Los vinos de Crianza y Reserva impulsan el crecimiento de Ribera del Duero en 2025

La denominación conquista el mercado apostando por sus vinos de guarda. Las categorías de Crianza, Reserva y Gran Reserva lideran un crecimiento del 1,6 % en un escenario global adverso. Mientras el consumo de vino mundial desciende, Ribera del Duero cierra 2025 con un crecimiento del 1,6 %. El Consejo Regulador entregó 92.422.803 precintas de garantía durante el año.

El año ha estado marcado por desafíos que pocos sectores logran sortear: caída sostenida del consumo, presión en costos de producción y distribución, tensiones geopolíticas. En este contexto, la Denominación de Origen Ribera del Duero no solo ha mantenido su posición, sino que ha avanzado, confirmando que el consumidor sigue confiando en su propuesta.

Crianzas y Reservas lideran el crecimiento

El análisis del crecimiento revela algo significativo: el incremento del 1,6 % surge íntegramente de las categorías de mayor crianza. Mientras la categoría Cosecha se mantiene estable, Crianza, Reserva y Gran Reserva experimentan comportamientos muy distintos al resto del mercado.

De las casi 92,5 millones de botellas, el 71,94 % fueron Cosecha, el 21,35 % Crianza, el 6,30 % Reserva y el 0,41 % Gran Reserva. Pero lo relevante está en el dinamismo: Reserva creció un 6,5 % y la categoría Gran Reserva escaló un 17,6 %. Estos números revelan un consumidor cada vez más exigente, informado y orientado hacia experiencias de valor.

Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de Ribera del Duero, resume la realidad: «cerrar 2025 con un crecimiento del 1,6 % en un contexto tan complejo para el sector del vino es una noticia muy positiva». Pascual añade que esta evolución confirma que los consumidores reconocen la calidad de los vinos y valoran el trabajo de bodegas y viticultores. También subraya que el crecimiento de Crianza, Reserva y Gran Reserva demuestra que la apuesta por la excelencia es el camino adecuado.

Ribera del Duero: Una denominación con raíces profundas en la historia

La relación de Ribera del Duero con el vino no es reciente. Los primeros vestigios remontan al siglo IV a.C., con residuos de vino hallados en yacimientos vacceo-romanos. Un mosaico de 66 metros cuadrados dedicado a Baco, descubierto en 1972 en Baños de Valdearados, confirma que la elaboración de vino ya era una práctica consolidada durante la época romana. Durante la Edad Media, monasterios como Valbuena de Duero, Caleruega y La Vid impulsaron la expansión de la viticultura, estableciendo las bases que caracterizarían la región. La Denominación de Origen se creó en 1982, modernizando prácticas ancestrales con controles de calidad rigurosos.

Hoy, Ribera del Duero es una de las denominaciones más sólidas de España. Comprende 87 municipios distribuidos en cuatro provincias: 59 en Burgos, 19 en Valladolid, 5 en Soria y 4 en Segovia. Sus 325 bodegas inscritas trabajan sobre 27.468,59 hectáreas de viñedo divididas en más de 63.630 parcelas, con más de 8.000 viticultores implicados.

La producción responde a criterios de calidad. En la vendimia de 2025 se recolectaron 129.555.457 kilos de uva, con un rendimiento medio de 4.716,50 kg/hectárea, por debajo del máximo permitido de 7.000 kg/ha. El 98,89 % de esta cosecha corresponde a variedades tintas, principalmente Tempranillo, y el 65,35 % se vendimió manualmente.

Los vinos de Ribera del Duero abarcan tintos, rosados y blancos, con subcategorías que van desde Joven hasta Gran Reserva. Esta estructura, donde cada precinta de garantía certifica el paso por controles rigurosos, responde a una filosofía de diferenciación que a la vista de los datos está funcionando.

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