Cruz de San Andrés Blanco 2011 & Collage 2019

En estas dos botellas de la misma bodega hay dos maneras claramente distintas de entender un terruño. La primera, cronológicamente, es Cruz de San Andrés Blanco 2011, un coupage de uvas Palomino (80 %), Doña Blanca (15 %) y Godello (5 %) procedentes de cepas viejas, de vendimia manual, de diversas parcelas que su elaborador, Aurelio Feo, cultiva en la localidad berciana de San Andrés de Montejos. Fermentado en acero inoxidable con levaduras autóctonas y sin control de temperatura y, posteriormente, criado sobre lías, se trata de un vino que ha evolucionado con el paso del tiempo; una pequeña joya de la que la bodega guarda unas pocas botellas que raramente salen ya a la venta. Para nosotros, es un viejo conocido del que hemos descorchado unas cuantas botellas, y los resultados no siempre son iguales; en ocasiones encontramos un vino dorado, glicérico e intenso que ha evolucionado de manera fantástica, pero también puede darse el caso de que alguna botella haya pasado su mejor momento.
En la cata de hoy nos topamos con un vino muy bien conservado, con poca evolución, de color amarillo limón con reflejos dorados, una nariz intensa, en la que aún hay fruta (manzana asada) y unas seductoras notas oxidativas. En boca nos sorprende por su buena acidez, su intensidad y su gran equilibrio.
Collage 2019 es un vino con una similar elaboración, pero con un coupage diferente, con la Godello al frente (el 60 % de la mezcla), entre un 25 y un 30 % de Doña Blanca y de un 10 a un 15 % de Palomino. Aquí nos encontramos con un vino de color más pajizo, con fruta (pera) y flores blancas en nariz, mientras que su boca es mucho más fresca, más ácida, pero también más corta.
No es una cata vertical al uso, ya que no estamos exactamente ante el mismo vino, pero sí reafirma algo que sabíamos: que los vinos blancos con buena fruta crecen en botella y que no existe una receta única para interpretar con acierto un mismo terruño.
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Disfruta de estos dos vinos y de otros cuatro más de esta misma bodega en la caja de-box de este mes de de-scorche
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In these two bottles from the same winery there are two clearly different ways of understanding a terroir. The first, chronologically, is Cruz de San Andrés Blanco 2011, a blend of Palomino (80%), Doña Blanca (15%) and Godello (5%) hand harvested grapes from old vines, from various plots that its producer, Aurelio Feo, farms in the village of San Andrés de Montejos, in El Bierzo region. Fermented in stainless steel tank with indigenous yeasts and without temperature control and, later, aged on lees, this is a wine that has evolved over time, a little gem of which the winery keeps a few bottles that rarely go on sale anymore. For us, it’s an old known wine from which we have uncorked a few bottles, and the results are not always the same. Sometimes we find a golden, glyceric and intense wine that has evolved in a fantastic way, but it may also be the case that a bottle has passed its best.
In today’s tasting we come across a very well preserved wine, with little evolution, lemon yellow colour with golden reflections, an intense nose, in which there is still fruit (roasted apple) and seductive oxidative notes. On the palate it surprises us with its good acidity, intensity and great balance.
Collage 2019 is a wine with a similar elaboration, but with a different blend. Main part is Godello (60 % of the blend), between 25 and 30% of Doña Blanca and 10 to 15% of Palomino. Here we find a wine of a more straw colour, with fruit (pear) and white flowers on the nose, while its palate is much fresher, more acidic, but also shorter.
It’s not a typical vertical tasting, since we are not looking at exactly the same wine, but it does reaffirm something we knew: white wines with good fruit grow in the bottle and there’s no single recipe to correctly interpret the same terroir.