La cosecha de este año marca un punto de inflexión para la Denominación de Origen Navarra: por primera vez podrán elaborarse vinos bajo las nuevas menciones Vino de Pueblo y Rosado Tradición, dos figuras aprobadas por el Pleno del Consejo Regulador e incorporadas al pliego de condiciones de la denominación en su versión de marzo de 2026. La vendimia que ya ha arrancado en la Ribera Alta y la Ribera Baja, con un adelanto notable respecto a campañas anteriores, será así el punto de partida de estas dos categorías.
Vino de Pueblo: el territorio como argumento
La mención Vino de Pueblo busca poner en valor el origen concreto de las uvas dentro del mapa de la denominación. El pliego contempla dos modalidades. La primera, “Vino de…”, exige que las uvas procedan exclusivamente de viñedos de un único municipio de la D.O. y que la elaboración, la crianza en su caso y el embotellado se lleven a cabo también en ese mismo municipio. La segunda, “Viñedo en…”, permite que la elaboración tenga lugar en otro municipio de la denominación, siempre que las uvas provengan íntegramente del término indicado en la etiqueta. En ambos casos, el Consejo Regulador expedirá contraetiquetas y precintas específicas con la mención Vino de Pueblo.
Estas elaboraciones estarán además sujetas a rendimientos de viñedo más restrictivos que los aplicables al resto de vinos de la denominación: 6.400 kg/ha para variedades tintas y 7.500 kg/ha para blancas, frente a los 8.000 y 9.200 kg/ha respectivos que rigen con carácter general en la D.O.
Rosado Tradición: Garnacha y sangrado para el vino más auténtico de la D.O. Navarra
La otra gran novedad de esta vendimia es el Rosado Tradición, una mención diseñada para proteger y singularizar uno de los estilos más arraigados en la historia de la D.O. Navarra: el rosado elaborado con Garnacha por el método de sangrado. El vino deberá proceder en un cien por cien de esta variedad y los mostos habrán de obtenerse exclusivamente por gravedad, sin ningún medio mecánico que favorezca la extracción. El pliego fija además un parámetro analítico diferenciador: la intensidad colorante debe situarse entre 0,35 y 1,65 unidades de absorbancia por centímetro, lo que delimita con precisión el perfil cromático exigido a esta categoría.
No es casual que la Garnacha protagonice esta mención. La variedad ocupa un lugar central en la identidad histórica de la denominación: tras la crisis filoxérica de finales del siglo XIX, el viñedo navarro se replantó mayoritariamente con esta cepa, precisamente por su adaptación a los distintos ecosistemas de la región y su idoneidad para producir los rosados de sangrado que han definido el estilo de la zona durante generaciones.
Una denominación con cinco zonas y una cosecha por encima de la media
Las previsiones del Gobierno de Navarra apuntan a una producción de algo más de 39,3 millones de kilos de uva, un 14% por encima de la cosecha de 2025, aunque las altas temperaturas de los últimos meses han moderado las expectativas iniciales. La diversidad climática de las cinco zonas de la denominación —Ribera Baja, Ribera Alta, Tierra Estella, Valdizarbe y Baja Montaña— garantizará que la recogida se prolongue a lo largo de aproximadamente dos meses. En esa diversidad reside también parte de la lógica de las nuevas menciones: una denominación articulada en cinco zonas con perfiles climáticos y edáficos bien diferenciados ofrece con estas nuevas menciones la posibilidad de trasladar esa diversidad a la etiqueta.
