La barrica es el recipiente de madera —normalmente roble francés o americano— donde el vino realiza parte de su crianza. Su capacidad más habitual es de 225 litros (barrica bordelesa), aunque existen formatos mayores y menores. De hecho, en la actualidad existe una tendencia a emplear formatos más grandes en mayor cantidad. La barrica aporta tres cosas fundamentales: microoxigenación lenta, taninos de la madera y aromas (vainilla, coco, especias, tostados, humo…), según el origen del roble y el grado de tostado aplicado por el tonelero.
El número de usos de la barrica es decisivo: las nuevas aportan más intensidad; las usadas, más discreción. La elección del tipo de barrica es una de las decisiones más importantes del enólogo, ya que su tipología influirá decisivamente en el estilo del vino.