca de desarrollo rural, los retos estructurales del territorio y el posicionamiento internacional de la denominación.
El enoturista gasta casi tres veces más que el turista convencional
Sobre el perfil económico del visitante, Rodríguez de Rivera señaló que «el gasto medio del enoturista es casi tres veces superior al del turista convencional y, además, construye marca. El visitante no solo compra una botella, vive una experiencia, y eso refuerza el valor percibido del vino». Gayugo fue más allá al valorar el impacto social: «El enoturismo no solo trae visitantes, sino empleo estable, apoyo al territorio y oportunidades para los jóvenes. Ribera del Duero no es la España despoblada, es la Ribera de las oportunidades».
Territorio, normativa y modelo de futuro
Los ponentes también abordaron las tensiones entre la actividad vitivinícola y otras dinámicas del territorio. Enrique Pascual planteó abiertamente la paradoja que vive el sector: «El vino aporta territorio, cultura y desarrollo económico, pero a veces nos encontramos con normativas y decisiones administrativas que dificultan esa actividad. Resulta paradójico que en zonas rurales que generan riqueza se acabe estigmatizando al sector». Rodríguez de Rivera puso en contexto internacional esa reflexión al señalar que las grandes regiones vinícolas del mundo protegen su paisaje y su identidad como parte del valor intrínseco del vino.
Desde el análisis técnico, Esteve Bargués defendió la necesidad de una visión de largo plazo: «No se pueden analizar los problemas de forma aislada ni caer en el cortoplacismo. Es fundamental definir qué modelo de territorio se quiere construir». Gayugo añadió a esa lista de retos la movilidad, la conectividad y el acceso a la vivienda, elementos que considera decisivos tanto para la experiencia enoturística como para atraer talento joven. «Todo esto también es sostenibilidad», concluyó.
En cuanto a la proyección exterior, el informe apunta que Ribera del Duero está consolidada en el segmento premium, con un precio medio de exportación que supera con holgura la media nacional. Esteve Bargués interpretó ese dato como reflejo de una percepción de calidad y reputación bien asentada en los mercados internacionales. En ese contexto, Gayugo defendió el enoturismo como la mejor herramienta para construir una relación duradera con el consumidor: «El visitante entiende el esfuerzo, el territorio y la cultura que hay detrás de una botella, y eso genera una conexión duradera».
El informe, disponible en la web de la DO, completa una radiografía económica que sitúa a Ribera del Duero como uno de los motores vitivinícolas más relevantes del país, no solo por el volumen de producción, sino por su capacidad para articular empleo, fijar población y proyectar una imagen diferenciada hacia el exterior.
