Cata vertical de Buencomiezo 2014, 2015 y 2016.
Buencomiezo es un monovarietal de Mencía con 12 meses de crianza en barrica, un vino parcelario de cepas viejas de El Bierzo elaborado por una bodega familiar que nos demuestra cómo cada añada tiene un claro reflejo en la copa.

La historia de esta cata comienza en agosto de 2018, cuando descubrimos Buencomiezo, y más concretamente la añada 2012. Aquel vino de El Bierzo llamó nuestra atención. Era una Mencía exuberante, intensa, una fruta madura que reclamaba constantemente tu atención cuando dabas un trago, un vino de taninos domados que nos recordaba la finura de los buenos crianzas de las denominaciones de origen más asociadas con los vinos de guarda, pero con la amabilidad de esa Mencía tan frutal y golosa que encontramos en las zonas más cálidas de El Bierzo.
Ese mismo año catamos 2013 sin pretenderlo. Simplemente, pedimos la botella en La Alquitara (en Ponferrada), y encontramos un vino mucho más atlántico. Al mirar la etiqueta, vimos que estábamos ante una nueva añada. Se trataba otra vez de un vino muy intenso, que de nuevo ofrecía un corte clásico, una clara presencia de la crianza en roble y esa finura que solamente el tiempo puede conseguir… Pero aquella golosa exuberancia, la sobremaduración de 2012, ya no estaba ahí. Posteriormente, hemos probado diferentes añadas, y cada una de ellas expresa el clima, expresa decisiones de sus viticultores, expresa muchas cosas… Así que un día, hablando con Adrián (uno de los miembros de la familia Feo, la familia que elabora este vino), le propusimos esta vertical de Buencomiezo, del vino con el que en agosto de 2018 comenzó, en realidad, para nosotros, la historia de esta cata.

Buencomiezo: El Bierzo más auténtico

Buencomiezo es una representación de El Bierzo más auténtico, de sus cepas viejas, de su viticultura, de su elaboración sin artificios… No es un vino “técnico”, no hay analíticas, no hay correcciones, no hay laboratorios; en su bodega, ubicada en los bajos de la vivienda que la familia Feo tiene en San Andrés de Montejos, no hay cámaras para enfriar la uva, no hay equipo de frío para controlar la temperatura de las fermentaciones, pero sí hay cepas viejas, parcelas en laderas con orientaciones diferentes, con diferentes suelos y con algo en común: mucho trabajo en campo, ese trabajo que permite llevar a la bodega uvas de una buena calidad sin las cuales no hay milagros técnicos que valgan. Y aunque decimos que este vino representa a El Bierzo más tradicional, de alguna forma Buencomiezo es también una ruptura con un modelo arcaico en el que los pequeños productores de esta región vitícola se limitaban a elaborar graneles para otros o a malvender la uva a las cooperativas. De alguna forma, este Buencomiezo reivindica el valor de generaciones olvidadas de viticultores sin las cuales hoy no estaríamos descorchando ninguna de estas tres botellas.

Cata vertical de Buencomiezo 2014, 2015 y 2016. Cápsulas

Cata de Buencomiezo 2014

2014 fue una gran añada para El Bierzo, con abundante lluvia tanto en el invierno como en primavera, temperaturas suaves en la primavera y un buen desarrollo de la fruta. Como de costumbre, Buencomiezo 2014 se elaboró con uvas de Mencía procedentes del paraje que da este nombre al vino, cepas de entre 80 y 100 años con suelos arcillosos pedregosos. La fruta de esta añada llegó a la bodega con una madurez óptima, pero con menor concentración que en añadas más secas, y el vino se elaboró con fermentaciones en pequeños depósitos de acero inoxidable con levaduras propias de la uva durante aproximadamente dos semanas y con la posterior crianza en barricas (70 % de roble francés y 30 % de roble americano) durante 12 meses, decantación por el frío natural del invierno y una larga guarda en la bodega tras el embotellado.

Cata vertical de Buencomiezo 2014, 2015 y 2016. Botella de Buencomiezo 2014

En copa, este vino presenta un color picota oscuro con un halo que comienza a mostrar matices color teja. Recién abierto, en la nariz dominan aromas licorosos y frutales (licor cassis, usando el descriptor más ortodoxo, guindas en aguardiente si nos dejamos llevar por el origen de la elaboración). También se aprecian notas minerales, y poco a poco la madera comienza a emerger, mientras los aromas volátiles van quedando en un segundo plano. Hay que ser paciente; hablamos de un vino que ha permanecido un año encerrado en una barrica y otros cinco más en la botella. Así que cuando volvemos a “olfatear” la copa después de unos minutos, encontramos toda esa fruta roja y negra que antes se escondía en forma de licor, sobre un fondo de campo y monte bajo.

