Descendientes de J. Palacios -Sala de envejecimiento de los vinos parcelarios
Descendientes de J. Palacios es el proyecto que en 1999 pusieron en marcha Álvaro Palacios y su sobrino Ricardo Pérez en El Bierzo para elaborar vinos de la máxima calidad con la uva Mencía como protagonista. Desde hace algo más de un año, sus vinos se elaboran y envejecen en una moderna bodega ideada por Rafael Moneo e integrada en el entorno del paraje de Chao do Val, próximo a la localidad de Corullón.

Tres cubos, tres volúmenes; así comienza todo. El cubo superior es en realidad un prisma sumergido en la tierra, un rascacielos construido hacia abajo, una verdadera bodega vertical donde la gravedad es el eje de todos los procesos. Conectados por patios y caminos, el cubo social y el cubo agrícola completan la bodega de Ricardo Pérez y Álvaro Palacios en El Bierzo, en Corullón; un templo a la Mencía construido en hormigón por Rafael Moneo sobre una enorme veta de pizarra.

Descendientes de J. Palacios - Vistas desde la sala de fermentación
Vistas de Corullón desde la sala de fermentación de la bodega Descendientes de J. Palacios.

Ricardo y Álvaro realizan su primera vendimia en la zona hace ya 20 años. Comienzan su aventura elaborando en la bodega de Raúl Pérez, y pronto se hacen con una antigua nave de piedra en Villafranca del Bierzo. Desde el principio buscan parcelas altas, fuertes pendientes, diversidad de suelos y de orientaciones, y su viticultura se rige por los principios de la biodinámica y por la elaboración diferenciada de cada paraje. En la actualidad trabajan más de treinta hectáreas divididas en 200 parcelas que dan lugar a seis etiquetas diferentes: Pétalos del Bierzo (su vino más comercial y el único que emplea parte de uva comprada a otros productores), Villa de Corullón y los vinos de paraje Valdafoz, Moncerbal y Las Lamas, así como La Faraona, el vino de viña clasificada que en su añada 2014 se convirtió en el primer vino de la D. O. Bierzo en lograr el Oscar de los vinos, en hacerse con los 100 puntos Parker.

En la actualidad se producen más de 400.000 botellas al año, que se exportan a 60 países. La bodega tiene una capacidad de producción de unas 800.000 botellas anuales.

Las puertas de Descendientes de J. Palacios

Conocer la bodega era uno de los puntos de nuestra bucket list, de esa lista de tareas pendientes que hay que hacer en la vida antes de morir. No está abierta al público y no hace enoturismo, pero un golpe de suerte nos abrió sus puertas, puertas correderas, puertas de gigante, de cálida madera de castaño que contrasta con unos fríos muros de hormigón blanco. Entramos por la misma puerta por la que dentro de un par de meses entrarán las uvas, vendimiadas en cajas, cajas arrinconadas en esta misma nave. Nos llaman la atención el techo de madera y el suelo de terrazo, que muestra algunas mellas a lo largo de todo el recorrido.

Descendientes de J. Palacios - Sala de recepción de las uvas
Zona de recepción de uva, selección y despalillado de la bodega Descendientes de J. Palacios, con las cubas de fermentación en el nivel inferior. La distribución de las diferentes salas se rige por la gravedad.

El piso en el que entramos, totalmente diáfano, se comunica con la sala inferior, en la que se alinean los depósitos de acero inoxidable de diversos tamaños. Sobre el suelo diáfano nos resulta fácil imaginar una mesa de selección y una despalilladora durante la vorágine de la vendimia, pero echamos de menos pasarelas que faciliten el trabajo en la parte alta de las cubas. Las pasarelas están ya proyectadas, pero por el momento hay que conformarse con andamios y cinchas de las que colgarse. Parte de la culpa la tienen los depósitos de diverso tamaño, que han sido adoptados de otras bodegas con más limitaciones en cuanto a tamaño.

Descendientes de J. Palacios - Cubas de acero inoxidable
Sala de fermentación, con depósitos de acero inoxidable de diferentes tamaños.

