Vino Gatuno 2018, de Bodegabierta. Maridaje musical.

Tan elagante como inadvertido, traslúcido en tu copa, Gatuno se pasea sigiloso frente a tu nariz, ronronea meloso por tu lengua, maúlla suavemente en tu garganta y se esfuma sin llamar la atención, con un tanino suave, ese trago ni demasiado corto ni demasiado largo, recuerdos a violetas en el retronasal… Gatuno es limpio, amable, fresco, goloso pero no empalagoso; arándanos, grosellas, regalices rojos, notas frescas de hierba…
No es la primera vez que hablamos de este vino; de hecho hemos probado sus tres añadas (2016, 2017 y ésta 2018), alguna de ellas en varias ocasiones, pero nunca está de más recordar que es un “por-para” de Bodegabierta, el proyecto de José Román, un vino de pueblo de viticultura ecológica y mínima intervención elaborado en Cenicientos (Madrid), en las inmediaciones de la Sierra de Gredos.
Y como no es la primera vez que hablamos de Gatuno, en esta ocasión vamos a ir un poco más allá y maridarlo musicalmente. Hablamos de un vino madrileño, juguetón, disfrutón… Es tan juguetón como ese gentilicio coloquial con el que se conoce a los madrileños; es tan madrileño como la Garnacha con la que se elabora, y es tan disfrutón como esa fruta ácida y golosa que sale a relucir a cada trago. Así que si metemos todo eso en nuestra coctelera musical, nos encontramos con La Puerta de Alcalá en la nada empalagosa versión de Suburbano. A disfrutar.

Vino Gatuno 2018. Etiqueta trasera.