Paixar 2016 Un vino de Bodegas Luna Beberide

Mineralidad. ¿Existe? ¿No existe? ¿Dar un trago a un vino «mineral» te transporta a tu infancia, al escritorio en el que chupabas las minas de los lápices? ¿Es la mineralidad la nueva magdalena de Proust, el nuevo ratatouille?
Para nosotros sí, existe, y el suelo de pizarra nos encanta cuando consigue trasladarse al vino, como ocurre en este Paixar 2016.
Estamos ante un monovarietal de Mencía de cepas viejas de un viñedo de altura, una ladera con suelos de arcilla y pizarra que da origen al niño mimado de Luna Beberide.
Se trata de un vino complejo pero no difícil, con taninos domados por 14 meses de barrica francesa. La fruta está presente, pero el terruño le roba buena parte del protagonismo.
Si lo bebes, quizá no te transporte hasta tu infancia, pero es poco probable que consiga dejarte indiferente.
🇬🇧
Does the minerality exist? Doesn’t it exist? Sipping a «mineral» wine transports you to your childhood, to the desk where you used to suck the pencil lead? Is minerality the new Proust muffin, the new ratatouille?
For us, it does exist, and we love the slate soil when it manages to be transferred to the wine, as happens in this Paixar 2016 .
We are talking about a Mencía single varietal from old vines of a high altitude vineyard, a hillside with clay and slate soils that is used entirely for the spoiled child of Luna Beberide winery.
It’s a complex but not difficult wine, with tannins tamed for 14 months of French oak barrels. The fruit is there, but the terroir steals much of the prominence.
If you drink it, it may not transport you to your childhood, but it’s unlikely that it will leave you indifferent.