La certificación en agricultura ecológica será desde ahora condición indispensable para quien aspire a certificar su viñedo como regenerativo. Así lo ha establecido la Asociación de Viticultura Regenerativa al revisar su esquema internacional, que sustituye el sistema de sellos anterior por dos nuevos, ORVA y ORVA+, y elimina el sello de transición.
Una asociación nacida en 2021
La entidad echó a andar en 2021 con cinco socios fundacionales: Familia Torres, Clos Mogador, Can Feixes, Jean Leon y AgroAssessor. Hoy suma más de 125 socios de nueve países. Su planteamiento gira en torno al ciclo del carbono: busca recuperar los suelos, reducir la erosión, favorecer la biodiversidad y contribuir a frenar el calentamiento global.
Respuesta a unas definiciones dispares
La asociación explica que el auge mediático de la viticultura regenerativa, su llegada a los lineales y el interés creciente de los consumidores han ido acompañados de interpretaciones muy diversas del concepto, algunas compatibles con la utilización de productos de síntesis. Frente a ello, su junta ha repasado lo hecho en los últimos tres años y ha decidido reforzar tanto la propia entidad como su sistema de certificación. Con este giro, la agricultura ecológica se convierte en la base obligatoria y, dentro de esta norma, queda excluido cualquier producto de síntesis. Según la asociación, el objetivo es ofrecer al mercado un esquema más robusto, transparente y de lectura sencilla.
Mireia Torres, presidenta de la asociación, defiende el cambio con estas palabras: “Queremos que los vinos que obtengan esta certificación nazcan de viñedos que no solo sean ecológicos, sino que además regeneren el entorno y fomenten su biodiversidad. Con estos cambios, reforzamos el rigor ambiental del sistema, aportamos claridad al sector y facilitamos que el mercado y el consumidor identifiquen con mayor confianza a los viticultores y bodegas que se comprometen de forma real con la regeneración”.
ORVA, siglas de Organic Regenerative Viticulture Alliance, es el escalón básico y se dirige a las fincas que cumplen las exigencias mínimas de recuperación del suelo y del entorno. ORVA+ es el escalón superior, reservado a explotaciones que aplican más prácticas regenerativas y mantienen un manejo más exigente. La diferencia se concreta en cifras: ORVA pide que la cubierta vegetal ocupe al menos la mitad de la zona de producción y un mínimo de tres prácticas regenerativas, mientras que ORVA+ sube esos listones al 75 % y a cinco prácticas.
Excepciones para plantaciones jóvenes
Para las viñas recién plantadas, la norma prevé un anexo que permite relajar temporalmente algunos requisitos, como el porcentaje de cubierta vegetal, cuando el clima lo dificulte con fenómenos como sequías intensas, temporales de lluvia o episodios de calor extremo. La revisión incorpora además análisis de suelo específicos para calcular la fijación de carbono y medir así el impacto climático de los viñedos. Quien quiera optar a los sellos debe tramitarlo desde la web de la asociación.
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