La vendimia 2026 en Sicilia arrancó esta semana en la costa occidental de la isla con las primeras castas blancas de maduración temprana. Desde ahí, la cosecha recorrerá durante cerca de cien días la franja poniente, el interior, la meseta Iblean, el estrecho de Messina, las islas menores y, finalmente, el Etna, donde la recolección podría no concluir hasta los primeros días de noviembre. Ninguna otra región vitivinícola europea somete a sus viticultores a un calendario tan exigente. Y este año, por primera vez desde 2024, las condiciones de partida son favorables.
Cuenta Filippo Bartolotta en The Drinks Business que, dos cosechas atrás, Sicilia atravesaba una de las crisis agrícolas más graves de las últimas dos décadas. La peor sequía en casi veinte años llevó a Roma a declarar el estado de emergencia en mayo de 2024; más de noventa municipios sufrieron restricciones hídricas, y la asociación agraria Coldiretti cifró los daños en el sector primario en 2.700 millones de euros solo durante los primeros siete meses del año. La cosecha de trigo se desplomó más de la mitad, y los viticultores adelantaron la vendimia hasta diez días, no porque la uva estuviese lista, sino porque no quedaba nada por lo que esperar. Al fracaso meteorológico se añadía uno administrativo: según el instituto estadístico ISTAT, la red hídrica de la isla pierde casi el 52 % del agua que circula por ella.
La cosecha de 2026 llega como una tregua. “Un invierno y una primavera especialmente lluviosos permitieron una buena restauración de las reservas hídricas del suelo”, señala Pietro Pollara, vicepresidente de Assovini Sicilia, quien añade que los picos de calor de julio “fueron bien gestionados por las plantas gracias a la disponibilidad hídrica acumulada” y avanza perspectivas de vinos con “un perfil aromático interesante y un buen equilibrio entre frescura y elegancia”.
El alberello, un sistema de riego sin tuberías
Detrás de la recuperación de 2026 subyace una fortaleza estructural que el resto del mundo vitivinícola empieza a valorar con urgencia: la mayor parte de la viticultura siciliana es de secano; no por elección estética ni como argumento de marketing, sino porque durante siglos no existió alternativa. El resultado es un acervo de conocimiento práctico sobre el cultivo sin riego, algo habitual en muchas de nuestras regiones vitivinícolas pero que en regiones como Burdeos, Napa o el Languedoc intentan hoy “aprender” con ayuda de consultores.
La expresión más depurada de ese conocimiento reside en Pantelleria y en su vite ad alberello, que no es otra cosa que la vid en vaso, conducción habitual en nuestro viñedo viejo pero auténtica rareza en numerosas zonas donde se practica una viticultura basada en la producción. El caso es que este sistema de conducción fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO en noviembre de 2014 —Italia siempre nos ha ganado por goleada defendiendo “lo suyo”—, y se convirtió en la primera práctica agrícola en recibir ese reconocimiento.
Las vides se plantan en hondonadas excavadas unos veinte centímetros en el suelo, que protegen la planta del viento, retienen la humedad y recogen cada gota de lluvia. En Noto, Gionata Pulignami, director técnico de la bodega Zisola, resume el principio: “La ausencia de estructura permite la libre circulación de las corrientes más frescas y las brisas marinas”. Una espaldera acumula calor y bloquea el aire; el alberello no hace ninguna de las dos cosas.
Este sistema tiene, además, un testigo literario de peso. Según escribe el propio Filippo Bartolotta, en el canto IX de La Odisea Homero describe vides cargadas de racimos que brotan sin siembra ni labranza en la tierra de los cíclopes, alimentadas únicamente por la lluvia de Zeus. La tradición griega situó siempre a los cíclopes al pie del Etna. Esa descripción constituye uno de los primeros testimonios escritos del cultivo de secano mediterráneo que conserva la humanidad, redactado hace casi 2.700 años.
Grillo, Zibibbo y una ventana de cien días
La uva Grillo concentra buena parte del optimismo vitícola en la costa occidental. El artículo publicado en The Drink Business cita a diferentes viticultores y enólogos para dibujar una vendimia eperanzadora. Giampiero Vantaggiato, agrónomo de Feudo Stagnone & Cantine Birgi, la describe como “una variedad resiliente, capaz de afrontar condiciones climáticas difíciles”, con excelente comportamiento vegetativo también en Nero d’Avola y Perricone. En las Eolias, Pietro Colosi, enólogo de la bodega Colosi, en Salina, prevé una Malvasía de “notable complejidad aromática y frescura”. En las colinas de Ragusa, Carlo Casavecchia y Gaetana Jacono, de Valle dell’Acate, anticipan un Frappato “complejo, inusual, elegante y a la altura de los tiempos”. En Pantelleria, el Zibibbo muestra una relación azúcar-acidez “particularmente equilibrada”, con una vendimia escalonada desde las parcelas costeras hasta las de mayor altitud, según informa Gianfranco Giacalone, de Cantine Pellegrino. En el Etna, Salvatore Rizzuto, enólogo de Gambino, apunta a un Nerello Mascalese y un Carricante sanos, con “un interesante equilibrio entre madurez fenólica y acidez”. La nota de cautela llega desde la D. O. C. Mamertino, donde Antonio Grasso, de Feudo Solaria, prefiere esperar: “Somos cautos. Será importante entender cómo reacciona la Nocera, una variedad particularmente sensible a las altas temperaturas”.
Todo ello ocurre mientras La Odisea de Christopher Nolan llena las salas de cine de medio mundo desde su estreno el 16 de julio, con sus principales escenarios italianos en Favignana, en las islas Egadi, a media hora náutica desde Trapani y Marsala —exactamente donde esta vendimia comenzó, donde crece el Grillo y donde los comerciantes ingleses inventaron el Marsala en la década de 1770—, y con las islas Eolias como otro de los enclaves protagonistas del rodaje. El rodaje duró 91 días; la vendimia siciliana durará cien. Filippo Bartolotta, en The Drinks Business, señala que los calendarios se solapan casi exactamente y que la isla dispone de una ventana breve para rentabilizar esa coincidencia.
