Radiografía de las Rutas del Vino de España: quién viaja, cuánto gasta y por qué

El enoturista que recorre las Rutas del Vino de España gasta hoy considerablemente más que hace tres años, según el Observatorio Turístico de Rutas del Vino de España, el estudio anual que elabora la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN) desde 2008 para analizar el perfil de la demanda. El informe correspondiente al periodo comprendido entre el segundo semestre de 2025 y el primer semestre de 2026 se ha elaborado a partir de encuestas recogidas en 19 de las 38 Rutas del Vino que forman actualmente el Club de Producto, ya que no todas han participado en esta edición.

El gasto medio diario ha subido de forma notable, hasta rozar los 350 euros por persona, lo que eleva el desembolso medio por toda la estancia —de poco más de dos días y medio— hasta cerca de los 900 euros. El repunte, con todo, debe leerse con matices: el último informe comparable es de hace tres años, así que la cifra arrastra tanto la subida habitual de precios como el crecimiento progresivo que suele registrar este indicador. Restaurantes y bares, alojamiento y compra de vino son los capítulos que más han tirado del gasto al alza, que además supera con holgura la media del turista nacional y también la del visitante extranjero en España.

El grupo de tamaño medio gana en importancia

Uno de los datos que más llama la atención es el tamaño medio de los grupos que visitan las Rutas del Vino, que se ha disparado hasta duplicar con creces el de la edición anterior, la cifra más alta desde que se registra este indicador. El informe lo atribuye al auge de eventos organizados junto a los establecimientos asociados y al éxito de experiencias como los llamados Buses del Vino.

El viaje en pareja sigue siendo la fórmula predominante, por delante de los grupos de amigos, que pierden peso, y de las familias con niños, que prácticamente doblan su presencia respecto al periodo anterior. El perfil típico continúa siendo el de una mujer de mediana edad con un vínculo aficionado, más que profesional, con el mundo del vino, aunque crece de forma llamativa el segmento de quienes no tienen ninguna relación previa con él, algo inédito hasta ahora en la serie histórica del estudio.

Menos visitas a bodegas, más gastronomía

La visita a bodegas sigue siendo la actividad estrella, aunque ha perdido peso frente a ediciones anteriores. Le siguen de cerca disfrutar de la gastronomía, la degustación de vinos locales y la visita a los pueblos del entorno. El hotel continúa siendo el alojamiento preferido, aunque cede terreno frente al hostal y la pensión, y el vehículo propio o alquilado sigue siendo, con diferencia, la forma de moverse por las Rutas.

La recomendación de familiares y amigos se mantiene como la principal vía por la que los visitantes conocen cada Ruta, por delante de la web y las redes sociales. Con todo, menos de la mitad de los encuestados conocía previamente la marca Rutas del Vino de España como tal antes de su visita.

Turista o excursionista: dos formas distintas de vivir el enoturismo

El informe distingue entre quienes pernoctan en el destino y quienes lo visitan sin quedarse a dormir, dos perfiles que este año aparecen más igualados que nunca. Las diferencias entre ambos son notables: el excursionista viaja motivado sobre todo por el enoturismo, mientras que el turista reparte su interés entre el ocio, las vacaciones y otros alicientes complementarios. El gasto también difiere de forma sustancial, con el turista gastando considerablemente más en restaurantes y bares que el excursionista.

Con todo, la valoración global de la experiencia se mantiene alta y prácticamente la totalidad de los encuestados afirma que recomendaría la visita a las Rutas del Vino de España, un porcentaje que se mantiene por encima del 99% desde hace varias ediciones del estudio.

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