Rioja es el paradigma de la categorización de los vinos por sus tiempos de crianza entre barrica y botella. En la base de la pirámide, los vinos genéricos son vinos jóvenes para el consumo rápido que pretenden ofrecer un perfil fresco, con protagonismo de la fruta. Los vinos de la categoría Crianza pasan al menos dos años en bodega, y como mínimo uno de ellos en barrica de roble de 225 litros; en el caso de blancos y rosados, basta con seis meses en madera.
Los vinos etiquetados como Reserva exigen tres años de crianza en total, con al menos uno en barrica seguido de seis meses en botella; para los blancos, la crianza mínima es de dos años. En lo alto de la jerarquía se sitúa la categoría de Gran Reserva: cinco años en total para los tintos, con un mínimo de dos en barrica y dos en botella; cuatro años para blancos, con al menos seis meses en madera.
La denominación contempla también tres categorías de espumosos —Genérico, Reserva y Gran Añada—, con crianzas de 15, 24 y 36 meses respectivamente, elaborados siempre por el método tradicional, pero estos merecerían un capítulo aparte.
El Gran Reserva es, por tanto, sobre el papel, el escalón más alto entre los vinos de Rioja atendiendo a su crianza, pero ¿lo es también en la práctica en vinos como los que vamos a catar hoy?

C.V.N.E. y Contino: Dos maneras de entender el vino de Rioja
Fundada en Haro en 1879, la Compañía Vitivinícola del Norte de España (C.V.N.E. o CVNE) es una de las casas históricas de La Rioja. Bajo su paraguas conviven marcas de trayectorias y personalidades muy distintas: la propia CVNE, Imperial, Asúa, Viña Real y, desde 1973, Viñedos del Contino, el proyecto que muchos consideran el primer château de Rioja en el sentido bordelés del término, en el que la viña circunda la bodega: una finca única, compacta, de 62 hectáreas plantadas en un meandro del Ebro en Laserna, Álava, con casa solariega incluida, donde los vinos proceden únicamente de los viñedos propios de la finca.
Hoy catamos dos grandes reservas de la cosecha 2017, la misma añada —muy desafiante en el conjunto de Rioja por las heladas de abril—, la misma categoría de crianza, el mismo grupo bodeguero y, sin embargo, dos vinos que no podrían ser más distintos: uno es blanco, de Viura, criado durante cinco años en barricas riojanas y botas sanluqueñas casi centenarias; el otro es tinto, de Tempranillo con presencia de Graciano, Mazuelo y Garnacha, afinado 24 meses en roble francés; dos maneras netamente distintas de entender lo que significa esperar.
Monopole Clásico Gran Reserva 2017: El blanco que viajó al sur sin salir de Rioja Alta
Monopole es una de las marcas más antiguas de CVNE, nacida a finales del siglo XIX como un vino blanco destinado a la exportación. Desapareció durante décadas y fue rescatada en 2014 en lo que sus responsables llaman, con precisión, un remake: una vuelta a la vieja manera de elaborar vino blanco en Rioja, cuando las barricas y las grandes tinas de madera eran los recipientes en los que los vinos descansaban habitualmente (muchas veces durante varios años) y los bodegueros desarrollaban todo un saber hacer para que esa simbiosis fuera algo positivo.

La materia prima procede del viñedo propio de La Plana, en Villalba de Rioja, un pueblo de altura —más de 600 metros sobre el nivel del mar— al abrigo de los Montes Obarenes. La viña, conducida en espaldera para protegerla del viento predominante en la finca, crece sobre suelos arenosos que drenan el agua, produciendo un estrés hídrico que ayudará a que la planta produzca racimos sueltos de grano pequeño y concentrado.
La vendimia 2017 fue aquí, como en buena parte de Rioja, una cosecha marcada por el drama: las heladas del 28 de abril truncaron una producción ya mermada por la sequía. El resultado fue escaso en volumen pero excepcional en calidad, con uvas de gran concentración y potencial de envejecimiento.
Los racimos de Viura se vendimian, así, en cajas a primera hora de la mañana, aprovechando las bajas temperaturas para preservar los aromas, y pasan 24 horas en cámara frigorífica antes de ser prensadas suavemente en una pequeña prensa hidráulica. El mosto fermenta en barricas usadas de 400 litros y botas de 500 litros. Pero lo verdaderamente singular viene después: el vino permanece durante nada menos que cinco años en tres barricas riojanas usadas y dos botas jerezanas más antiguas todavía, procedentes de Sanlúcar de Barrameda y envinadas con Manzanilla. La larga crianza estabiliza y limpia el vino de forma natural, sin necesidad de clarificación ni filtrado, ayudando a embotellar un vino más complejo y menos intervenido.
Cata de Monopole Clásico Gran Reserva 2017
Con todo esto, lo que encontramos en la copa de Monopole Clásico Gran Reserva 2017 es un vino de color amarillo limón intenso con reflejos dorados que anticipa la intensidad de lo que viene a continuación.