Y, junto a los depósitos de acero, varios pequeños foudres tronco-cónicos se destinan a la fermentación de los vinos más nobles; foudres, sí, pero con control de temperatura a través de una instalación externa con soportes soldados en sus flejes. Y es que aunque no estamos en la NASA, poco se ha dejado al azar en Descendientes de J. Palacios.

Una bodega abierta al paisaje

Pasamos junto al laboratorio, impecable, ordenado, blanco y luminoso. En realidad, hay muchas ventanas durante el recorrido, más de lo que sugiere el exterior, ventanas a los cuatro puntos cardinales desde las que se divisan varias de las parcelas de Álvaro y Ricardo, aunque el verdadero mirador se encuentra a tan solo unos pasos de aquí: una galería que, aparte de comunicar dos de los cubos, ofrece una extraordinaria panorámica de la Hoya Berciana desde su extremo más occidental. Se trata de una estancia cálida, en la que aún falta un mobiliario que pronto llegará. Pero, aun sin él, solamente el suelo de madera, las vistas y una chimenea son más que suficiente para romper con la idea de una arquitectura fría y, quizá, impersonal que con frecuencia se achaca a las obras de Rafael Moneo.

Descendientes de J. Palacios - Galería con mirador
Una galería conecta dos de los volúmenes de la bodega Descendientes de J. Palacios y ofrece sobrecogedoras vistas del entorno natural en el que se integra.

La galería nos conduce, también, a una enorme sala de catas que nuevamente abre sus ventanales al paisaje como si fueran marcos que convierten el viñedo y el monte en los protagonistas, en verdaderas obras de arte. Pero lo mejor está aún por llegar.
Descendemos ahora adentrándonos en el corazón de la montaña, en el corazón del Chao do Val, del paraje en el que se incrusta el edificio, para encontrar la auténtica razón de la ubicación de la bodega, para encontrar la verdadera esencia de los mejores vinos de Álvaro y Ricardo, la esencia de sus suelos materializada en una formidable veta de pizarra del periodo precámbrico, formada unos 540 millones de años ha.

La sala de barricas de La Faraona

Allí, junto a la majestuosa veta de pizarra, descansan en barricas las últimas añadas de los vinos más nobles. Llegados a esta sala, Ricardo deja atrás su timidez hierática, y en su cara se dibuja una media sonrisa. Le preguntamos por los distintos tamaños de las barricas de esta formidable sala de crianza y nos comenta que su uso depende, en líneas generales, de lo cálida que haya sido la añada. También nos cuenta que la Mencía es muy oxidativa, y es fundamental mantener las barricas perfectamente llenas, algo a lo que ayuda la enorme humedad natural de esta sala robada a la montaña.

Descendientes-de-J-Palacios-sala-despalillado
Sala de crianza de la bodega Descendientes de J. Palacios con barricas de diversos tamaños y foudres.

Otro aspecto crucial en la bodega es la temperatura. Aquí, a 20 metros bajo tierra, se mantiene constante entre 13 y 15 grados, si bien en la sala de crianza de los vinos más convencionales, algo más expuesta al exterior, es necesario corregirla de forma moderada.
Pero si Pétalos y “los parcelarios” no comparten sala de barricas, tampoco tienen el mismo botellero. El primero descansa en torres de jaulones de hasta cuatro alturas, impecablemente apiladas, y en una zona anexa encontramos una moderna embotelladora. Por su parte, los parcelarios, ya etiquetados y envueltos en camisas de cartón corrugado, duermen en sus cajas de madera en una sala anexa a la de las barricas en las que se han criado.

En el “calado” de la sala de barricas observamos una formidable veta de pizarra. Junto a ella puede apreciarse lava solidificada. En el estrato superior hay esquistos calcáreos, y sobre ellos crecen las cepas del paraje Moncerbal.

Y, así, sin darnos cuenta, acaba la visita. Salimos esta vez por la enorme puerta que separa el almacén botellero del exterior. Nos despedimos de Ricardo Pérez dándole las gracias por abrirnos las puertas de su casa, y volvemos a la nuestra con una experiencia más y una línea menos en nuestra bucket list.