Van Gus Vana. María Zamarreño con su vino es Viñuela.
Van Gus Vana es uno de los vinos más interesantes del Bierzo, un monovarietal de Mencía con un claro perfil bordelés. Su autora, María Zamarreño, lo elabora en una singular bodega excavada en una ladera de Molinaseca, una pequeña población próxima a Ponferrada, en pleno Camino de Santiago.

María Zamarreño llegó al mundo del vino por casualidad, lo que no ha impedido a esta abogada afincada en la berciana localidad de Molinaseca convertirse en una enóloga de sólida formación y liderar uno de los proyectos vitivinícolas más interesantes de esta denominación de origen. Nos recibe en su finca, en la fría mañana de un invierno que hoy quiere regalarnos un cielo despejado. Nos invita a subir a su Land Rover, y en muy pocos minutos nos encontramos contemplando buena parte del Bierzo desde la ladera de un viñedo rodeados de extenuadas cepas centenarias que intentan reponerse tras años de abandono.

Van Gus Vana. Viña Mulacina.
Viña Mulacina, un viñedo centenario en fase de recuperación en Molinaseca, Ponferrada.

–Cuando nos vinimos a vivir aquí, el viñedo formaba parte de la finca. Nuestra primera idea fue arrancarlo, pero Manolo [Manuel Benito Otero] nos convenció para que hiciéramos vino, aunque fuera doméstico –nos comenta María mientras paseamos por viña Mulacina, un impresionante viñedo viejo en fase de recuperación ubicado en una de las laderas cercanas a la bodega.
María es franca, discreta, observadora… Habla con claridad, escucha atentamente, te mira y te responde, siempre con acierto y sin hacer alardes de su extraordinaria formación. En un primer contacto puede parecer introvertida, lejos de la imagen campechana que esperas encontrar en un viticultor, pero enseguida te das cuenta de que esa sobriedad no es sino el reflejo de una educación que hoy se ha convertido en un valor escaso.

Van Gus Vana. María Zamarreño nos enseña su viñedo.
María Zamarreño nos explica su proyecto en el viñedo.

Viña Mulacina forma parte de unas tres hectáreas que María tiene en fase de recuperación y que se suman a otras tres hectáreas “y pico” que sí son actualmente productivas. Se trata de un viñedo realmente especial, plantado en 1920 sobre suelos de arcillas y granito en la ladera de un monte coronado por un pequeño bosque, una ladera que va curvándose para ofrecer varias orientaciones a unos 700 metros sobre el nivel del mar, una de las cotas más altas de la zona y un excelente mirador de la hoya berciana.
–Con criterios estrictamente empresariales, recuperar viñedo es un error. Sería más lógico arrancarlo y plantar cepas nuevas –nos explica María. Pero en su proyecto, el viñedo viejo tiene mucho sentido; es inigualable a la hora de aportar la complejidad y la singularidad que ella busca en su vino Van Gus Vana–. Tenemos parcelas aquí [en Molinaseca], en Congosto y en San Juan de Paluezas, con diferencias de altitud, orientación y suelos, que son básicamente arcillas, arena y calizas. Por ejemplo, aquí los suelos son más ligeros, mientras que en San Juan de Paluezas son calizas margas.

Cuando nos vinimos a vivir aquí, el viñedo formaba parte de la finca. Nuestra primera idea fue arrancarlo, pero Manolo [Manuel Benito Otero] nos convenció para que hiciéramos vino.

María Zamarreño

Pero aunque la idea es recuperar el viñedo, no todo es salvable. Mientras paseamos por este mar de cepas de montaña, observamos que en algunas zonas hay numerosas faltas y algunas plantas desvitalizadas. María nos explica que cubrirá las faltas por selección masal (reproduciendo una muestra seleccionada de los mejores ejemplares del viñedo), ya que frente a la reproducción por clonación, este sistema “aporta a las cepas más diversidad genética y, por tanto, más complejidad y mayor resistencia”.

El viñedo de Van Gus Vana

Paseamos por la viña en una soleada mañana de un invierno duro, en el que ha habido abundantes precipitaciones, frío y niebla. El camino embarrado muestra numerosas huellas de animales y, de hecho, en un momento dado dos corzos se dejan divisar tímidamente en lo alto del viñedo.

