Menudas Bodegas: Doce pequeñas historias que nos muestran otra Rioja

En Rioja conviven bodegas ampliamente conocidas que elaboran millones de botellas con otras que elaboran menos de 5.000 al año y a las que les cuesta darse a conocer más allá de su entorno. Para dar voz a las segundas nació Menudas Bodegas.

La asociación Menudas Bodegas, que agrupa a doce pequeños vitivinicultores de la DOCa Rioja, organizó en Madrid un salón donde cada bodega presentó sus vinos sin intermediarios, con sus elaboradores, las personas que mejor los conocen, detrás de las mesas. Tras el salón tuvimos la suerte de asistir a un almuerzo donde la charla giró sobre el viñedo viejo, la diversidad del territorio riojano y sus variedades más allá del Tempranillo.

La autenticidad de lo pequeño

Los criterios de admisión en Menudas Bodegas son precisos: menos de 5.000 botellas anuales, vendimia manual, viñedo propio —y si se compra uva, se paga un precio justo para el viticultor— y compromiso con las cepas viejas y el entorno rural. Además, estos cuatro requisitos son un resumen de su filosofía.

Sus doce socios elaboran en municipios repartidos por los principales valles riojanos; desde Badarán, Cárdenas o Baños de Río Tobía, en el valle del Najerilla, hasta San Asensio, Cenicero o Briones en el Ebro, pasando por Hervías en el valle del Oja o Navarrete y Logroño. Se trata de un mapa pequeño pero lleno de matices que habla de suelos, altitudes y microclimas distintos que con demasiada frecuencia se homogenizan.

Raíces y relevos

Bodegas Óscar Pérez arrancó en 2020 con la primera añada de Zaruga, pero sus raíces llegan hasta el siglo XIX. El edificio donde trabaja Óscar con su mujer, Sara Martín, perteneció a su bisabuelo desde 1860, y su calado tiene más de doscientos años; cuatro generaciones y un apodo familiar convertido en nombre de vino. En Madrid, pudimos probar Zaruga Tinto 2022 y Zaruga Blanco 2024.

En Briones también elabora Jaime Ruiz, cuya tradición vinícola le llega del bisabuelo Manuel, que recibía a los tratantes de vino que llegaban en ferrocarril al pueblo. Empezó en 2019 con dos barricas y una viña heredada del abuelo. Los dos vinos que catamos fueron Troqueao 2022 —que rinde homenaje a las danzas regionales de Briones, conocidas como “troqueaos”— y El Rey que Rabió 2025.

El mismo espíritu de retorno al origen anima Bodega Reditus, proyecto de dos hermanos que, tras recorrer el mundo, volvieron a Cordovín para reactivar la bodega familiar. Llegaron al salón con 23 Reales 2024, 23 Reales Rosado 2024 y 23 Reales Herencia de Chencho 2023, un vino elaborado con la viña que el abuelo Chencho les dejó en herencia.

Bodegas Larraz lleva en Cenicero desde 1949, cuando la familia llegó desde la Ribera de Navarra. La segunda generación apostó por el viñedo, y hoy toda su producción es ecológica. Sus Caudum Bodegas Larraz 2020 y Caudum Selección Especial 2019 son la expresión de viñedos plantados en vaso a principios de los años setenta del siglo pasado.

La Bodeguita Escondida llega desde Hervías, donde Toño Larrea recuperó en 2019 una bodega familiar que llevaba décadas cerrada; solo elabora cuando la calidad de la uva lo justifica. Ama y Ensancha el Alma Tinto 2020 y Ama y Ensancha el Alma Blanco 2025 son los vinos que pudimos catar.

Presentación de la asociación Menudas Bodegas. Algunos de los elaboradores durante la comida.
Algunos de los bodegueros durante la comida.

Artesanos y viñas centenarias

Quizá la característica que más une a los socios de Menudas Bodegas —más allá del tamaño— es la obsesión compartida con el viñedo viejo. En Baños de Río Tobía, Bodegas Horola trabaja con cepas centenarias que el abuelo Carmelo cuidó en Alesón y que sus nietos Syam y Adrián cuidan desde 2012. De toda su producción seleccionan solo el 10 % para su pequeño proyecto: en el salón pudimos catar Horola Isabel 2018, Horola Garnacha 2022 y Horola Tempranillo 2022.