La nariz nos traslada directamente al sur: aromas de almendra, miel y flor de azahar conviven con notas cítricas, recuerdos de fruta de hueso, un fondo de monte bajo y una nota ahumada, sutil, perfectamente integrada, que aporta profundidad sin enmascarar la fruta.
En boca, este monovarietal de Viura demuestra que la crianza prolongada en madera no tiene por qué implicar pesadez, oxidación, fatiga o aromas volátiles. La acidez es muy buena y está perfectamente integrada; el vino es largo —muy largo—, fino, equilibrado y complejo. La barrica se percibe, pero jamás se impone. Estamos ante un blanco de enorme calidad, un vino que se disfruta a cada sorbo y que invita, irremediablemente, a seguir bebiendo.
Contino Gran Reserva 2017: Un terruño privilegiado trasladado a la copa sin prisas
Cuando en 1973 Viñedos del Contino abrió sus puertas, el concepto de château no era habitual en Rioja: una sola finca, un único viñedo, un vino que no mezclara uvas de distintas procedencias. El modelo bordelés trasladado a un meandro del Ebro en Laserna se traduce en las 62 hectáreas de la finca San Rafael que albergan suelos distribuidos en distintas terrazas con marcadas diferencias entre parcelas que el equipo de Contino trabaja desde hace décadas en busca de la conexión perfecta entre ellas.

El Gran Reserva 2017 se elabora con un coupage de 82 % de Tempranillo, 10 % de Graciano, 5 % de Mazuelo y 3 % de Garnacha, procedentes exclusivamente de las mejores micro-parcelas de la finca. A pesar de las dificultades de la añada, la cosecha llegó sana a la bodega, ya que la finca San Rafael no sufrió daños y, de hecho, la bodega considera esta añada como excepcional en términos de calidad.
La vendimia es manual, en cajas de 15 kilos, con doble selección: en campo y en mesa de selección en bodega. Tras el despalillado, las uvas fermentan en depósitos de hormigón entre 26 °C y 28 °C. Concluida la fermentación alcohólica, se realiza una maceración postfermentativa antes de que el vino pase a hacer la conversión maloláctica en los mismos depósitos. La crianza tiene lugar en barricas de roble francés, mezclando nuevas y usadas, durante 24 meses; posteriormente, el vino continúa su afinamiento en botella hasta alcanzar los cinco años totales, tal y como establece la categoría de Gran Reserva.
Cata de Contino Gran Reserva 2017
La fase visual ya da pistas de lo que vamos a encontrar aquí, con un vino de color rojo picota de capa media, limpio y brillante, que refleja una extracción contenida en una clara búsqueda de elegancia y equilibrio.

