Tinto Figuero Viñas Viejas 2017

No había cepas viejas en La Horra cuando nació José María García, en un lejano 1936. No las había porque la filoxera había llegado a esta zona burgalesa de la Ribera del Duero a principios del pasado siglo. Y aunque muchos han olvidado demasiado pronto la importancia del viñedo viejo, para José María es una de las bases en las que se cimienta su bodega.
Tinto Figuero Viñas Viejas 2017 representa ese amor por el viñedo viejo, ya que se elabora con Tempranillo de cepas de tres de las parcelas que la bodega posee en el municipio de La Horra: El Castillo, La Calleja y San Cristóbal, viñas de cultivo ecológico plantadas entre 1910 y 1930, con orientaciones Este y Oeste, altitudes de entre 810 y 840 metros, suelos arenosos, arcillosos y limosos, y producciones de un kilo por cepa. Las uvas, vendimiadas a mano en cestos de 12 kilos, viajan inmediatamente a la bodega, donde, tras despalillarse y encubarse por gravedad, maceran durante dos días a 12 grados, para fermentar posteriormente a 29 grados con remontados manuales y un delestage. Después de dos semanas, el vino se descuba y pasa a reposar durante 15 meses en barricas nuevas y de segundo uso de roble francés.
Nada más servirlo, observamos un color picota de buena intensidad con el halo violáceo y una capa glicérica brillante. Recién abierto, un ligero aroma reductivo pide que le dejemos respirar. Si eres de disfrutar desde el primer momento, deberás decantarlo, pero nuestro consejo es que vayas sirviendo copas más bien pequeñas y lo vayas aireando con giros de muñeca para disfrutar del espectáculo de un vino con potencial de guarda que poco a poco despierta después de varios años encerrado. Enseguida comienza a aparecer la fruta roja y negra, y en una nueva búsqueda olfativa encontramos especias, hoja de tabaco, alguna nota ahumada muy sutil… una nariz muy clásica que da paso a una boca realmente compleja y bien equilibrada, donde las sensaciones de la fruta se perciben sobre una base de taninos domados en un vino carnoso, con la madera muy bien integrada, con acidez, pero sin estridencia; un vino ancho, largo, intenso pero no puntiagudo… un vino que presume de terruño y reivindica la importancia de las viñas viejas.

Tinto Figuero Viñas Viejas 2017 Cápsula

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When José María García was born, in a distant 1936, there were no old vines in La Horra. There were none because phylloxera had reached this area of ​​Burgos, in the Ribera del Duero, at the beginning of the last century. And although many people have forgotten too soon the importance of the old vineyard, for José María it’s one of the bases of his winery.
Tinto Figuero Viñas Viejas 2017 represents that love for the old vineyard, since it’s made with Tempranillo vines from three of the plots that the winery owns in the village of La Horra: El Castillo, La Calleja and San Cristóbal, organically grown vineyards planted between 1910 and 1930, with East and West orientations, altitudes between 810 and 840 meters, sandy, clayey and silty soils, and yields of one kilo per strain. The grapes, hand harvested in 12-kilo baskets, immediately travel to the winery, where, after being destemmed and concealed by gravity, they macerate for two days at 12 Celsius degrees, before they ferment at 29 Celsius degrees with manual pump-overs and delestage. After two weeks, the wine is aged for 15 months in new and second-use French oak barrels.
As soon as it’s served, we observe a good intensity cherry color, with a purple rim and a glossy glyceric layer. Just when we uncork it, slight reductive aroma asks us to let it breathe. If you want to enjoy it from the first sip, you should decant it, but our recommendation is to serve small glasses and to oxigenate the wine with twists of the wrist to enjoy the spectacle of a wine with aging potential that gradually awakens after several years locked up. Immediately the red and black fruit begins to appear, and in a new olfactory search we find spices, tobacco leaf, some very subtle smoked note … a very classic nose that gives way to a really complex and well-balanced palate, where the fruit is perceived on a base of tamed tannins in a well bodied wine, with very well integrated wood, with acidity, but without stridency. It’s a wide, long, intense but not edgy wine … a wine that boasts terroir and vindicates the importance of old vines.

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