El grupo operativo Gesmove arranca con más de medio millón de euros para desarrollar un sistema predictivo y estrategias agroecológicas frente al mosquito verde, una plaga en expansión por el viñedo español.
El sector vitivinícola español se enfrenta a un enemigo cada vez más presente en los viñedos del sur de Europa: el mosquito verde. Este insecto multiplica su población de forma exponencial entre julio y agosto, justo en el tramo del ciclo en el que la uva madura, y provoca defoliación prematura, pérdida de concentración de azúcares y una caída sostenida de la productividad. Para hacerle frente nace Gesmove, un grupo operativo que cuenta con una subvención superior a medio millón de euros, cofinanciada en un 80 % por fondos FEADER, y que se desarrollará a lo largo de tres años.
El proyecto se enmarca en el Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 y combina dos líneas de trabajo complementarias: por un lado, un sistema de ayuda a la toma de decisiones que anticipe el comportamiento de la plaga; por otro, un conjunto de estrategias de control biológico que reduzcan el uso de productos fitosanitarios químicos sin renunciar a la productividad del viñedo.
Un modelo predictivo para anticiparse a la plaga
El corazón tecnológico de Gesmove es un sistema de ayuda a la toma de decisiones, conocido por sus siglas en inglés como DSS, que integrará un modelo epidemiológico capaz de predecir cómo evolucionará el mosquito verde en el viñedo. Esta herramienta permitirá a bodegas y viticultores anticiparse a los picos de población del insecto y planificar las intervenciones con mayor precisión, en lugar de reaccionar una vez que el daño ya se ha producido.
El desarrollo de esta plataforma se apoyará en una primera fase de investigación centrada en cartografiar la distribución de las distintas especies de mosquito verde presentes en cuatro zonas vitivinícolas de España: Galicia, Cataluña, Castilla-La Mancha y Valencia. Para ello, el proyecto recurrirá a técnicas moleculares de identificación de especies y al estudio de los parasitoides asociados, un trabajo que resulta imprescindible antes de poder diseñar cualquier estrategia de control selectivo.
Depredadores, cubiertas vegetales y caolín como aliados
Junto al componente predictivo, Gesmove desplegará un abanico de estrategias de control biológico pensadas para minimizar las pérdidas en la cosecha y reducir la dependencia de productos químicos. Entre ellas figura la introducción de depredadores generalistas, capaces de mantener a raya la población del insecto de forma natural, así como el uso de cubiertas vegetales y bandas florales que favorecen la biodiversidad funcional dentro del viñedo.
A estas prácticas se suma el empleo de repelentes naturales como el caolín, una arcilla mineral que ya se utiliza en otros cultivos como barrera física frente a insectos y frente a la radiación solar excesiva.
El proyecto culminará con un informe comparativo que evaluará la eficacia real de estos depredadores generalistas y de los productos naturales frente al mosquito verde, un documento llamado a convertirse en referencia para el sector a la hora de decidir qué combinación de herramientas resulta más eficaz según la región y el tipo de viñedo.
Un equipo multidisciplinar con bodegas de tres regiones climáticas distintas
Gesmove está coordinado por la Fundación Empresa Universidad Gallega (FEUGA) y reúne a un equipo multidisciplinar en el que participan tres bodegas ubicadas en regiones climáticas diferentes: Paco & Lola, en Galicia; Familia Torres, en Cataluña; y Jesús del Perdón-Bodegas Yuntero, en Castilla-La Mancha. Esta diversidad geográfica permitirá contrastar el comportamiento de la plaga y la eficacia de las estrategias de control en contextos edafoclimáticos muy distintos.
Al equipo se suman también las empresas Bioline Iberia, especializada en control biológico de cultivos, la división de modelos de predicción de BASF Agricultural Solutions, e Intersemillas, encargada de determinar el efecto de las distintas cubiertas vegetales sobre la plaga.
La parte científica cuenta con la participación del Centro de Investigación sobre Desertificación, el Institut National de la Recherche Agronomique de Marruecos y la consultora Ingroin, que lideran la metodología de seguimiento y la coordinación técnica, mientras que el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València se encargará de la identificación molecular de especies. Cooperativas Agroalimentarias de Castilla-La Mancha y la Plataforma Tecnológica del Vino completan el consorcio con tareas de difusión y transferencia al sector.
El contexto económico explica la magnitud del reto: según datos de la consultora Analistas Financieros Internacionales para la Organización Interprofesional del Vino de España, el sector vitivinícola generó en 2023 más de 22.300 millones de euros de valor añadido bruto, cerca del 1,6 % del PIB nacional. Y según el informe State of the World Vine and Wine Sector 2025 de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, España es el tercer productor mundial de vino y el país con mayor superficie de viñedo del planeta, con 919.000 hectáreas. Proteger esa superficie frente a plagas emergentes como el mosquito verde no es, por tanto, un asunto menor.
