Portia. Sala de barricas
Portia es una de las bodegas más espectaculares no ya de la Ribera del Duero sino de toda España. Pertenece al Grupo Faustino, y es un diseño del estudio de arquitectura de Norman Foster, que ha planteado un megalómano edificio en el que la espectacularidad no está reñida con la funcionalidad.

Inaugurada en octubre de 2010, Portia es la bodega con la que el Grupo Faustino elabora vinos en Ribera del Duero. Arquitectónicamente es una de las más importantes de España, con un diseño vanguardista y a la vez funcional firmado por el estudio de arquitectura de Norman Foster.
Probablemente habrás pasado alguna vez por el kilómetro 171 de la autovía del Norte o A1, que une Madrid e Irún. Si lo has hecho, has tenido que ver su fachada occidental, en la que las siluetas de seis enormes cubas troncocónicas son toda una declaración de intenciones.

Portia. Entrada
Entrada principal de la bodega Portia, diseñada y construido por el estudio de arquitectura de Norman Foster.

Nosotros visitamos Portia, en realidad, en 2016, pero por aquel entonces no teníamos web, Instagram de vinos ni nada parecido, así que rescatamos hoy algunas de las fotos que hicimos con el móvil en aquella visita (los móviles no eran lo que son ahora, aunque ya empezaban a apuntar maneras) y añadimos algunas que le hicimos al exterior y las zonas comunes en un desvío que a tal efecto tomamos hace pocos meses.

Portia: la enorme estrella de Norman Foster

Empezaremos diciendo que la bodega es grande, muy grande. De hecho está sobredimensionada; basta observar su sala de barricas para darse cuenta. De todos modos, se trata de un edificio tan funcional que ese gigantismo apenas le resta practicidad, ya que el vino no hace un recorrido lineal, sino que se desplaza del centro hacia las extremidades, por lo que si sobra sitio “al fondo” en cada una de las tres alas, no pasa nada.

Portia. Cepas
Cepas en espaldera a la entrada de Portia, la bodega del Grupo Faustino en la Ribera del Duero.

La planta es, así, una estrella de tres puntas semi-soterrada. Parte de su cubierta es transitable y, de hecho, los tractores la recorren de sur a norte durante la vendimia, descargan la uva, por gravedad, en el centro de la bodega y descienden nuevamente por una rampa que enrasa la azotea con el suelo.
El edificio está construido en hormigón, acero, madera y vidrio, y su disposición permite contemplar las tres alas, dedicadas a la elaboración, la crianza en barrica y el almacenaje en botella sin apenas desplazarse de ese centro, de ese corazón de la bodega.

Portia. Cubas de fermentación
Cubas de acero inoxidable en la bodega Portia, conectadas por prácticas pasarelas.

Para elaborar sus marcas (Portia Roble, Crianza, Prima, Triennia y Summa), la bodega dispone de 160 hectáreas de viñedo en las localidades de Roa, Gumiel de Izán (donde se asienta el edificio), Villanueva y Gumiel de Mercado. Precisamente en esta última localidad es donde se encuentra su finca estrella, La Encina, una ladera ubicada a 850 metros plantada, cómo no, con Tempranillo.

Portia: tres alas para elaborar el vino

Ya en la bodega, las uvas se despalillan y fermentan en depósitos de acero inoxidable en el ala oeste, la que se ve desde la carretera y la que queda menos soterrada. Posteriormente, el vino se trasiega a barricas de roble americano (en el caso de Portia Roble y Crianza) y francés (en los demás), en las que permanecerá entre tres y 14 meses. Recientemente (en 2018), se ha incorporado también uno de esos Verdejos de perfil tropical que, obviamente, no pasa por madera.
Y es precisamente la sala de barricas, el ala sur, la más impresionante. La cota del suelo está marcada por una línea luminosa roja, y su gran altura, destacada por esbeltos pilares de hormigón, nos recuerda la planta de una iglesia dividida en tres naves.

Portia. Botelleros verticales
Botellero vertical en la bodega Portia.

Al otro lado, en el ala norte, encontramos unos también ingrávidos botelleros de madera, muy altos, que sujetan todas las botellas exclusivamente por el cuello. Tras ellos, los botelleros reales son también de madera, lo que se supone que ayuda a descansar al vino, minimizando todas las vibraciones que se transmiten a través del suelo. Y, aparte de una gigantesca cuba de ensamblaje en el núcleo central de la bodega, unas escaleras que remarcan la simetría triangular de todo el edificio y una sala da catas algo ruidosa en la que degustamos el Roble y el Crianza, la visita turística no ofrece mucho más. Por supuesto, se trata de un lugar que todo amante del mundo del vino debe conocer, al igual que cualquiera de las grandes bodegas de nuestro país, y eso que quizás, con el paso del tiempo, hemos aprendido que preferimos visitar bodegas que nos impresionen más por su contenido que por su continente.

Portia. Botellereos de madera
Jauolones de madera en la bodega Portia.