Bodega Blecua. Sala de barricas.
Inaugurada en el año 2000, Blecua es, posiblemente, la bodega más exclusiva de la D. O. Somontano. Hemos visitado este château de 1880 en cuyo interior se elabora un único vino con las mejores uvas de las variedades Cabernet Sauvignon, Garnacha, Merlot, Tempranillo y Syrah vendimiadas en las siete mejores parcelas de Viñas del Vero.

Blecua es el sueño de cualquier enólogo. Imagina que dispones de unas mil hectáreas de viñedo y tienes la misión de hacer con ellas una pequeña serie, de entre 6.000 y 10.000 botellas, de un vino realmente excepcional en un entorno único: un château de finales del siglo XIX cuyo interior encierra sorpresas fascinantes.
–Cuando se creó Viñas del Vero, las bodegas eran naves industriales. El enoturismo no se había desarrollado aún, y cuando íbamos a las ferias internacionales había que explicar a la gente no solo quiénes éramos nosotros, sino dónde está el Somontano. Así que Blecua nace para crear un vino de gama alta con el que presentarnos y explicarle a la gente quiénes éramos –nos cuenta con auténtica pasión Diego Mur, nuestro cicerone en esta jornada y Brand Manager de Gonzalez Byass, el grupo al que pertenecen las bodegas Blecua y Viñas del Vero–. El edificio es de 1880, y fue construido por un médico de aquí, de Barbastro, con una arquitectura muy ecléctica, tomando elementos de las villas italianas, adaptando otros de Francia como esa flor de lis de cinco hojas que podéis ver en los dinteles de las ventanas de la planta alta… La última habitante de la casa fue Carlota Blecua, y de ahí nació el nombre de la bodega.

Bodega Blecua. Diego Mur, Brand Manager de González Byass.
Diego Mur, Brand Manager de González Byass, nos explica el origen y las características de Blecua.

Para dar aún una mayor vinculación con la edificación al vino, la etiqueta de Blecua incorpora un detalle difuminado de la fachada, en la línea de los vinos de los grandes châteaux; un detalle de una de las ventanas de corte neoclásico, con ese derivado de la flor de lis resaltado sobre el nombre Blecua, impreso en clásicas versales y versalitas huecas con sutiles detalles de un dorado mate.

El interior de la bodega Blecua

La bodega Blecua se estrena en julio de 2000 y, aunque su cascarón rebosa clasicismo, su interior es moderno y funcional. Las uvas, procedentes de viñedos de entre 300 y 800 metros de altitud, se reciben por la parte de atrás del edificio, cuyo desnivel permite que el llenado de los cuatro foudres y del depósito de acero inoxidable en los que se realizan las fermentaciones sea por gravedad.

Bodega Blecua. Foudre troncocónico.
Foudres troncocónicos de 18.000 litros en la bodega Blecua.

En realidad, aunque Viñas del Vero trabaja, como ya hemos visto, más de mil hectáreas (casi la mitad en propiedad), solo siete viñedos son elegidos para entrar en Blecua: tres  son de Cabernet Sauvignon, uno de Garnacha, uno de Merlot, otro de Tempranillo y, desde 2009, un último viñedo plantado con Syrah. Dado que inicialmente se empleaba un coupage de cuatro variedades, la sala de fermentación se concibió con otros tantos foudres troncocónicos de 18.000 litros dotados de camisa de frío y de un sistema de “siempre lleno” mediante una tapa interior de cierre neumático. Al sumarse la Syrah en el año 2009, hubo que incorporar un quinto depósito, y se optó ya por uno de acero inoxidable.
Pero, antes de llenar los depósitos, Blecua lleva a cabo una selección de la uva tanto en el viñedo como en la bodega. Recientemente, han incorporado una máquina de selección que discrimina la uva tanto por calibre como por color. Las uvas finalmente elegidas, se someten a un proceso de maceración en frío antes de pasar a los depósitos.

Bodega Blecua. Llenado de los foudres por gravedad.
Parte superior de los foudres de la bodega Blecua, enrasada con una plataforma a nivel de calle que permite el llenado por gravedad.