Van Gus Vana. Corzos en el viñedo, en Molinaseca.
Corzos en las lindes de Viña Mulacina.

–En nuestro caso, los corzos son más dañinos que los jabalíes, ya que en primavera se comen los brotes de las vides. Por eso muchas de las parcelas las tenemos cercadas –nos explica María mientras nos acercamos a una de esas viñas, Viñuela, que se encuentra justo frente a la bodega y comparte nombre con el arroyo que serpentea a los pies de esta parcela antes de desembocar en el río Meruelo, afluente del Boeza y este, a su vez, del Sil.
Mientras paseamos por la viña, María nos explica que en Molinaseca hay mayor altitud que en otras zonas del Bierzo y que, por ello, su clima es más fresco y se vendimia más tarde. Para ella, elegir el momento óptimo para vendimiar obliga a adoptar un compromiso entre la madurez fenólica (que muchos años se alcanza a duras penas), la acidez y el azúcar. Si esperas demasiado, la acidez caerá, y en el caso de Van Gus Vana es especialmente importante, ya que la idea es elaborar un vino de guarda.

Van Gus Vana. María Zamarreño nos enseña su viñedo.
María Zamarreño nos explica su proyecto de recuperación de viñedo.

Pero antes de llegar a la vendimia, hay que hacer abundante trabajo en el viñedo. María ha ido adquiriendo diferentes parcelas hasta contar con las 18 que tiene actualmente. Nada más adquirir una parcela, lo primero que hace es lo que harías con un paciente enfermo si tú fueras su médico: un diagnóstico; un estudio de la composición de los suelos mediante fosas pedológicas (catas). Y es que precisamente una de las tareas más laboriosas es la regeneración del suelo y del sustrato, frecuentemente castigado por el uso abusivo de los herbicidas y la compactación y consecuente falta de oxigenación que supone la carencia de arado prolongada en el tiempo junto con la falta de biodiversidad. En algunas parcelas, también es importante corregir el marco de plantación para equilibrar la densidad de cepas. A partir de aquí, el viñedo se cuida de una forma 100 % ecológica, con tratamientos de cobre y de azufre.

La bodega subterránea de Van Gus Vana

Pero si el viñedo merece una visita, la bodega es simplemente única. Se trata de un auténtico búnker excavado en la base de una loma, un auténtico homenaje al legado minero de esta tierra. Su entrada es muy austera; un portalón metálico da acceso a la zona de elaboración o a lo que, si damos rienda suelta a la imaginación,  podría ser la entrada a la guarida del malo de una cinta de James Bond, un villano que bien podría llamarse Van Gus Vana.

Van Gus Vana. Bodega de María Zamarreño. Zona de crianza.
La bodega en la que María Zamarreño elabora Van Gus Vana se encuentra excavada en una loma.

Pero Van Gus Vana no es ningún villano; es un calco fonético del francés vin rouge (vino tinto) al que se le añade el travieso apócope de la voz ‘vanal’, un sutil guiño a la formación enológica de su autora, quien, tras estudiar un ciclo de FP en Camponaraya, completó sus estudios en Burdeos. Así, una de las primeras claves de su “vino vanal”es la búsqueda de la complejidad y el equilibrio a través de la combinación de diferentes parcelas que trasladen al vino sus diferentes suelos, orientaciones, diferencias de maduración… Para lograrlo, María vinifica cada parcela independientemente y, una vez que las fermentaciones (alcohólica y maloláctica) han tocado a su fin, prueba diferentes ensamblajes. Esto supone que el vino que no entra en la ecuación salga de la bodega, algo que implica un sobrecoste significativo, especialmente si tenemos en cuenta que estamos hablando de una producción de entre 3.000 y 5.000 botellas por añada.

Con criterios estrictamente empresariales, recuperar viñedo es un error. Sería más lógico arrancarlo y plantar cepas nuevas. Pero si lo hicieras, nunca tendrías viñedo viejo, que es uno de los patrimonios del Bierzo.

