Ocho tabernas imprescindibles de Montilla para saborear sus vinos y gozar con sus pinchos

Montilla no se visita: se vive. Sus fachadas encaladas y sus encantadores rincones invitan a detenerse, a conversar y a beber despacio. Turismo de Montilla nos propone una ruta por ocho tabernas de la ciudad que funciona como un itinerario de iniciación a sus vinos.

La ruta arranca cerca de la Oficina de Turismo, donde el viajero puede recoger el mapa oficial y dejarse guiar por el aroma que impregna cada esquina del casco histórico. La propuesta tiene una lógica sensorial clara: comenzar por los vinos más ligeros —vinos de tinaja, vinos en rama y jóvenes— e ir avanzando, parada a parada, hacia los generosos de mayor complejidad y crianza; un crescendo organoléptico que convierte el paseo en una clase magistral sobre una de las denominaciones de origen más singulares de España.

De la tinaja al generoso: Un recorrido con criterio enológico

La primera parada, la Taberna-bar Carrasquilla, en la Calle Feria, establece ya el tono del itinerario. Su terraza —imprescindible en primavera— acoge clásicos generosos de distintas bodegas y lagares, pero también las nuevas vinificaciones de la uva Pedro Ximénez con un enfoque joven y desenfadado que están redefiniendo la imagen de la denominación entre el público más joven. A pocos metros, el Monasterio de Santa Clara y el Palacio de Medinaceli, ambos del siglo XVI, recuerdan que este territorio acumula historia en cada fachada.

La segunda parada lleva al Rincón del Conde, en la Calle Don Gonzalo, cuya carta de vinos de la tierra se sirve en un ambiente de casa de comidas que invita a quedarse. Aquí nació el “crispín”, el bocado más representativo de la gastronomía montillana, y la casquería se trabaja con una maestría que ha conquistado paladares exigentes. Desde su terraza, además, se percibe el aroma que emana de la bodega fundacional de Bodegas Alvear, construida en 1789 y todavía en activo.

El Bolero-Patio del Gallo, en la Calle Fuente Álamo, merece una mención especial por su vino en rama de la casa, una referencia que ha enamorado a más de un aficionado, y por el Patio del Gallo, uno de los rincones más coquetos de la ciudad para una cena especial. El reconocimiento con un Solete Repsol avala su cocina y su propuesta vinícola, en la que los vinos andaluces ocupan un lugar protagonista.

Tabernas con historia y vinos que la cuentan

La Chiva, en la Calle San Francisco Solano, conserva intacta la atmósfera de taberna de 1935. Sus vinos en rama son excepcionales, y la representación de bodegas montillanas, amplia y bien seleccionada. Cerca se encuentra el templo de San Agustín, punto clave del Viernes Santo en Montilla, lo que da una idea del arraigo cultural de este espacio en la vida de la ciudad.

La Tata Antigua, en la Calle Corredera, ofrece una terraza perfecta para observar la vida montillana pasar, copa en mano, junto a la Plaza del Ayuntamiento y la centenaria Pastelería Manuel Aguilar. La Taberna Los Lagares, en la Avenida de las Camachas, destaca por su amplísima representación de la D. O. Montilla-Moriles, su cocina innovadora y su capacidad para acoger familias y grupos sin perder el carácter. También ha sido reconocida con un Solete Repsol.

El recorrido culmina en la Taberna del restaurante Las Camachas, en la Avenida de Europa, con más de doscientas referencias y lo que probablemente sea la carta de vinos más completa de la denominación, que incorpora además otras regiones y algunas joyas vinícolas montillanas de difícil acceso; un broche de oro para una ruta que no pretende agotar Montilla, sino abrirla.

La propuesta invita también a explorar el universo de los vermús locales, los espumosos y los brandis de la zona, categorías que completan una denominación más diversa de lo que su fama histórica podría sugerir. Montilla-Moriles no es solo el reino del Pedro Ximénez dulce: es un territorio en transformación, donde conviven la tradición de siglos y una nueva generación de elaboradores que reinterpretan sus uvas con mirada contemporánea.

Son, así, ocho tabernas, un mapa y la certeza de que, en Montilla, el tiempo siempre pasa mejor con un vino en la mano. Ah, y si quieres saber más, no te pierdas nuestro reportaje de Montilla en vendimia, al que puedes acceder a través de este enlace.

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