Para mí esto empezó en plan “vamos a ver hasta dónde llegamos” –nos comenta Yves Laurijssens–. El primer año hicimos 15.000 botellas y se vendieron en dos semanas. Ahora hacemos 250.000, y el tope estaría en 350.000 botellas. Si creciéramos más, no podríamos mantener la calidad.
Todo empezó, como hemos comentado en otras ocasiones, con el enamoramiento de Yves con la Bobal, a la que posteriormente se le añadió la uva Monastrell, con la que De Moya, su bodega, elabora dos tintos monovarietales.

Gloria de Moya 2017 se elabora con uvas procedentes de cepas de 40 años de bajo rendimiento plantadas a 650 metros de altitud en el Valle de Albaida (Valencia), en un viñedo de suelos arenosos con elementos de origen calcáreo. Las uvas se vendimian en cajas, permanecen en cámara 24 horas, fermentan en depósitos de acero a temperatura controlada con batonages, y el vino se descuba pasados entre 20 y 25 días. Se descarta la prensa, y se hace una crianza de 12 meses en barricas bordelesas de roble francés de segundo y tercer uso, así como en bocoyes de 1.000 litros.
En copa, encontramos un vino de color picota con halo carmesí. La fruta roja madura lleva la batuta de una nariz muy limpia, coqueta y seductora, en la que también encontramos regaliz y un toque goloso, con algodón de azúcar y licor de guindas. La boca es impecable, sorprendentemente fresca, con acidez muy viva, un trago equilibrado, ni demasiado corto ni tampoco largo; es un vino bastante gastronómico en el que la madera está bien integrada.
Tras el buen sabor de boca que nos deja Gloria, es el turno de Julia 2017, un vino elaborado con uvas de cepas de en torno a 60 años de la misma zona, de menor rendimiento, que fermenta en bocoyes de 1.000 litros, donde permanece entre 26 y 34 días antes de pasar a barricas bordelesas nuevas de roble francés en las que su crianza se prolonga 18 meses.
Julia es un vino de color granate oscuro con halo carmesí. Su nariz es menos expresiva, más seria, con fruta negra, regaliz y unos toques de cuero. Por el contrario, la boca es asombrosa: suave, deliciosa, larga y envolvente, con la acidez perfecta y taninos sedosos. Es, como dice Yves, “un lujo asequible”.

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 For me this started like ‘let’s see how far we get’ – Says Yves Laurijssens -. The first year we made 15,000 bottles and they were sold in two weeks. Now we make 250,000, and the top would be 350,000 bottles. If we grew more, we couldn’t maintain quality.
It all started, as we have commented on other occasions, with Yves falling in love with Bobal. Then he added the Monastrell grape, with which De Moya, his winery, produces two single-varietal reds.
Gloria de Moya 2017 is made with grapes from a low-yielding 40-year-old and 650 meters high vineyard in the Albaida Valley (Alicante), with sandy soils with elements of calcareous origin. The grapes are hand harvested in boxes, they remain in cold for 24 hours, they ferment in stainless steel tanks at a controlled temperature with batonages, and the wine is racked after 20 to 25 days. The press is discarded, and the wine is aged for 12 months in second and third use French oak 225-liter barrels, as well as in 1,000-liter barrels.
In the glass, we find a cherry-colored wine with a crimson rim. Ripe red fruit leads a very clean flirty nose, in which we also find licorice and a sweet touch, with cotton candy and cherry liqueur. The palate is impeccable, surprisingly fresh, with very lively acidity, a balanced sip, neither too short nor too long. It’s a quite gastronomic wine in which the wood is well integrated.
After the good taste in the palate produced by Gloria, it’s the turn of Julia 2017, a wine made with grapes from vines of around 60 years from the same area, with lower yields, which ferments in 1,000-liter barrels, where it remains between 26 and 34 days before moving into new 225-liter French oak barrels in which its aging lasts 18 months.
Julia is a dark garnet wine with a crimson rim. Its nose is less expressive, more serious, with black fruit, licorice and a few hints of leather. On the contrary, the palate is amazing: soft, delicious, long and enveloping, with the perfect acidity and silky tannins. It is, as Yves says, «an affordable luxury.»