María Zamarreño

Toda la vinificación, con las uvas 100 % despalilladas, se lleva a cabo en tanques de cemento con control de la temperatura, ya que, frente al acero, este material aporta una mayor estabilidad térmica. Acabada la fermentación alcohólica, se descuba, se limpia cada tanque y se vuelve a llenar para completar la maloláctica. El vino de la prensa se fermenta aparte, y en ocasiones se añade una pequeña parte en el ensamblaje.

Van Gus Vana. Bodega de María Zamarreño. Depósitos de hormigón.
María Zamarreño en la zona de elaboración de su bodega.

Cuando visitamos la bodega, a finales de año, el vino, ya ensamblado, lleva más de un mes en las barricas, aunque María nos da a catar una muestra de 2019 procedente del depósito de acero inoxidable que emplea para rellenarlas, un vino joven de color cereza y exuberante aroma con una importante carga tánica que promete llegar a convertirse en una buena añada tras su largo paso tanto por las barricas como en la botella.
Pero aún es difícil llegar a imaginar cómo será un Van Gus Vana 2019 que no verá la luz, probablemente, hasta bien entrado el 2023, y que no alcanzará su esplendor hasta, quizás, tres años más tarde.
En un tunel más grande, perpendicular al de la entrada, se sitúa la zona de crianza, y a continuación el botellero, donde los vinos descansan en jaulones.

Van Gus Vana. Bodega de María Zamarreño. Jaulones botelleros.
En los jaulones botelleros, en la bodega, descansan las diferentes añadas de Van Gus Vana.

–La temperatura aquí es constante, en torno a 13 grados, y lo único que tengo que hacer a veces es subir la humedad –nos explica María. Para ello emplea una manguera con nebulizadores, que está ahora conectada mientras paseamos entre las barricas. Estas, cómo no, son de roble francés, con tostados medios, medios bajos y medios altos, y están elaboradas por tonelerías de renombre (Seguin Moreau, Darnajou, Taransaud…). En añadas más frías, el parque de barricas se renueva más, pero este año solamente ha tocado usar una barrica completamente nueva.

Cata vertical de Van Gus Vana

Además de dejarnos probar su 2019, María nos invita a una cata vertical en el viñedo. En esta ocasión, probaremos las añadas 2012, 2014 y 2015, repitiendo una cata que hicimos hace pocos meses en la que disfrutamos idénticas añadas junto a 2011. De estas dos experiencias combinadas, extraemos varias conclusiones. La primera es que hay claras diferencias entre añadas. Cada vino expresa la singularidad del clima y del viñedo de un año concreto, así como las decisiones de su elaboradora. Asimismo, constatamos que estamos, efectivamente, ante vinos de guarda, puesto que las dos añadas más antiguas son las más expresivas.

Van Gus Vana. Cata vertical en el viñedo.
Cata vertical de Van Gus Vana.

En 2011 encontramos una fruta más negra, más madura, así como una enorme redondez en boca. Es una añada con más madera nueva (un 60 %), pero es una madera muy bien integrada. Olfativamente, 2012 es algo más intenso y, según se abre, se vuelve más complejo, más redondo, y empieza a ofrecer muchos matices, matices del terruño como los aromas a monte bajo. Por su parte, 2014 arranca con una nariz plena, exuberante, mucho más frutal. En la primera cata apreciamos algún aroma sucio, de reducción, que en la segunda cata, con la botella abierta desde hace más tiempo, ha desaparecido. En su paso por boca encontramos un trago de un perfil diferente, con un final intenso y puntiagudo en un vino con cuerpo, vigoroso, tánico. 2015, por último, es más fresco. La fruta roja manda, la nariz es golosa, pero la boca aún denota una cierta falta de botella, con taninos más duros y un perfil algo más maderizado, a pesar de que al tratarse de una añada cálida, solo se ha empleado un 5 % de madera nueva. Dicho todo ello, es, posiblemente, el que muestra un potencial mayor y una personalidad que le separa un poco de las otras añadas.
Lo cierto es que podríamos pasarnos todo el día charlando con María, escuchando, aprendiendo, disfrutando… Pero el tiempo se acaba, como todo lo bueno. Mientras nos despedimos, resulta inevitable echar la vista atrás un último momento tratando de fijar en la memoria el recuerdo de una fría mañana de un invierno que hoy quiso regalarnos una extraordinaria clase magistral y un cielo despejado sobre un viñedo de cepas centenarias.