La Denominación de Origen Monterrei ha multiplicado por cuatro su volumen certificado en poco más de diez años: de los dos millones de litros con los que arrancaba la década pasada a los más de ocho millones actuales, lo que supone un crecimiento del 300%. Son datos que la conselleira do Medio Rural, María José Gómez, puso sobre la mesa durante la inauguración de la XIX Feira do Viño de Monterrei, celebrada en Verín el pasado 7 de agosto, y que ilustran una transformación profunda de una denominación que durante años pasó desapercibida en el mapa vinícola español.
Una denominación con historia y vocación atlántica
Situada en el sureste de la provincia de Ourense, en el valle del río Támega y haciendo frontera con Portugal, Monterrei obtuvo el reconocimiento como denominación de origen en 1994, aunque su vínculo con la viticultura es muy anterior: los restos arqueológicos hallados en la zona documentan la producción de vino desde la época romana. Hoy, la denominación ampara unas 800 hectáreas de viñedo repartidas entre los municipios de Verín, Monterrei, Oímbra, Riós, Vilardevós y Castrelo do Val, organizadas en dos subzonas —Valle de Monterrei y Ladera de Monterrei— con un clima mediterráneo templado de tendencia continental que favorece una maduración diferencial de las uvas.
El tejido productivo que sostiene el crecimiento está formado por casi cuatrocientos viticultores y una treintena de bodegas, una estructura que, según la conselleira, ha logrado crecer sin perder de vista la identidad propia: “Manteniendo la identidad, pero sabiendo evolucionar”, fue la fórmula con la que María José Gómez resumió el trabajo del sector, al que destacó por “cuidar el legado recibido sin renunciar a la innovación”.
Godello y Mencía, las variedades que proyectan la denominación
Las dos grandes protagonistas de Monterrei son el Godello —variedad blanca preferente que en la última vendimia representó más del 75% de la uva blanca recogida— y la Mencía, que acapara una proporción similar dentro de la producción de tinta. A ellas se suman otras variedades autorizadas como Treixadura, Doña Blanca o Merenzao, que aportan matices al abanico de elaboraciones de la denominación.
La conselleira señaló que los vinos de la zona son “cada vez más reconocidos y con mucha personalidad”, y que están llevando el nombre de esta comarca más allá de las fronteras gallegas y también fuera de España. Un crecimiento que María José Gómez atribuyó al trabajo conjunto de productores, bodegas y Consejo Regulador, y que la Xunta encuadra dentro de su visión del sector vitivinícola gallego como “una de las grandes fortalezas de Galicia”, capaz de generar riqueza, empleo y oportunidades en el entorno rural y de mantener vivo el territorio: “Donde hay viñas bien atendidas hay vida”, concluyó.
