La prestigiosa publicación británica Decanter ha otorgado 97 puntos al vino Finca Los Hoyales 2018 de Cruz de Alba, la máxima puntuación de su especial 2025 dedicado a Ribera del Duero. Este reconocimiento sitúa a Cruz de Alba entre los cinco mejores elaboradores de la región, consolidando el trabajo pionero en viticultura biodinámica desarrollado por Sergio Ávila, quien desde 2003 está al frente del proyecto como gerente, viticultor y enólogo.
El informe, elaborado por Ines Salpico, editora y miembro del panel de expertos de Decanter, describe este tempranillo como «un vino que necesita tiempo en la copa, pero, una vez que se le permite florecer, revela complejas capas de granada, arándano rojo, semilla de hinojo y ciruela, con seductores matices vegetales en la parte alta y un toque ahumado vibrante. Jugoso, fresco y con gran personalidad, muestra precisión y viveza en todo su recorrido».
Un proyecto referente en biodinámica
Decanter califica a Cruz de Alba como «un proyecto referente» y uno de los máximos exponentes de la viticultura de calidad. La publicación británica describe la experiencia de conocer esta bodega como «fascinante y reveladora, guiada por Sergio Ávila, enólogo de Cruz de Alba. Un pionero de la biodinámica cuyos vinos desafían las categorías y exhiben un inconfundible carácter terroso».
Sergio Ávila, natural de Quintanilla de Onésimo, decidió transformar el viñedo a ecológico en 2006 y apenas dos años después dio un paso más comenzando a cultivarlo según los principios de la biodinámica. Para él, se trata de «una filosofía que entiende el viñedo como un ser vivo en relación con su entorno», una forma de trabajar que le permite elaborar «vinos sinceros, sanos, respetuosos y además de altísima calidad».
El medio especializado destaca que «más allá del carácter de los vinos, el impacto del proyecto de Cruz de Alba en Ribera demuestra que otro tipo de manejo del viñedo no solo es posible, sino quizás esencial para preservar un paisaje equilibrado y resiliente». Y añade que «hay mucho que aprender de la suave heterodoxia de Ávila».
Para Sergio Ávila, «este reconocimiento refuerza nuestra convicción de que el respeto por la tierra y el cuidado de cada detalle en el viñedo se traducen en vinos de una personalidad inconfundible. En cada añada buscamos que la vid hable por sí misma, que el suelo, el clima y la biodiversidad de nuestro entorno se expresen sin filtros. Trabajar de manera biodinámica no es solo una técnica: es una forma de entender la viticultura como un ciclo vivo, donde cada intervención, desde la poda hasta la vendimia, se realiza con respeto y conciencia».
Un terruño excepcional de casi 70 años
El viñedo de Cruz de Alba se encuentra en Padilla de Duero, en la margen izquierda del río Duero, a 750 metros de altitud. La finca cuenta con 40 hectáreas divididas en 18 parcelas con distintos tipos de suelo, donde predominan las arcillas y limos, aunque también aparecen arenas silíceas.
Finca Los Hoyales procede de la parcela más especial de la bodega: una viña de 1,8 hectáreas plantada entre 1958 y 1963, la más antigua de Cruz de Alba. Las cepas de Tempranillo, de casi 70 años, hunden sus raíces en suelos de arenas silíceas donde tienen un rendimiento muy bajo pero producen una uva de excelente calidad. Es una viña conducida en espaldera y orientada de este a oeste, siguiendo el curso del río Duero.
La vendimia de 2018 presentó características climáticas particulares que influyeron decisivamente en el carácter final del vino. Como recoge Sergio Ávila en su cuaderno de campo, «2018 se presentó más favorable en términos de precipitaciones, con lluvias más abundantes y mejor repartidas. Unas fuertes lluvias en mayo (115 litros) refrescaron el ambiente y retrasaron la brotación de esta zona del viñedo hasta el 15 de mayo».
