El vino natural es aquel que se elabora con la mínima intervención posible: uvas de viticultura ecológica o biodinámica, fermentaciones espontáneas con levaduras indígenas, sin aditivos (o con dosis muy reducidas de sulfitos como único aditivo) y sin correcciones enológicas. El objetivo es dejar que el vino se haga a sí mismo.
El término “vino natural” no está regulado de forma uniforme en España, por lo que la confianza en el productor es esencial. Cuando está bien hecho, ofrece una pureza y una expresividad muy particulares. Cuando falla, puede mostrar defectos evidentes, algo que ocurre con mayor frecuencia que en los vinos “convencionales”, en los que las decisiones enológicas y el uso de conservantes disminuye la aparición de defectos evidentes. Es una categoría que genera debate, pero que ha aportado una mirada fresca y necesaria al mundo del vino.