A Torna Dos Pasas 2015

A Torna Dos Pasas 2015 cuenta a cada trago cómo Luis Anxo Rodríguez ha ido devolviendo la tipicidad a las poco más de cinco hectáreas de viñedo que trabaja en la orensana Anoya, a los pies del Miño. Cuenta a cada trago cómo los terrenos arenosos silíceos se expresan a través de las uvas Brancellao, Caíño Longo, Ferrón o Ferrol y Caíño Redondo que forman el coupage de este vino; un vino elaborado con variedades que él mismo ha plantado en detrimento de la Garnacha Tintorera y el Palomino empleados antiguamente para hacer graneles en la zona.
De color cereza, su nariz es discreta pero limpia, con predominio de la fruta roja, notas herbales como de geranio y aromas a café. En boca es ácido, fresco, balsámico y frutal, con taninos pulidos y un trago más bien largo.
La homogeneidad, el equilibrio, esa sensación de «vino bien hecho» es su mayor virtud, sensación a la que contribuyen una crianza de unos seis meses en barricas usadas de roble francés y un largo reposo en la botella antes de salir de la bodega, una bodega construida por el abuelo de Luis Anxo que hoy es toda una muestra de que un Ribeiro puede ser algo más que un blanco ligero para chatear en la barra de un bar.
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A Torna Dos Pasas 2015 tell us how Luis Anxo Rodríguez has restored the typicality to his five hectares vineyard in Galicia. It tell us how the siliceous sandy soils are expressed through the Brancellao, Caíño Longo, Ferrol and Caíño Redondo grapes of the blend of this wine; a wine made from varieties that he himself has planted removing Alicante Bouschet and Palomino formerly used to make bulk wine in the area.
Cherry colored, its nose is discreet but clean, with leading of red fruit, herbal notes such as geranium and coffee aromas. The palate is acidic, fresh, balsamic and fruity, with soft tannins and a rather long sip.
The balance, that sensation of «well-made wine» is its greatest virtue, partly because of an about six months ageing in used French oak barrels and a long rest in the bottle before leaving the cellar, a winery built by Luis Anxo’s grandfather that today proves that Ribeiro can be more than a light white wine to drink by the glass.