Estas condiciones meteorológicas obligaron a extremar la vigilancia sanitaria del viñedo, ya que «la humedad relativa se mantuvo elevada durante las noches hasta el envero, que llegó el 7 de agosto». Gracias a la aplicación de suero de leche y al preparado 501 (compuesto por sílice que deshidrata el entorno gracias a su regulación lumínica), consiguieron mantener un estado sanitario excepcional en la uva. El retraso acumulado durante toda la añada se tradujo en una vendimia tardía que tuvo lugar los días 23 y 24 de octubre, «justo antes de las primeras lluvias».
Elaboración artesanal con métodos biodinámicos
La elaboración de Finca Los Hoyales sigue fielmente los principios biodinámicos en todas sus fases. La vendimia es manual, con selección de racimos en el propio viñedo. En bodega, las uvas son despalilladas y fermentan con levaduras autóctonas en barricas nuevas de roble francés de 500 litros, realizando tres bazuqueos diarios durante los 13 días que dura el proceso.
La fermentación maloláctica también tiene lugar en las mismas barricas, donde el vino permanece 22 meses sin trasiegos, simplemente se remueven las lías periódicamente. Tras el embotellado, el vino reposa alrededor de un año en bodega antes de su lanzamiento, «permitiendo que madure y alcance su equilibrio, para ser disfrutado como un vino noble y complejo».
Como describe Sergio Ávila: «El trabajo con las viejas vides de Los Hoyales ha alcanzado con los años una compenetración maravillosa. Nos conocemos, nos respetamos y compartimos las mejores sensaciones. De esta relación con la viña y su naturaleza sólo puede salir un vino coherente, lleno de sinceridad, emoción y vida».
Dos décadas de compromiso con la biodinámica
Cruz de Alba comenzó a trabajar con agricultura ecológica en 2006 y con biodinámica en 2008, adaptando esta viticultura a las condiciones específicas de cada añada y a los diferentes suelos y microclimas de la finca. En 2023 consiguió el prestigioso certificado Demeter, consolidando su posición como referente en viticultura sostenible.
El objetivo principal de este método es «aportar al suelo lo necesario para su armonía y para una buena nutrición de la vid». Entre hileras se plantan cultivos complementarios, como avena y leguminosas, que ayudan a oxigenar y reequilibrar. Se aplica compost elaborado a partir de estiércol orgánico y se utilizan preparados vegetales y minerales a base de manzanilla, árnica montana, sílice y otros elementos.
En cuanto a las vides, su cuidado es detallista y minucioso, «con la finalidad de equilibrar la relación planta-suelo-entorno a largo plazo». No se busca un rendimiento alto, ni siquiera óptimo. La noción clave es conseguir un rendimiento equilibrado. «Sin presiones ni estrés añadido, las cepas responden con sutilidad y alegría».
El trabajo en bodega resulta igualmente crucial. Como explica Sergio Ávila, «lo que tocan nuestras manos la gente se lo va a llevar a la boca», destacando la importancia de la limpieza y meticulosidad en todos los procesos. Se seleccionan levaduras indígenas del viñedo, se vinifica cada parcela por separado, se trasega según el calendario biodinámico y se utilizan formatos grandes, como barricas de 500 litros, para fermentar y afinar.
Años de práctica consciente demuestran que la biodinámica con el sello Cruz de Alba contribuye a una mayor acidez y a un perfil de la uva más jugoso y afrutado. De esta manera, los vinos de Cruz de Alba consiguen ser el fiel reflejo del lugar y de las condiciones del año, resultando expresivos, vibrantes y de una gracia singular en la que late la vida del viñedo.
El reconocimiento de Decanter confirma que este «camino, a la vez ancestral y profundamente innovador, es esencial para preservar la autenticidad de Ribera del Duero y para ofrecer vinos que emocionen, que inviten a reflexionar y que permanezcan en la memoria de quienes los disfrutan».
