El terroir es la suma de factores naturales y humanos que dan a un vino su carácter único e irrepetible. Incluye el suelo (composición, profundidad, drenaje), el clima (temperaturas, pluviometría, insolación), la altitud, la orientación de la parcela, la variedad de uva y, por supuesto, la mano del viticultor y del elaborador. En español, cada vez está más aceptado emplear la voz “terruño” con la misma acepción que terroir.
En cualquier caso, el terroir no es solo el suelo, como a veces se simplifica. Es el lugar completo hablando a través de la uva. Dos parcelas contiguas pueden producir vinos distintos si cambian la altitud, la exposición, el tipo de suelo o, por supuesto, el vitivinicultor. Entender el terroir es entender por qué un vino “sabe” a un sitio concreto y no a otro. Es el concepto central de la viticultura de calidad.