La bodega gerundense, pionera en viticultura ecológica dentro de la D.O. Empordà, llega a su 20 aniversario consolidada como un proyecto singular donde el vino comparte protagonismo con la cultura y el territorio.
Cuando la familia Bournazeau-Florensa adquirió 40 hectáreas en Sant Climent Sescebes a finales de los noventa, el paisaje del Alt Empordà que tenían delante era prácticamente virgen. Hoy, ese mismo suelo granítico alberga un ecosistema autónomo —con colmenas incluidas que producen su propia miel— y viñedos trabajados parcela a parcela —de aproximadamente una hectárea cada una— con el máximo respeto por los tiempos de la naturaleza. Terra Remota lanzó sus primeras botellas al mercado en 2006 y desde entonces ha construido una forma de entender el vino que va mucho más allá de la viticultura.
La finca funciona como un espacio aislado del entorno agrícola convencional, lo que le permite mantener un equilibrio ecológico que sería difícil de lograr en una explotación integrada en un paisaje más intervenido. El trabajo en bodega sigue la misma lógica: el sistema de elaboración por gravedad evita el uso de bombas durante el proceso, reduciendo al mínimo cualquier intervención mecánica sobre la materia prima. Cada parcela se vinifica y cría de manera individualizada, buscando que cada vino traduzca la identidad específica del terreno del que procede.
Arte contemporáneo entre viñedos
Uno de los elementos más llamativos del proyecto es su vínculo con el mundo del arte y la arquitectura. En colaboración con la galería Clément Cividino, Terra Remota ha transformado sus viñedos en un escenario para piezas de arquitectura nómada de gran valor histórico: la Casa de Emergencia de Jean Prouvé y la Casa Tropical de Fernand Fillo conviven con el paisaje y están disponibles para los visitantes durante las catas y los pícnics que organiza la bodega. El propio edificio de la bodega fue concebido para integrarse visualmente en el entorno y aprovechar las condiciones naturales en el proceso de elaboración, un planteamiento que le valió el reconocimiento en los Premis d’Arquitectura de les Comarques de Girona.
En el interior, la biblioteca con más de 2.000 volúmenes especializados en arte y la sala de barricas, presidida por una escultura de Jaume Plensa, definen el carácter de un proyecto donde la cultura no es un añadido decorativo sino parte estructural de la propuesta. La Festa d’Estiu y las experiencias enoturísticas que combinan naturaleza, gastronomía y vino completan la oferta de un espacio pensado tanto para el sector profesional como para el visitante curioso.
Sostenibilidad y reducción de huella
En los últimos años, Terra Remota ha incorporado medidas orientadas a reducir su impacto ambiental: botellas más ligeras, embalajes de menor huella ecológica y el uso de cera natural biodegradable en el cierre artesanal de las botellas. Medidas que refuerzan la coherencia de un proyecto que, desde su origen, situó el respeto por el entorno como condición de partida y no como objetivo de marketing.
Marc Bournazeau lo resume así: “Celebrar estos 20 años supone mirar atrás con orgullo y ver cómo aquel paisaje virgen se ha convertido en un refugio de biodiversidad y excelencia. Este aniversario representa la madurez de nuestras viñas y la reafirmación de nuestro compromiso: seguir elaborando vinos que sean la expresión pura de este suelo granítico, respetando siempre los tiempos de la naturaleza y el legado cultural de nuestra tierra”.
Para celebrar el aniversario, Primeras Marcas —distribuidora oficial de Terra Remota en España— organizó junto a la bodega, el pasado 13 de abril en Barcelona, un showroom en el espacio que ocuparon en su día los despachos de los arquitectos Pepe Cortés y Nacho Ferrer, autores del diseño de la bodega. Marc y Emma Bournazeau y la enóloga Edith Soler recibieron a profesionales del sector y medios de comunicación en una cita que cerraba, de forma simbólica, el círculo entre el origen arquitectónico del proyecto y su presente vinícola.