En nariz encontramos fruta roja y negra en su punto óptimo de madurez, notas de monte bajo, una madera muy bien integrada y un toque de regaliz, todo ello reflejando un notable equilibrio entre un perfil frutal y balsámico.
En boca, este Contino Gran Reserva 2017 confirma todo lo que prometía la nariz y añade una dimensión que solo el tiempo en botella puede dar: un trago de taninos sedosos —especialmente a medida que el vino se oxigena en la copa—, una buena acidez bien integrada, un trago complejo, fluido, elegante, con abundante fruta y un marcado carácter láctico que toma mayor protagonismo conforme avanza el trago, con un retronasal marcadamente frutal y un largo posgusto.
Es un vino que puede disfrutarse decantándolo previamente si queremos gozar de su máxima expresión desde la primera copa, o sirviéndolo en una copa ancha para disfrutar de su evolución a medida que se abre. Independientemente de la opción que elijas, encontrarás un vino delicioso que no requiere conocimientos ni formación para resultar enormemente placentero.
El sello de gran reserva y la razón de ser del sello
Así, hemos disfrutado de dos vinos con un denominador común: el tiempo utilizado como herramienta, no como un mero certificado. Y es que la etiqueta ‘Gran Reserva’ lleva décadas siendo víctima de su propia democratización, convertida en una categoría que cualquier bodega puede explotar sin un mecanismo que evite que vinos de calidad cuestionable etiquetados como grandes reservas lleguen al comercio on-line o a los lineales de algún supermercado a precios imposibles para una referencia de calidad.
No es, desde luego, el caso de vinos como estos Monopole Clásico y Contino Gran Reserva 2017, que nos recuerdan el lejano origen del término ‘reserva’ antes de oficializarse en un pliego de condiciones en 1970, un término acuñado por los bodegueros riojanos de finales del siglo XIX bajo la influencia de sus socios bordeleses desplazados por la filoxera que trajeron con ellos el arte de la crianza y, muy probablemente, el eco del término réserve del Médoc.
Hoy, Monopole Clásico Gran Reserva 2017 es todo un ejemplo de un vino que bebe de la mejor historia de Rioja con un guiño al Marco de Jerez; un vino elaborado con paciencia extrema, respeto igualmente extremo por la materia prima y un saber hacer que no se adquiere en un laboratorio, sino a través del conocimiento acumulado por generaciones de elaboradores.
Contino Gran Reserva 2017 representa otra cara de una misma Rioja: la elegancia fluida de un tinto que combina ese saber hacer arcaico con una materia prima extraordinaria y una visión moderna. Son vinos diferentes en variedad, color, origen y filosofía. Son vinos idénticos en seriedad, saber hacer y en el valor del tiempo. Y es precisamente en esto en lo que consiste la diferencia entre llevar un sello y merecerlo.

Las claves de Monopole Clásico Gran Reserva 2017
- Viñedo de La Plana, Villalba de Rioja (Rioja Alta).
- Altitud: >600 m. Suelo arenoso. Vendimia manual.
- 100 % Viura.
- Crianza de 60 meses en barricas usadas (400 l) y botas de Manzanilla (500 l).
- Sin clarificación ni filtrado.
- Color amarillo limón intenso con reflejos dorados.
- Nariz compleja y evocadora: almendra, miel, azahar, cítricos, fruta de hueso, monte bajo y ahumados.
- Boca muy larga y fina, con gran acidez, volumen y equilibrio. La madera acompaña sin imponerse.


Las claves de Contino Gran Reserva 2017
- Finca San Rafael, Laserna (Rioja Alavesa).
- Suelos pedregosos en terrazas en un meandro del Ebro. Vendimia manual en cajas de 15 kg.
- Tempranillo (82 %), Graciano (10 %), Mazuelo (5 %), Garnacha (3 %).
- Fermentación en hormigón + 24 meses en barricas de roble francés (nuevas y usadas) + 36 meses en botella.
- Rojo picota de capa media, limpio y brillante. Extracción contenida.
- Fruta roja y negra madura, monte bajo, regaliz y madera muy bien integrada. Equilibrio frutal-balsámico.
- Taninos sedosos, acidez integrada, trago fluido, láctico y complejo. Retronasal frutal y largo.

| Vino | Alcohol | Producción | Precio |
|---|---|---|---|
| Monopole Clásico Gran Reserva 2017 | 13,5 % | 2.730 botellas de 75 cl | 117 euros (75 cl) |
| Contino Gran Reserva 2017 | 13,52 % | 29.483 botellas de 75 cl | 71 euros (75 cl) 213 euros (3 x 75 cl en caja de madera) |
| 1.000 botellas de 1,5 l | 160 euros (1,5 l en caja de madera) | ||
| 50 botellas de 3 l | 485 euros (3 l en caja de madera) | ||
| 25 botellas de 6 l | 1.020 euros (6 l en caja de madera) |



