Ácido ascórbico

El ácido ascórbico —ampliamente conocido como vitamina C y codificado en la industria alimentaria como E-300— es un potente agente antioxidante empleado en la enología moderna para proteger el vino frente a las alteraciones hiperoxidativas. A diferencia de los ácidos tartárico, málico o láctico, cuyo propósito primario es la estructuración del perfil gustativo y el pH, el ácido ascórbico no se utiliza para modificar la acidez percibida, sino como un escudo técnico de intervención rápida, desempeñando solo de manera muy secundaria e insignificante un papel en el equilibrio ácido del producto.

Su función principal en bodega reside en su extraordinaria velocidad de reacción con el oxígeno disuelto: el ácido ascórbico atrapa el oxígeno a un ritmo significativamente más rápido que el dióxido de azufre (SO₂). Sin embargo, presenta una peculiaridad química crucial que exige un manejo riguroso: al reaccionar con el oxígeno, se oxida transformándose en ácido deshidroascórbico y genera peróxido de hidrógeno (agua oxigenada). Si este compuesto no se neutraliza de inmediato, puede actuar como un oxidante aún más agresivo y pardeante. Por esta razón, el ácido ascórbico nunca debe emplearse solo, sino siempre de forma combinada y simultánea con dosis adecuadas de SO₂ libre, el cual actúa eliminando el peróxido de hidrógeno resultante y regenerando el medio.

Esta acción sinérgica permite a los enólogos reducir la cantidad total de sulfitos necesarios durante el embotellado, ofreciendo un perfil técnico más limpio que satisface a los consumidores sensibles a los sulfitos. Las dosis habituales de aplicación oscilan entre los 50 y 200 mg/L (siendo 250 mg/L el límite legal autorizado en la Unión Europea). Es una herramienta especialmente idónea para proteger la frescura y la intensidad aromática de vinos blancos y rosados jóvenes de perfiles muy varietales o tiólicos (como Verdejo, Sauvignon Blanc o Riesling), previniendo la pérdida de color y el enranciamiento aromático.

A diferencia del SO, el ácido ascórbico carece por completo de propiedades antimicrobianas, por lo que no protege contra levaduras ni bacterias; de ahí que su uso se restrinja estrictamente a vinos que ya se encuentran estabilizados biológicamente y filtrados. Asimismo, se trata de un aditivo de carácter sacrificial y consumible: a medida que interactúa con el oxígeno durante la crianza o el almacenamiento, el ácido ascórbico se metaboliza y agota progresivamente hasta desaparecer del vino al cabo de unas semanas o meses. Por ello, se considera un agente activo de protección a corto y medio plazo, concebido para salvaguardar la juventud del vino en sus etapas más vulnerables.

Glosario / Diccionario del vino

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