Buencomiezo 2014, detalle de la etiqueta

Y lo mismo sucede con la boca. Inicialmente es fría, un tanto inexpresiva. La acidez está ahí, pero la fruta vuelve a estar oculta en un fondo un tanto licoroso, hasta que el oxígeno hace su trabajo y libera todo un torrente de expresividad. La sensación alcohólica deja paso a una sensación de calidez sutil, y esa aparente falta de expresividad se convierte en un trago ancho y muy amable que se expande por todos los rincones de tu boca, con la suavidad de unos taninos realmente sedosos; todo un espectáculo de vino, en la línea de ese 2012 que conocimos en aquel agosto de 2018, pero posiblemente más redondo, un poco más intenso, claramente más ancho… quién sabe. Los recuerdos son siempre traicioneros. Por eso una cata vertical como esta tiene tanto valor

Cata de Buencomiezo 2015

La añada 2015 no fue fácil para los viticultores de El Bierzo. Fue un año seco, una añada cálida con abundantes lluvias durante la vendimia; una vendimia algo anticipada y con una ventana de maduración más corta de lo habitual, de esas que perjudican especialmente a la viticultura “de familia”, en la que las cepas se vendimian a mano y nunca sobran manos.

Cata vertical de Buencomiezo 2014, 2015 y 2016. Botella de Buencomiezo 2015

Por ello en 2015 se produce un pequeño cambio en la elaboración. Aunque la inmensa mayoría de la Mencía se despalilla y fermenta, como de costumbre, de forma espontánea, en este año se introduce una cantidad de racimos enteros en la cuba para tratar de aportar el frescor y la frutalidad de la maceración carbónica de esa pequeña parte de las uvas. Para la crianza, se introducen barricas nuevas de 300 litros. Y, como de costumbre, tras un año de crianza, el vino se embotella sin filtrar y descansa durante varios años en botella.

Buencomiezo 2015, detalle de la etiqueta

Al descorcharlo, encontramos un vino de color picota con una capa media, algo más clara que la que habíamos visto en Buencomienzo 2014, con un halo fresa, sin ningún matiz de oxidación. Y a diferencia de 2014, muestra una nariz muy expresiva desde el primer momento, muy limpia, muy frutal, con mucha fruta roja, una fruta muy fresca que lo domina todo.
La boca nuevamente es expresiva desde el primer momento. De entrada nos sorprenden sus matices terrosos y unos toques balsámicos, con notas de madera muy bien integrada. Según se abre, comienza a destacar por su acidez, fantástica, y por su equilibrio. De alguna forma, se vuelve menos plano, más divertido, con mucha sensación de fruta roja y negra, un tanino presente pero dócil, que aporta al vino una buena estructura.

Cata de Buencomiezo 2016

Toda la lluvia que faltó en 2015 apareció en 2016, tanto en invierno como en primavera, lo que supuso más de un problema de sanidad en la viña que obligó a los viticultores a emplearse a fondo.

Cata vertical de Buencomiezo 2014, 2015 y 2016. Botella de Buencomiezo 2016

De cara a la elaboración, Buencomiezo 2016 supone una vuelta a la tradición, y en nuestra cata encontramos un vino que efectivamente se aleja de ese 2015 tan frutal.
En la copa observamos un color picota, capa media alta y un halo color fresa. La nariz es muy tímida en un primer ataque, frutal, no muy intensa y un tanto alcohólica. Una vez más, tenemos que dejar que el tiempo y el oxígeno hagan su trabajo, y cuando lo hacen, la fruta acaba por aparecer, una fruta limpia acompañada de notas del terruño.

Buencomiezo 2016, detalle de la etiqueta

La boca, por su parte, también se muestra tímida al principio, con un fondo balsámico, sin demasiada fruta, notas terrosas… Poco a poco, la fruta va ganando más protagonismo, y el vino ofrece una cara mucho más amable, con taninos dulces y un trago más largo y elegante.

Y el ganador es…

A pesar de ser un 2016 y de estarla catando en 2021, la última añada de Buencomiezo nos deja con la clara impresión de no haber llegado aún a su momento cumbre. No sabemos si dentro de unos meses o unos años alcanzará la finura de 2014, pero lo cierto es que va por buen camino. En cuanto a 2015, que es la añada más cálida, su frutalidad ha sido una sorpresa, pero también es cierto que, tras esa exuberancia del primer momento, su evolución en copa ha sido más discreta.

Cata vertical de Buencomiezo 2014, 2015 y 2016. Corchos

Y, como en anteriores ocasiones en las que nos hemos “enfrentado” a más de una botella en un único asalto, los integrantes (dos) de Nos Vamos de Vinos hemos contado con la ayuda de un par de invitados, y ha habido consenso en elegir la añada de 2014 como la vencedora, con un segundo premio a 2016 como el vino perfecto “para beber a litros” según alguno de los participantes en esta cata vertical que trata de poner su granito de arena para valorizar el trabajo de la viticultura familiar de El Bierzo, para reivindicar el potencial de guarda de la Mencía frente a la creencia popular de que esta uva solamente sirve para hacer vinos jóvenes y, de alguna manera, para cerrar un círculo que empezó en verano de 2018, un círculo que, sin lugar a dudas, volveremos a abrir siempre que se presente la ocasión.