En el sistema español de categorías de envejecimiento, un Reserva es un vino que eleva los requisitos de tiempo respecto a un Crianza: normalmente, 36 meses de envejecimiento total, con al menos doce meses en barrica para los tintos, si bien cada denominación de origen establece sus normas. El resultado es un vino con más complejidad, mayor integración de la madera y mejor capacidad de guarda.
En un buen Reserva, la fruta sigue presente, pero ya aparece un bouquet más complejo. Los Reservas bien elaborados son vinos de media guarda o de guarda, capaces de evolucionar positivamente durante varios años en botella. Representan un equilibrio muy apreciado entre accesibilidad y profundidad.
No debe confundirse el término español de “reserva” con el concepto de “vino de reserva” de regiones como Champagne, donde los vinos de reserva son vinos de añadas anteriores que forman parte de la mezcla final para dar complejidad y homogeneidad al vino resultante.