El Hotel Rosewood Villa Magna acogió el 18 de mayo la primera de las dos sesiones que la firma austriaca RIEDEL ha celebrado en España esta semana dentro de su gira internacional. La cita, organizada por Euroselecció, distribuidor oficial de la marca en el país, reunió a aficionados y profesionales en torno a una pregunta que rara vez preside una cata: ¿en qué copa estamos bebiendo?
La sesión estuvo a cargo de Maximilian J. Riedel, CEO de la compañía y undécima generación de una familia con 270 años de historia en la fabricación de cristal. El giro hacia las copas de vino se produjo en 1956, cuando la firma —que hasta entonces elaboraba lámparas y objetos decorativos desde su sede en Bohemia (actual República Checa)— trasladó su fábrica a Kufstein, en el Tirol austriaco, retomando la producción tras la Segunda Guerra Mundial. Fue su abuelo, Claus J. Riedel (9.ª generación), quien protagonizó esa transformación: en un momento en que el vaso tallado y ornamentado dominaba las mesas, diseñó la primera copa de perfil ovoide, partiendo de la observación de que los recipientes de boca abierta dispersaban los aromas en lugar de concentrarlos. En 1958, el gobierno austriaco incluyó esa copa en la Exposición Mundial de Bruselas, donde obtuvo la medalla de oro. Fue Georg J. Riedel, décima generación y padre de Maximilian, quien desarrolló después el concepto de cristalería específica para cada varietal, que hoy constituye el eje de la filosofía de la marca.

La serie Veloce, protagonista del ejercicio
Las copas de la sesión pertenecen a la serie RIEDEL Veloce, producida en la fábrica de la firma en Weiden (Baviera) mediante una máquina de desarrollo propio capaz de elaborar tallos tan finos como los que obtiene un maestro vidriero a mano. El resultado es una copa de paredes delgadas y peso reducido que, pese a ser de fabricación mecánica, tiene una apariencia próxima al trabajo artesanal. Maximilian Riedel abordó esta cuestión con franqueza: la producción artesanal de cristal en Europa afronta un problema de viabilidad que no se limita a los costes, sino a la dificultad creciente de encontrar trabajadores dispuestos a emplearse en una fábrica, donde el teletrabajo no tiene cabida. La producción artesanal de la firma se mantiene en Kufstein. La serie incorpora copas específicas para diferentes variedades y tipos de vino, entre ellas las de Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot Noir/Nebbiolo y Cabernet/Merlot, que fueron las elegidas para el ejercicio central de la sesión: catar cuatro vinos en cada una de esas formas para evidenciar cómo el recipiente modifica la percepción.
Los vinos elegidos fueron Cloudy Bay Sauvignon Blanc 2025, Avgvstvs Chardonnay 2025, Castell d’Encus Acusp 2022 y Can Ràfols dels Caus Caus Lubis 2004.
Cuatro vinos, resultados distintos según la copa
Los contrastes resultaron llamativos. Cloudy Bay Sauvignon Blanc 2025 mostraba su perfil aromático con mayor claridad y elegancia en su copa específica, mientras que en la de Chardonnay aparecía apagado y ganaba presencia alcohólica. Avgvstvs Chardonnay 2025 se expresaba con amplitud en su copa, pero resultaba tímido en la de Sauvignon Blanc y más alcohólico en la de Pinot Noir/Nebbiolo. Castell d’Encus Acusp 2022, elaborado con Pinot Noir, alcanzaba su mayor expresión frutal en la copa diseñada para esa variedad —con abundante fruta roja y una estructura amable—, mientras que en la de Cabernet/Merlot aparecían notas más verdes y amargas y había menos presencia de la fruta roja fresca. Can Ràfols dels Caus Caus Lubis 2004, un Merlot de guarda, desplegaba fruta negra, especias y un tanino sedoso en su copa correspondiente; en la de Pinot Noir/Nebbiolo la fruta se reducía, la acidez aparecía menos integrada y el tanino se hacía más presente, y en la de Sauvignon Blanc la fruta negra quedaba tapada por notas de madera con un tanino igualmente poco pulido.

La sesión nos dejó pensando en si la misma copa que saca lo mejor de un vino puede mostrar lo peor de otro. Maximilian Riedel trasladó esa idea a un consejo concreto para quienes se inicien en el mundo del vino: la primera copa que conviene adquirir es la correspondiente al varietal favorito de cada uno, ya que es la que más vas a utilizar. Y en cuanto al precio, su consejo es simple: merece la pena invertir en una copa tanto como se invertiría en la botella de vino que se va a servir en ella.
