La denominación cierra su segunda vendimia más abundante de la década, con 129,5 millones de kilos de uva, pese a una campaña marcada por el mildiu y el pedrisco.
La Denominación de Origen Ribera del Duero ha puesto punto final a una vendimia que parecía condenada por el clima y ha terminado por convertirse en una de las más prometedoras de los últimos años. Los 129.555.457 kilos de uva recogidos entre el 28 de agosto y el 28 de octubre sitúan esta cosecha como la segunda más abundante de la última década, pero es la calidad del fruto —y no solo la cantidad— lo que ha despertado el optimismo del sector.
Según las primeras valoraciones del Consejo Regulador, los tintos de 2025 mostrarán taninos pulidos y sedosos, con un equilibrio notable entre grado alcohólico y acidez. El reducido tamaño de la baya, consecuencia de las condiciones del año, ha favorecido una mayor concentración de color, lo que augura vinos con capacidad de envejecimiento y un perfil que los técnicos ya comparan con la celebrada añada 2024.
La sorpresa podría llegar de la mano de los blancos. Pese a representar apenas el 1,11 % de la producción, las variedades blancas han alcanzado una intensidad aromática y una estructura en boca que, según el Consejo Regulador, permitirán a muchos de ellos evolucionar en barrica.
Una campaña de obstáculos en Ribera del Duero
El camino hasta aquí no fue sencillo. El ciclo vitícola arrancó con la amenaza del mildiu y varios episodios de pedrisco que afectaron a distintas zonas de la denominación. Sin embargo, la experiencia de los viticultores y un tramo final de clima favorable permitieron que la uva completara una maduración lenta y equilibrada.
“A pesar de los desafíos climatológicos del año, nuestros viticultores y bodegas han sabido gestionar el viñedo con precisión y compromiso”, ha destacado Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador, quien añade que “esta añada refleja lo mejor de nuestra denominación: resiliencia, profesionalidad y una identidad enológica única”.
Los datos de esta campaña confirman una tendencia consolidada: el 65,35 % de la superficie inscrita se vendimió a mano. Este método, más costoso y laborioso, permite seleccionar los racimos directamente en la cepa y minimizar el daño tanto a la uva como a la vid, un factor especialmente relevante en un año con incidencia de enfermedades fúngicas.
La denominación, que cuenta con 27.468 hectáreas de viñedo y más de 300 bodegas, reforzó además sus controles durante toda la campaña, con seguimientos de maduración, aforos de producción e inspecciones para garantizar la trazabilidad del origen.
Ribera del Duero, distinguida como Mejor Región Vitícola del Mundo en 2012, cierra así un año que pone a prueba y, al mismo tiempo, reafirma su reputación. Los primeros vinos de la añada 2025 llegarán al mercado con un mensaje claro: cuando el clima complica, el conocimiento del terreno marca la diferencia.
