Ensayos Capitales 3 Tempranillo Asoleao 2020.

Siempre sopla el viento en La Pasada, un viñedo plantado hace tres décadas en tierras fronterizas de Rioja Oriental, en la ladera norte de la sierra de Yerga, a entre 720 y 810 metros de altitud, abriéndose hacia el valle del Ebro y enfrentado a la lejana sierra de Cantabria.

Son casi 10 hectáreas divididas caprichosamente por barrancos que dibujan parcelas de caóticas formas, con pendientes de hasta el 30 % en las que el Tempranillo crece sin premura, al ritmo de un lugar agreste en el que las noches del verano no parecen noches de verano.

Con una selección de uvas de esta Pasada, de este increíble paso de montaña rodeado de pinares, monte bajo y encinas centenarias, nace la tercera entrega de Ensayos Capitales de Queirón, una serie de vinos efímeros de baja producción con los que Rubén Perez Cuevas, enólogo de la bodega, va dando pasos en ese interminable viaje por etapas que supone elaborar el vino.

Así se elabora Queirón Ensayos Capitales 3 Monovarietal Tempranillo Asoleao 2020

Tras una vendimia a mano en el momento óptimo de maduración, los racimos fueron extendidos en cañizos en la propia viña, donde se asolearon durante cinco días, tras lo cual fueron trasladados a la bodega, excavada en la ladera del barrio de bodegas de Quel. Allí, se despalillaron, se estrujaron y se seleccionaron los granos, que fermentaron en barricas abiertas, con bazuqueos diarios. Posteriormente, el vino se trasegó a barricas de roble americano de primer uso, en las cuales hizo la maloláctica y, ya sin las lías gruesas, permaneció afinándose durante cinco meses en barricas de roble francés antes de pasar a la botella.

Cuando lo servimos, encontramos un vino de color rojo picota cuya nariz nos ofrece aromas de fruta madura acompañada de sutiles notas de campo, especias y azúcar quemado. En fase gustativa, nuestros prejuicios se vienen abajo cuando comprobamos que es un vino muy vivo, muy dinámico, nada pesado, que ataca nuestra boca con una buena acidez para pasearse por ella exhibiendo sus taninos pulidos con matices secantes; unos matices que se esfumarían decantando el vino. Pero aquí no buscamos la cara más amable de los vinos, sino que desvelen su verdadera personalidad.

Poco a poco, el vino se diluye dejando atrás un trago amplio, largo, intenso, de carácter frutal, con un final balsámico y potencialmente alcohólico en caso de servirse por encima de su rango óptimo de temperatura. Es, en definitiva, un vino vivo, bien estructurado, que promete crecer en la botella si le damos su tiempo, al ritmo de un lugar agreste en el que las noches del verano no parecen noches de verano.

VinoAlcoholProducciónPrecio (75 cl)
Queirón Ensayos Capitales 3 Monovarietal Tempranillo Asoleao 202014,5 %6.987 botellas de 75 cl34 euros

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Queirón Ensayos Capitales 3 2020: A wine from Rioja Oriental that reinterprets the tradition of sun-drying grapes

The wind always blows in La Pasada, a vineyard planted three decades ago in the borderlands of Rioja Oriental, on the northern slope of the Yerga mountain range, at 720 to 810 meters high, opening towards the Ebro valley and facing the distant Sierra de Cantabria.

There are almost 10 hectares capriciously broken up by ravines that draw plots of chaotic shapes, with up to 30% slopes in which Tempranillo grows without haste, following the rhythm of a wild place in which summer nights do not seem like summer nights.

With a selection of grapes from this La Pasada estate, the third chapter of Ensayos Capitales from Queirón winery is born, the third wine of a series of low-production ephemeral wines. After being hand harvested at the optimal moment of ripeness, the clusters were spread out on reed mats in the vineyard itself, where they were sunbathed for five days. Once in the winery, the grapes were destemmed, crushed and selected, and then fermented in open barrels, being daily punched down. Subsequently, the wine was racked into first-use American oak barrels, in which it underwent malolactic conversion and, now without the thick lees, it remained fining for five months in French oak barrels before being bottled.

When we serve it, we find a cherry red wine whose nose offers aromas of ripe fruit with subtle notes of scrubland, spices and burnt sugar. In the palate we see that it’s a very lively wine, with good acidity, with polished tannins and drying nuances. But here we are not looking for the most friendly side of the wines, but rather to let them revealing their true personality.

Little by little, the wine is diluted, leaving behind a broad, long and intense drink, with a fruity character, with a balsamic and potentially alcoholic finish if served above its optimal temperature range. It is, in short, a lively, well-structured wine that promises to grow in the bottle if we give it its time, to the rhythm of a wild place where summer nights do not seem like summer nights.

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