Francia obtendrá en 2026 cerca de 35 millones de hectolitros de vino, según la estimación a 1 de octubre de Agreste, el servicio de estadística y prospectiva del Ministerio de Agricultura, Agroalimentación y Soberanía Alimentaria. La cifra queda un 2 % por debajo de la de 2025 y un 14 % por debajo del promedio de 2021 a 2025, un periodo que ya incluye tres campañas escasas (2021, 2024 y 2025). Respecto a la previsión de septiembre, el cálculo sube ligeramente por los mejores rendimientos registrados en Languedoc-Roussillon.
Languedoc-Roussillon, Burdeos y el Suroeste, por encima de 2025
Las lluvias de finales de verano suavizaron en esta región el impacto de la sequía y las olas de calor, y eso llevó a revisar los rendimientos. Languedoc-Roussillon cosechará un 20 % más que en 2025, un año ya muy corto, y se situará algo por encima de la media de los últimos cinco años. Lo hará pese a haber perdido más de 5.000 hectáreas en producción, un 3 % de su superficie.
Burdeos, que cierra la vendimia con el Cabernet, también remonta un 10 % sobre el nivel muy bajo del año anterior, aunque sigue un 11 % por debajo de la media. Cuenta con casi 5.000 hectáreas menos en producción (un 5 %), reducción que Agreste atribuye al dispositivo nacional de ayuda a la reestructuración del viñedo. Las precipitaciones tardías mejoraron los rendimientos y el estado sanitario de la uva se mantiene excelente.
En el Suroeste los resultados varían mucho según el departamento, la edad de las cepas, el tipo de suelo y el reparto de las lluvias estivales. Algunos territorios superan lo previsto y otros quedan muy por debajo del promedio, pero el conjunto avanza un 12 % interanual y se aproxima a la media. Córcega, con la vendimia iniciada a primeros de agosto y ya concluida, crece un 6 % gracias al buen estado sanitario y al riego. Saboya, que no sufrió sequía, presenta una producción satisfactoria.
En el Sudeste las cosechas son correctas en Drôme y Ardèche por las lluvias tardías, pero retroceden en Bouches-du-Rhône. El balance regional es un descenso del 3 % en un año y del 8 % respecto a la media quinquenal.
Champagne, Borgoña y Jura, entre los más castigados
En el otro extremo, Champagne vendimió por primera vez a principios de septiembre y su producción se reduce a la mitad tanto frente a 2025 como frente al promedio de cinco años. La zona encadenó heladas en el Aisne, granizo, sequía desde marzo y canículas estivales.
Borgoña y Beaujolais, con vendimias entre mediados de agosto y mediados de septiembre, vieron mermado un potencial que partía como muy prometedor. La Pinot Noir borgoñona sufrió especialmente y el Beaujolais registra rendimientos históricamente bajos, con un volumen un 22 % inferior al de 2025 y un 30 % al de la media. El Jura, con la vendimia terminada, perdió un 28 % respecto al año pasado porque la sequía impidió que las uvas engordaran.
El Loira cerró la recolección en septiembre con un 7 % menos que en 2025. Los rendimientos fueron muy desiguales según suelos, edad de las viñas y zonas de lluvia, y el peso de las bayas resultó históricamente reducido. En Charentes, donde los racimos pesan poco por las sucesivas olas de calor, la cosecha baja un 11 % sobre la ya débil de 2025. Alsacia, que comenzó el 18 de agosto y concentró la vendimia en pocos días, cede un 6 % respecto a un año anterior también corto.
Menos superficie y un verano seco
Agreste explica el bajo nivel de producción por dos factores: el recorte de la superficie en producción, un 1,9 % en un año, y unos rendimientos lastrados por un verano cálido y seco. La falta de agua agravó el estrés hídrico de los suelos y las olas de calor dejaron localmente racimos quemados y bayas abrasadas, arrugadas o pasificadas. Las vendimias, adelantadas respecto a lo habitual y a punto de concluir, se han desarrollado con un estado sanitario excelente.
Por categorías, todas retroceden respecto a 2025 salvo los vinos con indicación geográfica protegida, que suben un 11 % hasta los 11,4 millones de hectolitros. Según Agreste, proceden en su mayoría de Languedoc-Roussillon. Los vinos con denominación de origen protegida se sitúan en 14,5 millones, los destinados a aguardientes en 6,6 millones y el resto de vinos, sin indicación geográfica incluidos, en 2,4 millones.
Agreste recuerda que las previsiones no pueden recoger lo que ocurra después del 1 de octubre y que el reparto por categorías es solo orientativo hasta que se presente la declaración de cosecha. Advierte además de que la producción estimada no equivale a la comercializable, que puede nutrirse de las reservas de años anteriores.
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