En Cárdenas, José, de Bodegas Gama, apuesta por mostrar el origen y la variedad: dos vinos, dos variedades, dos viñedos centenarios. Octogenarius 2020 es un monovarietal de Garnacha y Heredad García de Pablo VS 2023 es una Viura centenaria que luce la tirilla de Viñedo Singular.

Elvira y Julio, de Hoplita Historic Vineyards, elaboran en el casco antiguo de Logroño, en la misma calle donde trabajaba el bisabuelo Emilio hace ochenta años. Sus vinos provienen de microparcelas centenarias de Rioja Alta concebidas para elaborar el clarete que bebía la gente de entonces. En el salón presentaban Areniscas de San Juan 2022, Finca Los Cerezos Viura 2024 y 1925 Laderas de San Quilez 2022, procedente de una parcela con cepas plantadas entre 1906 y 1925.

En Badarán, el periodista Jairo Morga Manzanares convirtió en ecológico el viñedo familiar, de poco menos de una hectárea, de donde sale la materia prima para su proyecto, Jairus. Desde 2023 elabora su único vino, Jairus Ecológico, en su propia bodega. En el salón pudimos catar la añada 2021.

En San Asensio, Reminde encarna la continuidad de una familia que siempre elaboró vinos cosecheros. Viñas con cepas de Tempranillo y Viura plantadas sobre suelos arcillo-calcáreos, un calado excavado en la roca y unas pocas barricas son lo que necesitan para elaborar Reminde Viñedo Singular 2021 y Reminde Peñalobera 2023.

Variedades olvidadas y terruños recuperados

Navarrete tiene una relación muy larga con el barro, y Elena Corzana la ha convertido en parte de su elaboración. Sus vinos descansan en tinajas fabricadas con arcilla local, y una de las dos variedades con las que trabaja, la Maturana Tinta de Navarrete, fue encontrada en 1989 en un viñedo centenario de la localidad y recuperada por investigadores riojanos. Elena la plantó en 2014 en la Dehesa de Navarrete, sobre la misma tierra roja que da vida a la cerámica del pueblo. Tres referencias en su mesa: Elena Corzana Blanco 2024 —elaborado con Maturana Blanca—, Elena Corzana Maturana 2021 y Elena Corzana Minutero 2024.

Adrián Moreno Llorente, arquitecto de formación y viticultor de vocación, elabora Rulei desde 2011 a partir de dos viñedos en Badarán y Castañares de Rioja. Uno de ellos, Viña Barracallo, guarda tres renques —tres hileras de cepas— de Chenin Blanc plantados en los años ochenta como viñedo experimental: los únicos de toda la DOCa Rioja. El otro, Viña El Moral, es un viñedo de Garnacha centenario reconocido como Viñedo Singular desde 2018. Cinco vinos en el salón: Viña Barracallo Blanco 2020, Viña Barracallo Chenin de Pierres 2023, Viña Barracallo Tinto 2017, Viña El Moral Tinto 2023 y, el que más nos sorprendió de toda la jornada, Viña El Moral Rosado 2019.

La Garnacha, una uva que pide su lugar

En este salón —donde el viñedo viejo está en el ADN de los miembros de Menudas Bodegas— vimos que la Garnacha vuelve a tener el protagonismo y el lugar que históricamente ha tenido en Rioja. Horola con sus centenarias en Alesón, Bodegas Gama con Octogenarius, Rulei con Viña El Moral, Reditus con toda la gama 23 Reales, Óscar Pérez con Zaruga, Jaime Ruiz con Troqueao y El Rey que Rabió. La Garnacha aparece en casi todas las mesas del salón, monovarietal o en coupage, en tinto o en rosado, y su presencia no es más que la confirmación de que en la historia de Rioja siempre ha tenido un papel protagonista.

Tras el almuerzo y la charla, teníamos claro que Menudas Bodegas está formada por personas para las que el vino es mucho más que un negocio: es una forma de mantener vivos los viñedos que heredaron o encontraron, las variedades que en un tiempo los habitaron, los calados que sus familias excavaron; en definitiva, para mantener la historia y el paisaje de su tierra; doce bodegas pequeñas que, juntas, tienen mucho que contar.

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