Realizada la fermentación, solamente el sangrado pasará a las barricas. Salvo en ocasiones especiales en las que se requiera un aporte extra de acidez, la prensa del hollejo se utilizará para otros vinos de Viñas del Vero.

La sala de crianza de Blecua

Y si la pequeña sala de fermentación, con sus cuatro grandes foudres apoyados sobre pies de hormigón, nos podía dejar alguna duda sobre si estábamos o no en una bodega que se sale de lo convencional, la sala de barricas despeja de inmediato cualquier duda al respecto.
Siete filas de barricas se distribuyen a los lados de cuatro calles abovedadas en una sala en la que una de sus paredes, robada a la ladera del monte en el que se sitúa el edificio, conserva varias cuevas naturales empleadas en la antigüedad por pobladores primitivos, pastores y monjes eremitas benedictinos de Santa Fe de Conques.

Bodega Blecua. Cuevas naturales en la sala de barricas.
Cuevas naturales en la sala de barricas de Blecua.

En este singular espacio, el vino acabará la maloláctica y descansará durante ocho meses. Después de este periodo, se catan las barricas y se decide cuáles pasan el corte y cuáles se descartan. Las descartadas se usarán en otros vinos de Viñas del Vero, y las seleccionadas envejecerán, una vez ensamblado el contenido, durante un año más en la madera, y al menos otros tres en la botella, tras haber recibido entre dos y tres trasiegos.

El edificio era, originalmente, la residencia de un médico de Barbastro construida, en 1880, inspirándose en una clásica villa italiana. La bodega se inauguró en julio de 2000.


Despistarte un instante del pequeño grupo de entusiastas que estamos visitando la bodega y pasear por esta sala en solitario te conecta de una forma especial con todo lo que Blecua representa. Las barricas se ubican a una sola altura, lo que facilita el trabajo del enólogo (José Ferrer desde 2010 y Pedro Aibar antes que él) y, de alguna forma, produce una mayor sensación de espacio, de exclusividad. Todas son barricas bordelesas, nuevas, y en su mayoría de roble francés y de grano fino. Todas están selladas por tonelerías de prestigio, y algunas pertenecen a las gamas más altas, con abundancia de tostados medios, medios altos y algunas de tostados más ligeros. Deambulando entre ellas reconocemos los sellos de Canton y de Seguin Moreau para las de roble americano, mientras que para el roble francés se recurre a Cadus, Adour, Dargaud & Jaegle y François Frères.

Bodega Blecua. Sala de barricas desde el mirador de la primera planta.
Sala de barricas de la bodega Blecua desde el mirador acristalado ubicado a nivel de calle.

Pero aunque en esta sala se respira historia y tradición, Blecua no está exenta de detalles de innovación, como las barricas Elégance de Seguin Moreau, cuyas duelas se elaboran con madera que previamente ha sido analizada y clasificada para asegurar que su porosidad es idéntica en toda la barrica.
De la sala de crianza pasamos a la biblioteca gastronómica, un centro de documentación que contiene más de 1.200 referencias. Y, antes de salir, echaremos un último vistazo a la formidable sala de barricas desde un mirador acristalado que se encuentra en la planta superior, al nivel de la calle.

Cata de Blecua 2013

Pero la mejor manera de acabar la visita a una bodega es probar lo que en ella se hace. Ya habíamos degustado Blecua 2008 en formato mágnum, hace unos pocos meses, y lo contamos precisamente aquí. Pero en esta ocasión cataremos la añada 2013, recién puesta a la venta, en el formato estándar.

Bodega Blecua. Cata de Blecua 2013.
Cata de Blecua 2013.

Su nariz es discreta, tarda en expresarse, aunque es también muy limpia, con claro predominio de la fruta sobre la madera. La boca es agradable, con taninos muy suaves, una carga de fruta muy intensa, fruta negra madura que se manifiesta en un trago largo, de final especiado. Entendemos, no obstante, que es un vino que no ha llegado aún a expresar todo su potencial, y que es probable que unos cuantos meses de botella le permitan mostrarse más exuberante. Dejamos Blecua con la sensación de haber conocido, más que una bodega, un templo del vino, uno de esos lugares en los que todo ha sido planeado meticulosamente para extraer el alma de las mejores uvas.