Pirita blanco 2017

Arribes son bancales imposibles en el cañón horadado por el río Duero. Es una tierra pobre barrida por el viento. Arribes es cuarcita, granito y esquistos de pizarra. Arribes es Pirita.
Hablamos de un coupage de Malvasía (Doña Blanca), Godello, Palomino Fino, Puesta en Cruz, Albillo y Moscatel, de vides de entre 40 y 100 años conducidas en vaso.
Las uvas maceran en frío entre dos y tres días, antes de fermentar a baja temperatura y permanecer sobre sus lías durante medio año. Pirita se embotella sin filtrar, sin estabilizar pero clarificado con bentonita, y con la ayuda de la biodinámica, que determina cuándo es el mejor momento para hacer el trasiego.
Pirita blanco 2017 es amarillo intenso, con reflejos dorados. En su nariz destaca la mineralidad, y también hay aromas de melocotón maduro. En boca destaca un gran equilibrio entre acidez y amargor. El trago es elegante, con una entrada suave, que crece en intensidad y termina con un posgusto suave de almendras amargas, sensación repetida en el retronasal.
Es un vino versátil, refrescante, como otros muchos blancos, y a la vez gastronómico. Pero, sobre todo, es un billete sensorial a Arribes, a una tierra pobre barrida por el viento.
🇬🇧
Arribes are impossible terraces in the canyon drilled by the Duero river. It’s a poor soil land swept by the wind. Arribes is quartzite, granite and slate shales. Arribes is Pirita.
We are talking about a blend of Malvasía (Doña Blanca), Godello, Palomino Fino, Puesta en Cruz, Albillo and Moscatel grapes from 40 to 100 years old vines.
The grapes are cold macerated for two to three days, before fermenting at low temperature and remaining on their lees for half a year. It’s bottled unfiltered, unstabilized but clarified with bentonite.
Pirita Blanco 2017 is deep yellow with golden highlights. The minerality stands out on its nose, and there are also aromas of ripe peach. The palate highlights a great balance between acidity and bitterness. The sip is elegant, with a bitter almond soft aftertaste.
It’s refreshing and also gastronomic, but, above all, it’s a sensory ticket to a poor land swept by the wind.