Sacristía AB Manzanilla Saca 16 V Salón de los Vinos Generosos

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Cerramos la visita al V Salón de los Vinos Generosos con un proyecto realmente extraordinario: la selección de vinos viejos de Antonio Barbadillo Mateos, quien con casi tanto desparpajo como conocimiento nos abrió las puertas de su sacristía a través de cinco espectaculares elaboraciones, joyas enológicas de Sanlúcar de Barrameda sacadas a la luz por este bodeguero que se aparta, así, de la bodega familiar (Barbadillo) para dar salida a estos tesoros escondidos en los que tanto la mano del hombre como el tiempo tienen mucho que decir.
Comenzamos con la Manzanilla Saca 16 en Rama, una selección de 31 botas que el propio Antonio eligió tras haber catado, una a una, las 119 botas existentes en la sanluqueña bodega Yuste. Se trata de un monovarietal de Palomino Fino con una larga crianza (entre nueve y 10 años) bajo velo de flor. Es una manzanilla muy seria y aromática; salina, fresca, seca, con una boca franca, amarga, sápida y un largo posgusto.

Sacristía AB Amontillado Cuarta Saca V Salón de los Vinos Generosos

Pasamos al Amontillado Cuarta Saca. En este caso se trata de una selección de 40 botas de un total de 158 con una crianza media de más de cincuenta años, de los cuales los 10 u 11 primeros se realizaron bajo velo de flor, y las cuatro décadas restantes de forma oxidativa. Embotellado en julio de 2019 (en rama y en botella de 50 cl), es un vino con un marcado aroma a frutos secos y un paladar con una entrada amarga en un trago muy largo que va evolucionando, mostrando una sorprendente acidez y un gusto final sápido. Es un vino realmente difícil de describir, no te dejará indiferente y del cual desde luego, a nosotros, nos encantaría repetir para poder desentrañarlo con mayor precisión.

Sacristía AB Oloroso Tercera Saca V Salón de los Vinos Generosos

Embotellado en rama igualmente en julio de 2019 en botella de 50 cl, el Oloroso Tercera Saca es también otro de esos vinos “olvidados” en botas durante casi medio siglo. Con una nariz muy compleja en la que mandan los frutos secos, su trago es menos largo que el del Amontillado, y hará las delicias de quienes busquen la presencia de la crianza, con abundantes aromas volátiles y tostados procedentes de la madera.

Sacristía AB Palo Cortado Saca Única V Salón de los Vinos Generosos

Y el plato fuerte de la cata es el excepcional Palo Cortado Saca Única, un exclusivo vino con una crianza centenaria (sí, has leído bien) procedente de la sanluqueña bodega Juan Piñero, un palo cortado del que se han puesto a la venta únicamente 1.000 botellas de 50 cl.
Y ¿qué cabe esperar de un vino con una crianza de 100 años? Desde luego, no vas a encontrar equilibrio, y es difícil que tengas muchas referencias similares. Nosotros, desde luego, no las teníamos. Por eso cuando te enfrentas a algo tan especial, ese desequilibrio no puede considerarse un defecto, sino una peculiaridad, una característica diferenciadora como también lo son su extrema sapidez, su verticalidad, su enorme longitud, una nariz sumamente compleja… caramelo, naranja, maderas de diversa procedencia… aromas muchos de ellos ya amalgamados por el paso del tiempo.

Sacristía AB K de Quina Saca Única V Salón de los Vinos Generosos

Y, “de postre”, Antonio nos propone una quina… una quina vieja que, según nos explica el propio Antonio, nada tiene que ver con esos olorosos mezclados con almíbar (agua azucarada) o miel y emulsionados con la propia quina (la corteza del quino).
K de Quina Saca Única es un ensamblaje de “Pedro Ximénez, moscatel y oloroso emulsionado con corteza de quino, cáscara de naranja amarga, tomillo, romero, regaliz y hasta marihuana” nos cuenta medio en broma y medio en serio Antonio Barbadillo sobre este subproducto vínico que, con 70 años de crianza, ha adquirido una nobleza en la que muy probablemente su elaborador jamás pensó. Su nariz nuevamente no se parece a nada, compleja, muy herbácea, con frescas notas de eucalipto mezcladas con olores rancios. El trago es un auténtico mazazo, un puñetazo directo al paladar que poco a poco acaba suavizándose. Es como una salsa, concentrado, muy dulce, amargo, rancio, ácido… muy amargo al final, con recuerdo a mostaza. Y lo mejor de todo, lo más irónico, divertido o quizá lo más grande es que hasta en esta quina encontramos la magia de la fortificación, del devenir del tiempo, la magia de la crianza oxidativa; en definitiva: la magia de los vinos generosos.